20 de abril de 2014
20.04.2014
Santa Cruz

Brazadas hacia la libertad

El tinerfeño Jonathan García se redime de una condena de tres años estudiando, nadando entre islas y contando su historia a los escolares

20.04.2014 | 02:20
Los abuelos de Jonathan lo reciben al salir del Centro de Inserción.

Cada día que pasa en prisión, Jonathan García anhela más libertad. Por eso, cuando cada mañana sale del santacrucero Centro de Inserción Social Mercedes Pinto, donde estaba la antigua prisión de Santa Cruz, se dirige, sin descanso, al pequeño puerto de Añaza para entrenar para su próximo gran reto. "Soy un interno pero, ante todo, soy deportista", explica el joven de 26 años que se prepara para, el próximo 29 de mayo, salir del puerto de Agaete, en Gran Canaria, a las doce del mediodía y nadar sin descanso hasta el tinerfeño municipio de Candelaria. Más de 30 horas, unos 100 kilómetros, entre 70 y 80 millas náuticas, son las que tendrá que permanecer García en el Atlántico. Y todo para cumplir la promesa que hace años le hizo a su familia: unir a nado las siete Islas.

La historia de Jonathan García comienza en 2005 cuando es acusado de un delito de lesiones tras una fuerte pelea con su hermano. Ese hecho, del que se siente profundamente arrepentido, le ha obligado a cumplir una pena de cárcel de tres años y seis meses. Y esa necesidad de redención le llevado a dar un vuelco a su vida.

Cuando la sentencia se hizo firme, al poco tiempo de la disputa, ambos chicos se arrepintieron de lo que habían hecho y el hermano de Jonathan trató de que la condena se redujera retirando la orden de alejamiento que había interpuesto. Pero era tarde. A pesar de ello, fueron varios los años que pasó el nadador en libertad antes de que entrar en prisión.

En junio de 2012, el joven realizó la travesía a nado entre San Sebastián de La Gomera y Los Cristianos, que le llevó un tiempo de 11 horas y 10 minutos. Un mes más tarde recorrió la distancia entre Tarifa y Tánger, una travesía muchos más corta, de solo dos horas y 17 minutos; y en agosto nadó entre las islas de Lanzarote y Fuerteventura, tardando tres horas y media. Esta última hazaña la realizó de noche, convirtiéndose, de esta manera, en la primera persona que lo lograba.

Esta travesía nocturna la realizó solo dos semanas antes de entrar en prisión, cuando su familia aún no conocía la noticia. Con esta hazaña quiso dar forma a "una bonita despedida, algo que fuera a lo grande" y con los suyos, que siempre lo han estado apoyando. Así, el 15 de septiembre de 2012 ingresó en la prisión Tenerife II y allí pasó 18 meses, que aprovechó para formarse antes de llegar al CIS Mercedes Pinto. Estudió un módulo de Formación Profesional de Auxiliar Deportivo y se hizo con el título de Auxiliar Veterinario.

Cuando consiguió su primer permiso para pasar un tiempo fuera de la cárcel, no se lo pensó dos veces y se enfrentó a un nuevo reto. En esa ocasión apostó por una travesía a nado mucho más corta de las que tenía acostumbradas a su familia. De este modo, decidió unir el Auditorio Adán Martín de Santa Cruz con Candelaria. Pocas horas después de completar la distancia, tuvo que volver a entrar de nuevo en prisión. Fue el 29 de septiembre de 2013 y Jonathan García llevaba un año sin entrenarse.

A lo largo de todo el tiempo que estuvo en Tenerife II no perdió el tiempo y escribió, además, un libro completamente a mano. La libertad de elegir es un relato en el que el nadador plasma parte de su increíble historia. Pero también incluye consejos para que los jóvenes tomen las decisiones acertadas y, sobre todo, para que jamás abandonen sus sueños. Y es que el joven también aprovecha las horas que pasa fuera del centro para acudir a colegios e institutos tinerfeños y narrar su historia a todos los oídos que quieran escucharlo. Y es que Jonathan García trata de sacar el máximo partido a todas las cosas malas que le han ocurrido en su vida.

Actualmente, el deportista no para. De lunes a jueves sale del CIS Mercedes Pinto a las 12:30 horas y vuelve a las 21:30 horas. Durante ese tiempo aprovecha para entrenarse. Los viernes sale a las 09:30 horas y no vuelve al centro hasta el lunes por la mañana. Esas jornadas de libertad le saben a gloria porque las aprovecha para estar junto a su madre, que vive en Tacoronte y está enferma.

A Jonathan García nunca le había llamado mucho la atención la natación cuando era niño. "¿A quién le puede gustar estar horas en alta mar pasando frío?", se pregunta mientras se prepara para lanzarse al mar en Añaza. Y es que, aunque el joven siempre ha sido un chico sano, que se mantiene en forma y no bebe ni fuma, antes de 2012 nunca se había preparado físicamente para los retos a los que se está teniendo que enfrentar.

A pesar de ello, cuando se le pregunta a su abuela Natividad González sobre la dedicación del joven al mar, ella asegura que todo encuentra su explicación con las excursiones que la mujer organizaba hace unos años. Cuando sus nietos eran pequeños, ella se iba con todos ellos al Puertito de Güímar y allí acampaban durante unos días. Durante esas estancias, Natividad explica que Jonathan siempre se tiraba al agua por la noche para pescar algo que después pudieran comer.

Sea cual fuese el motivo que lo impulsó a elegir la natación como forma de redención por los males que había causado, lo cierto es que, desde que protagonizó la pelea con su hermano, García sabía que tenía que hacer algo para compensar el sufrimiento de su familia. Por eso solo un mes antes de marcar la fecha para la primera de sus travesías, de La Gomera a Tenerife, comenzó a entrenarse a contrarreloj una media de diez horas diarias.

Con todos los retos que ha realizado y con todos los que le quedan por delante, García espera poder compensar cada una de las lágrimas que han derramado su madre y su abuela por él desde que su increíble historia comenzó en 2005.

Son muchas cosas las que pasan por la cabeza del joven mientras se encuentra en alta mar. Aunque estando en mitad del Océano Atlántico ha pensado en abandonar en más de una ocasión, nunca lo ha hecho porque "todo esto vale la pena", explica el joven.

Para alejar los pensamientos negativos y el sufrimiento que le supone pasar tantas horas dentro del agua, García suele cantar durante las largas travesías. Asegura que es un romántico y por eso, mientras nada, suele tararear canciones del cantante puertorriquense Luis Fonsi. Además, cuando entrena nunca se olvida de sus auriculares, con los que escucha música para que las largas horas pasen más rápido.
Natividad González y Juan Esteban Hernández son los abuelos paternos de Jonathan y uno de sus mayores apoyos durante estos días de idas y venidas en los que lo más importante es entrenarse para el gran acontecimiento del próximo mes. Así, la abuela dice estar ya cansada del ajetreo de las últimas semanas. "Me duelen todos los huesos pero estoy muy orgullosa de él porque todo lo que se ha propuesto lo ha conseguido", explica.

Son los abuelos de Jonathan los que lo acompañan a todos sus entrenamientos y a las charlas que el joven da en los centros de la Isla, en las que muchos jóvenes se quedan asombrados por la impresionante historia que relata García. El mensaje que Jonathan quiere trasmitir es claro: "Cuando alguien se marca un objetivo, tiene que seguir su camino y nunca dejar un proyecto a medias". Y es que lo que el joven quiere es que la gente luche por sus sueños y que, sobre todo, estudien lo que más les gusta.

A pesar del optimismo y valor de su nieto, Natividad González no puede evitar estar preocupada por el objetivo que se ha propuesto el joven para el próximo 29 de mayo, ya que ésta es la mayor travesía que va a realizar de todas. Pero, ante todo, Natividad González es una abuela ejemplar. Fue ella la que acompañó a Jonathan el día en el que entró en prisión. Aquel día en el que acompañó a su nieto a la cárcel se prometió a sí misma que sería ella también la que lo iría a recoger cuando le dieran su primer permiso. Y cumplió su promesa.

Aún hoy recuerda el momento en el que, por primera vez, visitó a su nieto en la prisión Tenerife II. "Se le veía triste pero nosotros tratamos de poner una sonrisa para que se animara", explica con lágrimas en los ojos.

De este modo, la imagen de su abuela se ha convertido en algo muy importante para Jonathan, que siempre le pide que lo acompañe en sus hazañas a través de las olas. Los años de la anciana no se notan cuando se monta en el velero que acompaña al nadador durante la travesía, ya que ella grita y anima desde primera fila como la seguidora más fiel del joven.

A lo largo de estos años, Jonathan no ha recibido ningún tipo de ayuda para alcanzar su objetivo de nadar alrededor del Archipiélago. De hecho, cuando unió San Sebastián de La Gomera y Tenerife le fue abierto un expediente porque él no era un deportista profesional y no contaba con los permisos necesarios para poder realizar esta travesía, en la que, además, no fue acompañado de ningún médico. García reconoce que no preparó mucho este primer reto en lo que a organización se refiere pero "tampoco lo hice a lo loco", explica.

Durante todas las travesías que ha realizado en los últimos años, ha contado con diversos inconvenientes debido, sobre todo, a la falta de recursos económicos. De este modo, se enfrenta a estos retos provisto de un traje de neopreno agujereado por el gran uso al que lo somete a diario con sus entrenamientos, ya que es el único que tiene. Además, cuenta con un gorro y unas gafas bastante sencillos que no lo protegen correctamente de todas las inclemencias a las que se ve sometido. Para proteger sus manos del frío no tiene otra cosa que unos simples mitones. Además, para que el agua no entre por brazos y piernas tiene que recurrir a la cinta adhesiva, que enrolla alrededor de sus extremidades rezando para que se cuele la menor cantidad posible del líquido elemento.

Ante los grandes retos que se ha propuesto, García siempre se ha encontrado con una inmensa falta de apoyo de las empresas e instituciones canarias. "No apoyamos lo nuestro", se queja el joven a pesar de que, en su caso, asegure que está dejando "el listón muy alto".

Decenas de medusas pueden dañarle el rostro y el cuello y el frío podrá ser tan intenso que entumecerá sus miembros pero, por encima de todo, permanecerá el valor y la cabezonería de Jonathan García atravesando el mar que baña las Islas. "Soy una personas enfermizamente positiva", asegura el joven encogiéndose de hombros justo antes de lanzarse al mar para cumplir, con cada brazada que da, una promesa más que está haciendo historia.

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