22 de diciembre de 2013
22.12.2013
La Laguna

Tallas, joyas y ropas, tesoros de la Catedral

Un libro recoge la historia del antiguo templo, desde sus inicios hasta su derrumbe

22.12.2013 | 02:06

Los tesoros mejor guardados de la Catedral de La Laguna, esos que llevan sin ser admirados desde hace más de hace 11 años –tiempo que lleva cerrada al culto–, pueden ser observados de nuevo, aunque solo a través de un libro.

Patrimonio e historia de la antigua Catedral de La Laguna es la obra que recoge el trabajo de investigación de una veintena de historiadores y que fue presentado el pasado jueves.

Tallas, trajes, ornamentos, orfebrería, cuadros... todo el patrimonio que ha ido adquiriendo la Diócesis Nivariense desde los inicios de la parroquia de Los Remedios, en el siglo XVI, hasta 1905, cuando se derribó el edificio antiguo, ha sido estudiado por los expertos.
Juan Alejandro Lorenzo Lima, coordinador de la obra, destaca que "los objetivos de este trabajo son revalorizar el patrimonio que no ha podido verse desde que se cerró el templo y poner al día el conocimiento de la Catedral". En su opinión, se trata de "una iniciativa necesaria en una ciudad que es Patrimonio de la Humanidad".

Este libro ha sido promovido por la Diócesis Nivariense, a través del Cabildo Catedral y la Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural; y subvencionado por el Gobierno regional, el Cabildo, el Ayuntamiento de La Laguna y la Fundación Cajacanarias. Lorenzo Lima recalca que "ha sido todo un logro que se haya editado en estos momentos", pero remarca que "este es el único testimonio de la conmemoración del centenario de la Catedral que va a perdurar en el tiempo".

La obra se divide en cuatro apartados diferenciados, según las diferentes épocas que vivió el edificio antiguo: La herencia parroquial (con todos los bienes que se adquirieron entre los siglos XVI y XVII en la iglesia de Los Remedios), El anhelo de la Ilustración (durante el siglo XVIII, época en la que se recupera la idea de tener un obispo para las islas occidentales), La Diócesis Nivariense (entre 1819, año en el que se funda, y 1848, cuando el obispo Folguera marcha a Granada) y Sede vacante y restablecimiento de la Diócesis (hasta 1905, cuando se decide derruir el edificio antiguo).

Juan Alejandro Lorenzo Lima destaca que "el último periodo estudiado fue un momento de ocaso dentro de la Diócesis". Es la época en la que el obispo Folguera se marcha de La Laguna y no se nombra ningún sustituto hasta 1877. "La Diócesis estuvo a punto de suspenderse", mantiene.

Además, en estos momentos la Catedral entró en un periodo de crisis económica, por lo que apenas se compra patrimonio y lo que se adquiere no es de elevado valor; a lo que se añadieron los diferentes daños causados en la estructura, principalmente a causa del daño que la cúpula había hecho en las columnas.

Con los escasos recursos económicos, señala Lorenzo Lima, no se pudo reconstruir el templo y solo se ponían parches. Aunque también fue una época de cambios, porque se adecuó el entorno del templo y se creó la plaza.

Pero si algo se muestra en Patrimonio e historia de la antigua Catedral de La Laguna, son las piezas que la Diócesis adquirió durante ese tiempo, tanto con compras como a través de donaciones. Para poder apreciar estas reliquias, el coordinador destaca el uso de las imágenes, que "no son solo un elemento visual, sino que tienen un componente documental" y sirven para que "en 30 años, la gente pueda ver cómo estaban las cosas hoy".

Una de las principales piezas es la talla de la Virgen de Los Remedios, que da nombre a la parroquia primigenia y ha presidido el templo durante cinco siglos (tres como parroquia y dos como catedral). La imagen fue traída desde Sevilla. En este caso, no solo se estudia la estructura de la imagen, sino sus fiestas, joyas, ropas, cultos, devociones y reproducciones que han estado relacionadas con ella durante todo este tiempo.

Así, en el libro se relata que la talla, en sus orígenes, es probable que no fuera como se conoce hoy. "En 1548, fue descrita como de bulto, que estaba vestida de ropas", lo que supone, según señala Carlos Rodríguez Morales, autor del texto, "la posibilidad de que fuera en origen distinto, quizás de talla completa". Además, remarca la hipótesis de otro autor, Amador Marrero, de que "el actual candelero se realizase en torno a 1700".

El autor recalca que "de la escultura del siglo XVI subsiste únicamente la cabeza mariana, que también ha sufrido intervenciones, al menos, en su policromía".

Esta estatua es una de las que más patrimonio atesoró, llegando a poseer unas 12.000 perlas.

Muchas de estas joyas, tanto de las que posee la Virgen de Los Remedios como otros santos venerados, eran resultado de donaciones de devotos. Los donativos de los fieles en forma de vestuario y alhajas "se registraron con cierta frecuencia hasta el siglo XIX".
Otra de las piezas más importantes durante el primer periodo estudiado en el libro es el retablo de la Virgen, patrocinado por el mercader Pedro Afonso Mazuelos. La obra fue encargada a Flandes y se entregó en 1615. Fue el primer retablo que presidió la iglesia. Las pinturas ilustran momentos de la vida de Cristo y la Virgen, algunas de las que se conservan en la Iglesia de La Concepción, a la que se vendió en 1905, cuando se destruye la antigua Catedral.

La creación de las tablas, que representan los misterios de la vida de la Virgen, se le atribuyen, según explica Lorenzo Lima, al pintor holandés Hendrick van Balen. En el siglo XVIII, "el clero parroquial decidió actualizar la estética del plesbiterio de Los Remedios", por lo que se encargó un nuevo retablo, que se elaboró entre 1709 y 1715.

El púlpito es una de las obras más relevantes del periodo de la Ilustración. Elaborado por el escultor Pasquale Bocciardo en Génova, se colocó en Los Remedios a principios de 1768 y fue donado por el comerciante Andrés José Jayme.

La adquisición del Cristo Crucificado, obra del artista Fernando Estévez en 1825, también es un tema que se trata en la obra y que guarda una cierta complejidad. Al contrario que con otras tallas, la creación de este fue más compleja. "El encargo de esta imagen fue una consecuencia más de la conversión de la parroquia de Los Remedios en sede catedralicia y testimonia la necesidad que sus impulsores sintieron a la hora de infundir un ornato moderno a las Casas Capitulares", resalta Lorenzo Lima en la obra.

Los hermanos Bencomo fueron quienes más deseos tenían por contratar un Cristo, pero "la idea nunca fructiferó por la dejadez de los canónigos", se destaca. A pesar de ello, Cristóbal Bencomo había hecho gestiones con Juan de Astorga, considerado uno de los mejores escultores de Sevilla. Sin embargo, el alto precio que solicitaba por el trabajo fue una de las causas que motivaron que se abandonara el proyecto. Pero este fue retomado meses después por el deán Pedro José Bencomo, quien contrató los servicios de Fernando Estévez.
La obra fue tallada en La Orotava y "fue presentado en sesión capitular el 28 de noviembre de 1828 y colocado en las Casas Capitulares.

Lorenzo Lima recuerda que "esta fue una de las obras que se compraron para la nueva Catedral". "Era un nuevo Cristo para una nueva época", afirma.

Desde la creación de la Diócesis Nivariense, las donaciones de los fieles resurgieron y volvieron a ser un elemento imprescindible dentro de los bienes que adquirió el templo.

Uno de los principales benefactores de la Catedral fue Cristóbal Bencomo. El que fuera arzobispo de Heraclea fue bautizado en la antigua parroquia de Los Remedios, por lo que donó la mayor parte de su patrimonio. Su legado se envió desde Sevilla en 1832. Además de otras donaciones, el arzobispo dejó escrito en su testamento que "sus albaceas remitiesen a la Catedral de Tenerife las dos reliquias que poseía: un pedazo del manto de San Fernando y un hueso de Santiago el Menor", cuenta Jesús Perera en su artículo.

Con el periodo de crisis económica, apenas se compraron bienes y, además, las donaciones disminuyeron. Aún así, aunque menos numerosas, el coordinador destaca, durante el último periodo estudiado la adquisición de un órgano europeo y de la imagen de la Virgen de las Angustias.

El primero de ellos se encargó a un taller de Londres. Llegó a Tenerife en 1858 y se colocó en el centro del coro del viejo templo, "donde según los testimonios de la época, favorecía la buena expansión del sonido", resalta Rosario Álvarez en su texto.

En cuanto a la Virgen, se trata de una donación realizada por Enriqueta D´Escobet y Sansón, en 1888. Hasta ese momento, había sido camarera y mayordoma del Cabildo Eclesiástico, por lo que se decidió a entregarla. La idea que tenía la mujer era que la talla fuese realizada por un "escultor de fama internacional".

Pero no solo de bienes materiales se habla en el libro. Patrimonio e historia de la antigua Catedral de La Laguna guarda un apartado especial para quien fuera el primer obispo de Tenerife. Luis Folguera fue elegido en abril de 1824. "Su llegada a la Isla un año después supuso el afianzamiento de la Diócesis", asegura Manuel Jesús Hernández en la obra.

Tras su retirada en 1848 y su viaje a Granada, hubo un periodo de incertidumbre en la Diócesis y se llegó a temer por su continuidad, ya que no se incorporó un nuevo obispo hasta 1877. Este fue Ildefonso Infante y Macías.

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