11 de mayo de 2012
11.05.2012
Santa cruz

Los árboles lilas del amor eterno

La floración de las jacarandas tiñe de violeta la capital

11.05.2012 | 02:43
Pasillo de árboles jacaranda mimosifolia en la calle santacrucera de Méndez Núñez.

Tras casi dos meses desde que dio comienzo la primavera, las calles de la capital chicharrera se han teñido de violeta. La responsable es la floración de las jacarandas, más conocidas como árbol lila. Las travesías por las calles de Santa Cruz se desarrollan ahora bajo las refrescantes sombras que producen sus frondosas copas y sobre la alfombra de flores que se desprenden de sus cuantiosas ramas. Su color realiza un armonioso contraste con los tonos verdes y el abanico de colores cálidos que decoran las calles chicharreras en plena primavera.
La jacaranda es una especie originaria de Sudamérica, concretamente de países como México, Brasil, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Este árbol se ha utilizado en los jardines de numerosas ciudades de Europa debido a su resistencia a las condiciones urbanas, su adaptabilidad a los climas suaves y por la belleza de su floración. Wolfredo Wildpret, biólogo y profesor emérito de la Universidad de La Laguna, explica que "dentro de la flora urbana de Santa Cruz, la jacaranda mimosifolia y su color violeta son los que marcan el principio de la primavera". "Hay lugares en Santa Cruz que son característicos por su presencia, pero el mejor bulevar que existe de esta especie está en la calle Méndez Núñez", añade.
Según una leyenda argentina, las jacarandas están muy unidas al sentimiento del amor y no solo por su floración en primavera. La historia relata que el primero de estos árboles brotó en el mismo lugar donde fueron asesinados dos amantes, la hija de un noble español y el indígena con el que ésta había iniciado una relación. Los mató el padre de la joven, quien no aceptó que su primogénita huyera con su novio.
El nombre de este árbol proviene del guaraní y significa que despide fragancia. El término mimosifolia, que es la especie que ocupa las calles de la capital, proviene del latín y significa de hojas parecidas a las de una mimosa. Su tamaño ronda entre los seis y diez metros de altura y su copa puede ocupar entre los cuatro y los seis metros de diámetro. Su floración tiene lugar en los meses de la primavera, pero por lo general hay un segundo brote de flores al comienzo del otoño. Sus frutos, leñosos y planos que recuerdan el aspecto de una castañuela, aparecen a finales de otoño y permanecen aferrados en las ramas del árbol a lo largo de todo el año.
"El mismo viento es el que dispersa las semillas del fruto, las cuales son aladas y se esparcen con facilidad", concretó el biólogo. "Aunque su madera es muy buena para la decoración de interiores y otros usos, en Canarias apenas se le da utilidad", afirmó.
Calles como Ramón y Cajal, la de Góngora o la Rambla de Santa Cruz, a la altura de Horacio Nelson, permanecerán decoradas por el lila de las flores de estos árboles hasta bien entrado el verano. "Entonces será el turno del flamboyán, cuyas flores de un tono rojo intenso y su follaje verde brillante brotarán entre junio y julio", concretó.
"Recuerdo estos árboles desde mi tierna infancia. Son un símbolo de la primavera. Esta especie lleva ya muchos años decorando los jardines de Santa Cruz y espero que sigan alegrando nuestras calles y nuestros ojos durante muchos años más", concluyó el biólogo.

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