01 de marzo de 2018
01.03.2018

¿Dónde dejo a los niños?

Recurrir a los abuelos o a algún conocido, pedir el día libre o llevarse a los pequeños al trabajo son algunas de las soluciones de emergencia ante la suspensión de las clases

01.03.2018 | 03:16
¿Dónde dejo a los niños?

El colegio y las actividades extraescolares facilitan a muchas familias la conciliación del trabajo con la vida familiar. Sin embargo, de un día para otro el clima puede obligar a buscar una alternativa urgente. Así sucedió con el paso de la borrasca Emma, cuando el Gobierno de Canarias comunicó oficialmente la noche del martes que se cancelaban las clases de ayer ante la alerta máxima por vientos. Recurrir a los abuelos, a algún conocido, pedir el día libre o llevarse a los niños a la oficina son algunas de las opciones.

Mercedes Gros. El hijo de Mercedes Gros tiene 13 años y sufre Trastorno del Espectro Autista. Ante el suspenso de las clases, el pequeño la acompañó a hacer los recados previstos. A las 8.00 de la mañana, Gros tenía que llevar a su madre a hacerse una analítica. "En el centro médico mi hijo empezó a ponerse nervioso y tuvimos que adelantarnos en la cola para salir antes", detalla. Tras dejar a su madre en casa, Mercedes tuvo que volver al centro médico, ya que tenía cita.

Gros vive en El Sauzal. Trabaja en una empresa de transporte pero su labor le permite hacerlo desde casa. Sin embargo, la cancelación de la actividad académica provocó que tuviese que posponer lo previsto para la jornada de ayer. Esto le lleva a terminar sus tareas más tarde. A pesar de ello, subraya que "es cierto que nos rompe la programación laboral, pero mejor aumentar la precaución que lamentarse luego".

Roberto Martínez. Roberto Martínez es piloto de Salvamento Marítimo y tiene dos hijos, uno de 3 años y otro de 6. Ni él ni su pareja tienen familiares directos en Tenerife, pero por suerte la cancelación de las clases coincidió con su día libre. "Cuando mi mujer y yo trabajamos tenemos que recurrir a alguna persona conocida o a una ludoteca", comenta Martínez.

Sus horarios varían entre los turnos de noche y los de día, con jornadas que van entre las 9.30 y las 21.30 horas. Comenta además que en su profesión es difícil pedirse un día libre en estos casos porque no se puede quedar un turno desierto. "Mis compañeros también tienen su organización, sus hijos y su trabajo, por lo que no me gusta pedirles ese favor", aclara. Asimismo, valora que no poder acudir al trabajo en este tipo de casos puede suponer una acumulación de trabajo por factores que "no se pueden controlar".

En lo que respecta a los bulos, Martínez incide en que hasta que la prensa no se hace eco de las decisiones del Gobierno autonómico sobre la suspensión de la actividad escolar no cree en los rumores que circulan por las redes.

María Jesus. María Jesús y su hijo de 7 años conforman una familia monoparental. "No tengo parientes aquí, por lo que cuando pasan estas cosas no tengo con quien dejarlo", explica. Ella es periodista y "gracias a las nuevas tecnologías" puede trabajar desde casa, por lo que considera que se encuentra en una "situación de privilegiada" por formar parte de un sector que "reconoce los derechos de la mujer".

Si bien es cierto que, a pesar de poder quedarse con el niño en casa, no puede prestarle toda la atención que querría: "Lo dejo con algún videojuego y entro en un conflicto moral porque realmente, en estas circunstancias, lo está educando la tablet".

Cuando por motivos de trabajo no puede llevar a su hijo a la oficina, puede acudir a alguna amiga. "Gracias a dios hoy existe la sororidad, pero siempre pienso: ¿A quién voy a molestar esta vez?".

Natalia Salvador. Natalia Salvador vive en Radazul y tiene dos hijos, uno de 11 y otro de 13. "Estoy de acuerdo con que se suspendan las clases cuando la cosa está mal, pero últimamente se cancelan cada cuatro gotas", asevera. Ante el anuncio del Gobierno de Canarias, Salvador asegura que tiene suerte porque le ofrecen flexibilidad en su trabajo. Sin embargo, considera que "no es factible pedir un día libre cada vez que se tomen estas decisiones".

Salvador forma parte del departamento vomercial de una empresa de riesgos laborales, y tuvo que pedir el día libre. "No tengo padres, mi hermana trabaja y también tiene hijos, y mi pareja trabaja en Fred Olsen y ahora está embarcado", describe.

La interrupción de las labores administrativas que debía realizar sobre presupuestos o contratos no le suponen un gran problema. Sin embargo, las visitas y reuniones que tenía programadas se le cancelan, sin saber hasta cuando se pospondrán.

Anabel Cedrés. Ante los decretos de alerta, los bulos sobre la interrupción de la actividad académica comienzan a circular de manera casi inmediata. Ana Cedrés vive en Añaza y es madre de dos niños de ocho años. "En torno a las 19.00 horas empezaron a rondar los rumores por el chat del colegio", relata. Fue sobre las 20.30 cuando el centro envió una circular a todos los padres y madres a través de la aplicación móvil Convoco para informar de que al día siguiente no habría clase.

"En estos casos recurro a los abuelos", indica. Los padres de Cedrés viven en Candelaria. Sin embargo, ayer su madre tenía que pasar el día en Santa Cruz, por lo que finalmente optó por dejar a sus hijos en Candelaria, con su padre. "Es complicado porque él tiene 78 años, y los niños dan trabajo. Hay que darles la comida y quieren jugar todo el rato", insiste.

Ella trabaja de 8.00 a 16.00 en una empresa de la construcción. "Soy yo la que suele pedir permiso en el trabajo en este tipo de situaciones. Mi marido también trabaja en la construcción, mi sueldo es inferior y me es más fácil acceder a este tipo de permisos", confiesa Anabel.

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