01 de febrero de 2015
01.02.2015

Tenerife, un refugio para los venezolanos

La inmigración desde la ´Octava Isla´ repunta en los últimos años por la grave recesión económica y la inseguridad que sufre el país chavista

03.02.2015 | 02:16
El desabastecimiento de productos básicos ha llegado a tal extremo que se forman colas y trifulcas para adquirir alimentos.

Ni la crisis ni el paro que padece Canarias detienen el éxodo

En un lado, el miedo por la inseguridad y la crisis. En el otro, las altas tasas de desempleo. Casi siempre el mismo resultado: la seguridad le gana la partida al dinero. Tenerife se consolida como el gran refugio de los venezolanos, especialmente de los que tienen ascendencia canaria, en el exterior ante la carestía de productos, la recesión por la caída del precio del petróleo y la inseguridad que sufre el país chavista.

Ni las escasas opciones de hallar trabajo en Canarias han detenido el éxodo de venezolanos hacia la Isla. La problemática situación de la República Bolivariana se está agravando y está fomentando el retorno a España de hijos y nietos de aquellos que emigraron, especialmente en el siglo pasado, a la Octava Isla, o incluso de venezolanos que no tienen orígenes canarios pero sí relaciones con emigrantes isleños, una de las mayores comunidades de extranjeros en el país sudamericano.

Las cifras oficiales hablan de 47.000 venezolanos en Canarias, el 72% en Tenerife. Sin embargo, los datos que manejan los expertos duplican estos números. El profesor de Historia de América de la Universidad de La Laguna, Manuel Hernández, explica que a las encuestas de venezolanos censados y/o empadronados hay que sumarle aquellos que tienen la doble nacionalidad. "Sin duda, el número supera los 100.000 entre canarios, sus descendientes y venezolanos sin raíces isleñas, sin tener incluso en cuenta los que carecen de permiso de residencia", aclara el especialista.

La histórica emigración canaria a Venezuela ha marcado una relación de ida y vuelta que "hoy está más vigente que nunca". "La carestía de la vida, las crecientes dificultades de todo orden para mantener una existencia digna y, sin duda, la inseguridad por el riesgo de ser asaltado, secuestrado o asesinado son los principales factores que inciden en su decisión de dejar el país en el que nacieron o que les dio cobijo", detalla el profesor de la ULL.

Y vienen o regresan a pesar de las dificultades que encuentran para instalarse en la Isla. "Al paro hay que sumarle los problemas para establecerse que tienen aquellos que no poseen alguna nacionalidad europea", apunta Hernández. Todo un periplo que incluye dejar sus bienes o empresas en Venezuela por un dinero ridículo dado el control de cambios reinantes y la elevada cotización del llamado dólar paralelo.

Y aún así, muchos venezolanos deciden emigrar a Tenerife, que tiene la mayor comunidad de venezolanos de España, incluso por encima de Madrid y Barcelona. "Canarias es para ellos una tierra con la que les unen más vínculos por compartir una idiosincracia común y un medio relativamente parecido", aclara el experto. Ello explicaría que la Isla sea la segunda zona del mundo con más venezolanos registrados, solo detrás de Miami.

Y es que los contactos entre Canarias y Venezuela comienzan desde la misma conquista española. "Apellidos comunes como Azulaje detallan su origen canario", destaca el profesor universitario. Posteriormente, con la creación de la República en 1830, se promovió la migración de familias isleñas para la agricultura y tras la Segunda Guerra Mundial irrumpe la emigración clandestina en barcos de pesca.

Pero fue desde el año del caracazo, en 1989, cuando el número de canarios retornados y venezolanos emigrantes ha mantenido un ritmo continuo agravándose en mayor medida cuando las circunstancias del País del Orinoco se han hecho más críticas. "Durante el período de expansión económica al que se asistió en las Islas fueron muchos los canarios y sus descendientes, pero no solo ellos sino muchos venezolanos sin raíces canarias, los que se asentaron en Canarias, atraídos por las posibilidades de trabajo que ofrecían las Islas y por la creciente inseguridad venezolana", destaca Hernández. Un eterna relación de ida y vuelta que parece no tener fin.

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