07 de octubre de 2012
07.10.2012

Un barrio entre cartas y murgas

Los vecinos de La Salud disfrutan a diario de sus partidas de naipes y dominó

07.10.2012 | 02:02
En la imagen, los mayores del barrio disfrutan de sus partidas de cartas y dominó en la Plaza José Carlos Schwartz.

A pesar de que el barrio de La Salud surgió en la década de los años 40 del pasado siglo a partir de una parcelación ilegal derivada de la necesidad de nuevo suelo donde construir en la capital, hoy se ha convertido en uno de los espacios más populosos de Santa Cruz. En la actualidad conviven en este rincón 13.000 de los 224.000 habitantes del municipio. Y, según admiten, no viven nada mal. Si hay algo de lo que presumen los vecinos de La Salud es de que allí tienen lo que necesitan. "Vivimos tranquilos y a nuestro ritmo. A mí no me hace falta ir al bullicio de la ciudad porque aquí encuentro todo", señala Paula Zurita, una residente de 32 años.

Como Paula, son muchos los lugareños que admiten que este núcleo obrero, que posee el mayor número de viviendas de protección oficial del municipio, tiene "más de todo" que cualquier otro. Puede que no les falte razón, ya que en las dos zonas que componen este barrio, Salud Alto y Salud Bajo, hay una gran variedad de comercios, espacios deportivos y para el ocio y centros educativos y sanitarios. Este fin de semana, los vecinos han comenzado a celebrar las fiestas en honor a su patrón, San Gerardo. Ayer, y por primera vez, tuvo lugar la gala de la Reina de la tercera edad, y hoy será el turno de las pequeñas de la casa.

La Salud, que está situado entre los cauces de los barrancos de Santos y el desaparecido Molina, tuvo durante muchos años un solo acceso, el de la Avenida Venezuela, lo que hizo que la zona estuviera casi aislada del centro de la ciudad hasta que se construyó el puente Javier de Loño. Hoy el núcleo se ha convertido en un punto muy transitado por habitantes de la capital, que visitan este rincón para huir del ajetreo del centro de Santa Cruz.

Vanesa Martín, presidenta de la Asociación de Vecinos San Gerardo, lleva toda la vida residiendo en La Salud Alto y asegura que este territorio tiene más encanto de los que se pueden apreciar a simple vista. "Los que vivimos aquí estamos acostumbrados y casi no lo valoramos, pero lo cierto es que tenemos muchas cosas de las que presumir", comenta la joven mientras se dirige a la pequeña plaza José Carlos Schwartz, situada junto al estadio de fútbol municipal, y que se construyó en homenaje al último alcalde republicano, quien ejerció su mandato en Santa Cruz hasta que los esbirros del franquismo lo asesinaron.

Este recinto se ha convertido en el principal punto de reunión de los mayores del barrio, el grupo de población más numeroso del lugar. Cada mañana se sientan alrededor de las mesas que el Ayuntamiento les instaló hace cinco años, para iniciar largas partidas de cartas y de dominó.
Es tanta la concurrencia que algunos, resignados, se van trasladando a uno y otro lado esperando a que uno de los asientos quede libre para unirse a las jugadas. Paco Mesa, de 70 años, pasea entre los jugadores. Entre tanto, uno de los grupos, más exaltados que el resto, se juega los últimos puntos que les darán la victoria. "Llevo aquí muchos años y puedo asegurar que a muchas sociedades les gustaría tener el ambiente que hay aquí", afirma. "Si de algo podemos presumir es de que aquí vivimos en comunidad. Hace años nos reuníamos en este mismo parque a comentar las noticias de la jornada y, sobre todo, los cotilleos de los vecinos. Fueron las murgas y comparsas las que han hecho que nos demos más a conocer", añade sentado al sol de la mañana.

Y es que el núcleo alberga la sede de los 22 grupos del Carnaval que pertenecen a La Salud, como los Chinchosos, los Trabas o los Lenguas Largas, entre otros. Todos concentran sus ensayos en el mismo espacio, el antiguo mercado de La Salud, que hoy permanece decorado en el exterior con multitud de colores y dibujos que transmiten al que lo observa a las largas noches de la fiesta de la máscara de la capital. "Hace un mes que murgas y comparsas empezaron a ensayar", dice Vanesa Martín. "Aquí vive el hombre que se disfraza todos los años de Fidel Castro, es una persona muy agradable", añade al tiempo que señala a lo lejos la casa de este ciudadano.

Durante el trayecto, Martín va mostrando cada uno de los rincones que más le gustan o que le enorgullecen del lugar, como el tanque de agua que reposa en la zona de las 108 viviendas, y que lleva sin utilizarse desde hace varias décadas. Precisamente, cuando el barrio se construyó, hace 70 años, gracias a la parcelación ilegal de las fincas rústicas que estaban situadas en este lugar, el propietario de una de ellas suministraba el agua a los habitantes de los alrededores con un estanque de su propiedad. "Llevo viéndolo toda mi vida y nunca se ha utilizado, que yo sepa", afirma Martín. "Ni siquiera se su historia, pero a mí me gusta saber que está ahí", agrega.

El dueño de aquel tanque de agua –que se desconoce si es el mismo recipiente que el que hoy se mantiene en pie y sin uso– recibió un par de años después un aviso de la Jefatura Provincial de Sanidad, que le obligaba a cerrarlo, ya que se convirtió en un foco de propagación de fiebre tifoidea. La situación sanitaria de este suministro de agua y las condiciones higiénicas de las viviendas alarmaron al Ayuntamiento chicharrero ante el riesgo de que la epidemia se extendiera al resto de la ciudad.

Entonces era otra época y la capital no gozaba de muchos centros de salud. En la actualidad, la zona baja de este espacio no solo cuenta con un amplio centro sanitario en la Avenida Venezuela, sino que también alberga dos campos de fútbol, –el de San Joaquín y el estadio municipal de La Salud, el más emblemático del municipio después del Heliodoro Rodríguez López–, dos polideportivos, tres iglesias y varios centros educativos, como el colegio Estévanez Murphy o el IES Las Indias. Además, es uno de los espacios de Santa Cruz que puede alardear de tener un campo de lucha. Se trata del terreno insular Perico Perdomo, que se construyó hace 15 años y que recibió su nombre en honor a Pedro Perdomo, luchador que dio sus primeros pasos este deporte en La Salud y que falleció el pasado mes de abril.

En el mismo Salud Bajo, en la Avenida Venezuela, está la tienda del Molino de Gofio, donde sus propietarios siguen preparando la harina tostada para vender en el local o exportarla. "Según una se aproxima al establecimiento, el aroma de los cereales te va inundando por completo", señala Vanesa Martín. "Dan ganas de comprar el gofio. Está muy bueno", agrega esta vecina.

Como ella, Ana Fernández, de 64 años, visita a menudo el local para hacerse con una bolsita de gofio. "A la molienda vengo siempre que puedo y compro en grandes cantidades. No hay nada mejor que una cazuela de pescado con un par de cucharadas de este manjar", asegura mientras parece volver a saborear los cereales tostados en el caldo. "Es una suerte que este local haya sobrevivido a la crisis, pero no todos han corrido la misma suerte. Menos mal que aún nos quedan algunos comercios que llevan tanto como nosotros los viejos", agrega riendo mientras procede a continuar sus compras.

Al igual que el Molino, en el barrio siguen estando negocios como la ferretería de Pepe o la ventita de Olga. "Aquí habrá cerca de medio centenar de empresas de toda la vida, sobre todo los bares que se encuentran en la Calle Mencey Bencomo, que llevan cerca de los 40 años", explica Yauzi Martín, otro vecino de La Salud de 31 años. Asimismo, los residentes cuentan con tres iglesias: la de San Gerardo, la parroquia de Santiago Apóstol y la de Nuestra Señora de La Salud. "La de San Gerardo quisieron hacerla más grande hace unos años, pero todo quedó en la intención por falta de presupuesto", afirma Martín.

Por su parte, en La Salud Alto se condensan, sobre todo, gran parte de los edificios de protección oficial del núcleo. Aunque no hay una línea física que separe Alto y Bajo, algunos habitantes, como Vanesa Martín, tienen claro donde empieza y donde acaba uno y otro. "San Juan de la Rambla es lo que yo llamo La Salud del Medio, de ahí para arriba están las viviendas sociales, que es donde yo vivo", dice.

En la década de 1960 fue La Salud Alto la zona que experimentó un mayor incremento de la población con la construcción de la Barriada 25 de julio. Posteriormente, se llevó a cabo el levantamiento de las mil viviendas, también de protección, donde habitan más de 3.000 personas. A pesar de que gran parte de los vecinos que residen en estos pisos llevan denunciando la precaria situación de los edificios desde hace varios años, lo cierto es que a día de hoy el Ayuntamiento sigue sin dar respuesta a sus peticiones.

El monumento del ancla y la locomotora que descansa en los jardines contiguos a las viviendas sociales unifamiliares son motivo de orgullo de los residentes de este rincón. La locomotora fue rescatada del desguace por Germán García, un empleado del Consistorio capitalino que la colocó en los años 70 en un jardín frente a su casa.

Vanesa Martín no duda al afirmar que se siente afortunada de residir en este barrio chicharrero. "Ahora con las fiestas por el patrón, la zona está aún más viva. Cuando terminemos los festejos por San Gerardo, empezaremos a preparar Halloween", cuenta. "Llevamos años organizándolo, nos disfrazamos y vamos con un centenar de niños tocando las puertas para pedir caramelos", explica. Añade que "es muy divertido" y continúa su camino para adquirir los últimos detalles con los que celebrar por todo lo alto las fiestas del barrio.

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