16 de septiembre de 2012
16.09.2012
Santa Cruz

Entre cuevas y ciudadelas

Los 6.400 vecinos de Duggi presumen de vivir en el tercer barrio más antiguo de la capital chicharrera

16.09.2012 | 04:00
Un grupo de jóvenes juega al baloncesto en la Plaza Duggi, uno de los espacios donde más vida hacen los vecinos.

El barrio de Duggi se caracteriza por ser uno de los pocos enclaves del mismo centro de la capital que conserva la esencia rural de los orígenes de la ciudad. Ejemplo de ello son las cuevas que hay en el Barranco de Santos, y que fueron habitadas por decenas de chicharreros hasta hace apenas cuarenta años.

El núcleo, que está limitado además de por este barranco por la Avenida de Asuncionistas, la Rambla de Pulido y la Calle Galcerán, también es conocido como El Monturrio, ya que en el mismo espacio que ocupa hoy su plaza se encontraba un cono volcánico que sus primeros habitantes tuvieron que demoler para construir las viviendas. Así lo afirma Zenaido Hernández, periodista de Radio Club Tenerife que ha residido en Duggi durante buena parte de su vida.

Duggi fue el tercer barrio de la capital en constituirse, concretamente entre 1903 y 1906, justo después del levantamiento de los barrios del Toscal y los Llanos. Se trata de un núcleo que pertenece al Distrito Centro-Ifara. Sus calles empinadas acogen a cerca de 6.400 chicharreros, una cifra que sigue aumentando con el paso de los años. Y es que Duggi es en la actualidad uno de los barrios de la capital con más historia. Sus residentes, orgullosos de la trayectoria de su enclave, presumen de residir en un lugar privilegiado de la ciudad y también de aquellos sino de aquellos vecinos que han conseguido sobresalir y que trascienda el nombre del barrio de la capital tinerfeña.

El nacimiento de este enclave se debe a Luis Duggi, un italiano procedente de la ciudad de Livorno, que cedió los terrenos que ocupaban sus fincas en 1874 para levantar viviendas. La llegada de nueva población derivó en su construcción, y sus pobladores fueron principalmente obreros y trabajadores de las fábricas tabaqueras próximas.

Desde un principio, el barrio estaba formado por casas terreras, algunas de ellas con sus propias huertas. Pero si alguien fue conocido en este espacio por sus cultivos fue el alemán Bruno Beese, recordado por ser el pionero e introductor de muchas especies que, hasta su llegada, se desconocían en el Archipiélago. "El día de Todos los Santos se formaba una cola enorme frente a su casa", cuenta Zenaido Hernández.

En la actualidad, la casa de Beese, situada junto a la Calle Sin Salida –que sí tiene salida–, sigue en pie y conserva gran parte de la fachada principal y muchas de las tejas que se colocaron cuando se fabricó el inmueble sobre el año 1900. Desde esta casa terrera, una de las más antiguas que se conservan en el barrio, se puede observar la Plaza Duggi, punto de encuentro de pequeños y mayores de este núcleo capitalino.
La vida de sus habitantes se desarrolla principalmente en este espacio. Allí se reúnen para disfrutar de los juegos y la lectura de periódicos y libros, entre otras actividades. El recinto cuenta con una cancha para jugar al fútbol y al baloncesto, un parque infantil y aún le sobra espacio para el disfrute de los paseos de las mascotas. "Aquí nos podemos pasar muchas horas jugando. Tengo amigos que vienen de otras zonas de la capital para jugar con nosotros porque ellos no tienen espacio donde practicar el baloncesto", señala Abraham Cabrera antes de lanzar a canasta.

La Plaza, como el Colegio San Fernando, situado al otro lado, se construyó en torno a 1930. "Los laureles de indias embellecen aún más el espacio y son un motivo de orgullo en el barrio", apunta Zenaido Hernández. "Tardaron en crecer debido a la montaña volcánica que había en este espacio. Pero ya rondan cerca de los 60 años", agrega este vecino.

En las calles principales del barrio, como la Rambla de Pulido y Ramón y Cajal, abundan todo tipo de comercios, como heladerías, zapaterías, estancos o bares. Casi es posible comprar cualquier cosa en este núcleo. Además, uno puede observar varias casas construidas antes de la Guerra Civil, sobre 1920 como las tres que hay en la esquina de Ramón y Cajal y Benavides, y tres de las pocas ciudadelas que quedan en la capital, situadas las tres en la Calle Porlier. "En este barrio, como en El Toscal o El Cabo, había muchas de estas viviendas comunitarias. Hoy ya no están habitadas, pero conocí a vecinos que residieron allí. Había una convivencia increíble", señala Zenaido Hernández.

Otro de los puntos de interés de este núcleo chicharrero es la Parroquia de María Auxiliadora, la cual fue almacén de abastos y cuya edificación actual data del año 2000. La Iglesia fue declarada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento y está dedicada a María Auxilio de los Cristianos. La imagen de la Virgen recorre las calles del barrio cada año durante sus fiestas, el día 24 de mayo. Estos festejos los han vuelto a recuperar recientemente, a pesar de las limitaciones económicas derivadas de la crisis.

Duggi presume también de haber sido el núcleo donde nacieron grupos del Carnaval chicharrero como la murga Los Singuangos o la rondalla Tronco Verde, y donde residen y han residido personajes como el miembro de Los Sabandeños Carlos García, los escritores Roberto Cabrera y Alberto Omar, el atleta y pintor Juan Ruano o el fotógrafo Miguel Brito, que nació en La Palma pero residió durante muchos años aquí.

Carmen Lourdes Acosta es una de las vecinas que disfruta paseando por las calles del Monturrio. Ahora que se ha jubilado aprovecha para gozar más de su familia y también, como afirma, del barrio. "Tenemos la suerte de tener todo a mano. Tenemos muy cerca el Pabellón Ana Bautista, el Estadio Heliodoro Rodríguez López, la Plaza Militar o el Parque Viera y Clavijo", afirma esta vecina. "A éste último deberían tenerlo más en cuenta. Da lástima pasear por allí y eso que siempre ha sido uno de los lugares más bonitos de Santa Cruz", agrega antes de proseguir con su caminata diaria.

"Aunque Duggi ha crecido mucho desde sus comienzos y se ha convertido en una zona de cuantiosos comercios, sigue siendo un barrio donde la gente se mira a la cara y se despide al pasar", agrega Zenaido Hernández tras saludar a una de las vecinas que le lanza besos desde el otro lado de la calle.

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