21 de diciembre de 2014
21.12.2014
Tacoronte

Un viaje a la botica de nuestros abuelos

La farmacia La Estación de Tacoronte expone los objetos del oficio del siglo pasado

21.12.2014 | 02:30
La farmacia de los 106 años.

Enormes recetarios de remedios de los años 30, extraños artilugios para fabricar artesanalmente las píldoras y frascos y ungüentos tan curiosos como echados al olvido. Viajar a la botica de los abuelos es posible en Tacoronte. Se trata de una exposición del legado que el actual titular de la centenaria farmacia La Estación recibió de sus abuelos.

Aún existía el tranvía que unía Santa Cruz con Tacoronte, apenas habían establecimientos y en las calles concurría mucha más gente que coches. Era principios del siglo XX y en el centro del municipio de Tacoronte abría sus puertas la primera botica del pueblo. Sus estanterías estaban repletas de frascos de diferentes tamaños, los medicamentos se hacían al baño María y las cuentas se arreglaban con intercambios de productos de la huerta o fiados.

Más de 100 años han pasado desde que los primeros propietarios de la farmacia La Estación empezaran a recetar y aconsejar a los tacoronteros. Todo un siglo en el que el establecimiento ha sido testigo de los cambios y avances que ha experimentado la profesión pero también el municipio y sus gentes. Una herencia que Fernando Domínguez –el actual titular de la farmacia– no quería dejar de lado. "Me planteé que había llegado el momento de hacer un relevo generacional pero antes de mirar hacia delante debía darle las gracias a todos los que estuvieron antes que yo", explica el propietario.

Fue así como nació la exposición La Estación 1906, más de 100 años de farmacia en Tacoronte. Se trata de una muestra que acerca al visitante a la realidad del oficio en otras épocas a través de las máquinas de escribir, los pildoreros o los microscopios de los abuelos y los padres de Domínguez. "Mi padre, que siempre ha sido de la escuela de no tirar nada, guardaba con recelo todos estos objetos y me di cuenta que tenía escondido en el trastero un material que podría ser del interés del pueblo", asegura Domínguez a la puertas de su exposición.

Un verdadero museo

El objetivo de este auténtico museo farmacéutico no es otro que agradecer a todas las personas que desde La Estación han contribuido al bienestar de Tacoronte, así como despertar la curiosidad y, quizás la nostalgia, de todo un pueblo. Y es que las farmacias siempre han sido establecimientos peculiares, enraizados con la historia social de sus vecinos. "La gente venía a que le dieran consejos sobre su salud y eso acerca y une mucho", asegura el profesional.

Es así como surgen personajes como el de Paquita, una auxiliar que prestó servicio más de 50 años en la farmacia y a la que los tacoronteros recuerdan por su gran vocación. "Esta señora falleció hace apenas unos meses, por lo que también me parecía un buen momento para darle su reconocimiento a través de esta iniciativa", añade Domínguez.

La muestra

La visita por esta botica de los abuelos está localizada en el Espacio Multicultural de la Plaza de la Estación de Tacoronte y permanecerá abierta hasta la víspera de Reyes. A través del recorrido, los visitantes pueden evocar épocas pasadas, en las que las cajas de pastillas eran ungüentos en botes y los ordenadores máquinas registradoras con timbre. "Además, hemos pensado que los objetos se pueden poner a la venta y los beneficios irán destinados a La Fundación Canaria Familia Quesada Sánchez con la que venimos participando desde hace años", explica el farmacéutico.

La muestra de La Estación comienza con una buena tonga de libros y recetarios que van desde los años 20 hasta los 60. Todo un tesoro para los amantes de la física, la química y los laboratorios. "Muchos tienen las firmas de mis abuelos, ya que son los textos que ellos estudiaban", aclara el titular mientras observa con nostalgia uno de estos "libros de Petete", como el mismo los llama. Un poco más allá, empieza el recorrido fotográfico, con una instantánea de los abuelos de Domínguez y otra de Paquita. "Mucha gente no había visto estas fotos y la verdad es que a algunos se le saltan las lágrimas recordándolos", asegura el profesional.

La exposición se transforma entonces en una auténtica botica del siglo pasado con mesas, escritorios, máquinas de escribir y hasta registradoras centenarias. En un expositor se pueden ver los pesarios, utilizados para las operaciones de medición desde los años 30. "Los pesarios se emplearon hasta bien entrados los 90, década en la que llegaron las pesas electrónicas", aclara Domínguez. Y es que este farmacéutico recuerda como algo no muy lejano colocar diferentes pesarios en la balanza para hacer equilibrio. "Parece algo antiguo pero lo estuvimos usando hasta hace poco", añade el propietario de La Estación.

Junto a los pesarios hay también diferentes tipos de microscopios, ya que durante mucho tiempo las farmacias hacían de laboratorios. "Para abrir una botica era necesario tener este tipo de instrumentos, porque aquí se elaboraban todas las fórmulas mágicas, remedios y medicamentos", desvela Domínguez. Y es que las farmacias han sido testigos del paso de lo artesanal a lo industrial. "Antes de la llegada de las grandes industrias farmacéuticas y de las marcas que todos conocemos hoy en día, todo se hacía de forma manual aquí, en el mismo establecimiento", reconoce.

Ampollas, colirio...

La visita continúa entre utensilios de todo tipo: ampollas para el colirio, jeringuillas de vidrio o centrifugadoras. "La gente se queda sorprendida cuando ve, por ejemplo, la antigua Soda Domenech que se utilizaba para los refrescos, las pildoreras para hacer los medicamentos, casi como hoy en día hacemos los espaguetis, o los baños María y los mecheros de pico", detalla Domínguez. Casi todos estos objetos y utensilios están a la venta, aunque algunos, por su valor personal, se quedarán bajo el legado de Domínguez. "La prensa de hierro era necesaria para abrir una botica, así que puedo decir que gracias a esta que mostramos se puedo inaugurar la farmacia La Estación por lo que me gustaría conservarla", explica el titular de este establecimiento carismático. Y es que a la mayoría de las antigüedades les han salido compradores. "Mucha gente, por recuerdo, por afición o por lo que sea, se ha animado a adquirir alguno de los objetos", añade el farmacéutico.

Porque la exposición, que lleva apenas dos semanas abiertas, está siendo todo un éxito. "La verdad es que no me esperaba que viniera tanta gente. En la inauguración había más de 100 personas", recuerda sorprendido Domínguez. La gran mayoría son vecinos de la zona que han descubierto en este pequeño espacio un lugar para la nostalgia y la unión del pueblo. Los jóvenes se sorprenden, y los más mas mayores, disfrutan recordando su juventud. "Esta siendo muy emotivo. La gente evoca anécdotas e incluso intenta adivinar quiénes aparecen en las fotos o qué sitios son los que estaban en esas localizaciones", añade Domínguez.

Conectar con el pueblo

Este ha sido uno de los grandes triunfos de la muestra: poder conectar con el pueblo. La visita conecta con la memoria colectiva de Tacoronte. Un éxito que no hubiera sido posible sin la mano de Carlos Martín, asesor de Fernando Domínguez. Martín explica que lleva trabajando más de un año con el titular de la botica. "Me dedico a trabajar la marca personal de la farmacia y esta exposición me pareció una magnífica propuesta", asegura el profesional. Porque fue precisamente Martín el que le hizo ver a su cliente la calidad de lo que tenía escondido en el trastero. "Habían muchísimas cosas ocultas que merecían ser enseñadas", añade Martín.
El asesor fue también quien tuvo la idea para cerrar la exposición: un apartado dedicado al futuro. "Quería que todo el pasado se conectara con el presente y con lo que está por venir", aclara Martín. Y es que ha sido este pasado el que le ha dado los valores a lo que hoy es La Estación.

La amabilidad, el buen hacer, el respeto y el cariño de los abuelos de Domínguez siguen hoy latentes en sus empleados. Unos profesionales que quieren que su botica siga siendo un referente en el pueblo, una casa de todos. Un sitio donde acudir a por medicamentos pero también a por un consejo o unas palabras de ánimo. Y, por supuesto, cumplir; un sitio que quiere cumplir, por lo menos, 100 años más.

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