14 de julio de 2013
14.07.2013
Santa Cruz

La libertad de José Carlos Schwartz

Santa Cruz honra al último alcalde republicano, asesinado por los franquistas en 1936

14.07.2013 | 01:52

"Expediente del prisionero José Carlos Schwartz. Ingresado en prisión el 18 de julio de 1936. A disposición del comandante militar de Canarias. Puesto en libertad el día 2 de octubre de 1936". Esa mañana de otoño, el último alcalde republicano de Santa Cruz de Tenerife no volvió en realidad a su casa. Lo que los militares que hacía tres meses habían dado el Golpe de Estado calificaron de "puesta en libertad" era un sarcasmo macabro. Ese día se cree que lo asesinaron y arrojaron su cadáver a una fosa cuya localización aún se desconoce 77 años después.

El Ayuntamiento de Santa Cruz ha traído al presente la memoria de José Carlos Schwartz, alcalde, maestro y abogado, fallecido a los 39 años, con la puesta en marca de un aula cultural con su nombre, que sirve de homenaje además a todas las víctimas de la represión franquista en Tenerife (en toda Canarias fueron entre 1.500 y 3.000). En los últimos meses se ha debatido mucho sobre nombres relevantes de la historia de Santa Cruz como el independentista Antonio Cubillo, el considerado padre del nacionalismo Secundino Delgado e incluso el militar Valeriano Weyler. Se discutió si era procedente poner a una plaza o una calle el nombre del líder independentista que justificó el terrorismo –el Ayuntamiento rechazó la propuesta de CC– o que una plaza tan céntrica homenajee al que fuera capitán general de Canarias, Weyler, que provocó la muerte de miles de personas al decretar en Cuba en 1896 la concentración de los campesinos en aldeas y ciudades vigiladas por guarniciones españolas para atajar cualquier atisbo de insurrección, y que fue precisamente el que llevó a la cárcel a Secundino Delgado. Sin embargo, poco se habla ya de las víctimas del franquismo.

Es el caso del último alcalde republicano de la capital, militante de Izquierda Republicana, de quien apenas se debate. José Carlos Schwartz nació en 1897 y estudió Magisterio y Derecho. Tras trabajar en la administración municipal, en 1931 se convirtió en presidente de la Juventud Republicana de Tenerife. Un año más tarde ejerció como abogado en los Sucesos de Hermigua, la rebelión obrera de 1934 contra los caciques gomeros que resolvieron los franquistas dos años después con la ejecución de 15 personas.

Dos días después de que Franco llegara a Tenerife para desempeñar el cargo de comandante militar de Canarias, Schwartz fue elegido alcalde de Santa Cruz. Dos meses más tarde será el precursor, junto con el alcalde de Buenavista, Antonio Camejo, de la petición de destitución del que luego sería dictador. El 18 de julio, el alcalde chicharrero fue arrestado en su casa de la calle Robayna a las 07:00 horas sin haber tenido tiempo siquiera para mostrar su rechazo al Golpe de Estado. "Nos lo tenemos que llevar, señor Schwartz", fue lo que le dijeron los guardias civiles al entrar en la casa. "Hagan lo que tengan que hacer", respondió Schwartz, que nunca creyó que su vida corriera peligro por ser un preso político.

Antes de dejar su casa, aconsejó a su mujer, Jorgina Esquivel Díaz, y a sus cinco hijos que se marchasen de allí. Así, mientras ellos se instalaban en la casa del padre de Schwartz, un grupo de soldados entró en la vivienda de la calle Robayna para, supuestamente, buscar armas. Sin embargo, lo que realmente hicieron fue desvalijar la vivienda. Cuando su mujer acudió a Capitanía para exigir una explicación aquella noche, la respuesta del capitán del Ejército fue: "Tiene usted razón. Esto no ha sido un registro, ha sido un robo".

Tras su detención, el alcalde fue trasladado, en una camioneta sin techo, a la prisión del Castillo de Paso Alto. Desde allí fue llevado a la prisión y campo de concentración de Fyffes, donde le hicieron realizar trabajos forzados. Estando allí, sus familiares solo podía saber de él cuando se acercaban a la verja y lo veían trabajar de lejos.

Aunque la familia no quiso comentarle nada de lo que había sucedido la noche siguiente a la detención en su casa, Schwartz terminó enterándose cuando vio que un soldado portaba en su guerrera una pluma de su propiedad.

Al poco tiempo, lo volvieron a trasladar a Paso Alto. En los dos meses que permaneció allí nunca se le sometió a juicio alguno. Como estaba retenido sin ningún motivo, muchas noches los soldados dejaban abierta la cancela de su celda para incitarle a escapar y poderle aplicar la ley de fuga. Sin embargo, él siempre pedía que cerraran verja. A lo largo de todo ese tiempo, su esposa nunca pudo acudir a visitarlo. Solamente dos de sus cinco hijos tenían permiso para acudir a Paso Alto.

Durante esos meses, Schwartz compartió celda con el gobernador civil –que daba bolitas de chocolate a la hija del alcalde cada vez que le hacía una visita– y con el secretario de éste. Ellos dos sí fueron sometidos a juicio por insurrección al Golpe de Estado.

En la noche del 1 de octubre de 1936, víspera de la supuesta puesta en libertad del alcalde, lo visitaron en su celda dos conocidos de derechas en los que confiaba y le aseguraron que lo iban a llevar a casa. El expediente del alcalde señala que fue puesto en libertad el día 2. A partir de entonces, José Carlos Schwartz pasó a ser un desaparecido más del franquismo.

Días más tarde, un amigo muy apreciado de la familia le contó a la viuda que el camarero de la cafetería Cuatro Estaciones había escuchado de boca de dos hombres, que coinciden con la descripción de los amigos que sacaron al alcalde de la cárcel, que lo habían matado. "Nos cargamos a Schwartz", decían con regocijo.

Esquivel conocía perfectamente el nombre de las esas personas que llevaron a la muerte a su marido pero nunca habló con ellas. Ahora, la nieta de Schwartz, Mercedes Pérez, que fuera consejera del Cabildo por el PSC y ahora responsable de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Tenerife, prefiere mantenerlo en secreto porque "es una información que no está contrastada".

Al poco tiempo, Jorgina Esquivel recibió un anónimo en el que le informaban de que su marido había sido asesinado y enterrado en Las Cañadas del Teide. Entonces, un hermano de Schwartz y Jorgina se pusieron a investigar, momento en el que les llegó otro anónimo con una amenaza: "Esténse quietos o les pasará lo mismo que a Schwartz". Que a Schwartz y que al gobernador civil y su secretario, que tras el juicio fueron condenados y posteriormente fusilados.

Pero ésta no fue la única intimidación que recibió la familia. Por esa época, un personaje –cuyo nieto es actualmente un político conservador relevante de la capital– amenazaba a la hermana menor de 12 años del ya asesinado alcalde diciéndole cuando la veía que había que matar "a todos los rojos".

La angustia por la desaparición de su marido nunca se borró de la mente de Jorgina Esquivel, que tuvo que ser testigo, además, del "cinismo" –como lo califica la nieta del fallecido– de los miembros del Ayuntamiento franquista cuando, al poco tiempo de la muerte de su esposo, recibió una carta en la que solicitaba que el chicharrero se incorporase a su puesto de trabajo. Con el rencor corriendo por sus venas, a partir de entonces ni la viuda ni su hija –madre de Mercedes Pérez– cantaban ni levantaban la mano cuando sonaba por las calles de la ciudad el Cara al Sol, himno de los franquistas.

Después de la desaparición, Jorgina Esquivel tuvo que sacar adelante a sus cinco hijos sola y sin cobrar la pensión de viudedad que le correspondía.

Actualmente, Schwartz tiene una plaza con su nombre en el barrio de La Salud. A principios de la democracia, a la madre de Mercedes Pérez Schwartz, aparte de concederle la pensión que le correspondía, le dieron a elegir entre un lugar en la zona de Residencial Anaga o en este barrio y ella decidió esta última porque su padre siempre defendió a los obreros.

Hoy en día continúan las pesquisas para descubrir dónde se pudieron haber escondido los cadáveres que dejaron tras de sí los franquistas y sus adláteres durante la Guerra Civil y la posterior represión, entre ellos el alcalde Schwartz, una época que en Canarias se vivió sin batallas pero con multitud de asesinatos, más de 1.500 desapariciones. Santa Cruz contó con muchos puntos en los que fueron arrojados los cadáveres: la empaquetadora de Fyffes, el templo masónico –que se utilizó para dar palizas a los prisioneros y donde se encontró un fémur que nadie investigó–, Paso Alto, María Jiménez, Valleseco y las montañas de Anaga, de donde muchos pudieron ser arrojados al mar.

Aunque la figura de José Carlos Schwartz sea desconocida para muchos chicharreros, sí permanece en la mente de los familiares de los desparecidos de esa época negra de la historia de España. Durante la presentación del aula cultural que lleva su nombre, el pasado martes 25 de junio, la nieta del último alcalde republicano de Santa Cruz, Mercedes Pérez, pudo comprobar el apoyo que reciben todas las familias víctimas de la dictadura franquista con unas palabras de aliento de mano del fiscal y magistrado del Tribunal Supremo, José Antonio Martín Pallín: "El día en el que en España entierren a Azaña con honores de jefe de Estado, en el Teide habrán movimientos sísmicos y será que tu abuelo habrá descansado en paz".

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