03 de mayo de 2012
03.05.2012
La Laguna

Las calles del casco escupen fuego

Un faquir y varios grupos de música animan el centro histórico en un encuentro de artistas

03.05.2012 | 02:53

Los adoquines pueden convertirse en un buen colchón para las torturas a las que se somete un faquir y los bancos de una ciudad Patrimonio de la Humanidad en un excelente escenario para dos relajados guitarristas. El casco de La Laguna respiró ayer arte. Pese a que el número de artistas callejeros es todavía reducido, la primera jornada del encuentro de artistas en la calle de La Laguna sirvió para animar a los viandantes a hacer una parada en su camino por el centro histórico.
Moisés Ujidos ha viajado por toda Europa. Aprendió a escupir fuego en Inglaterra y, desde entonces, se ha convertido en el único faquir de Tenerife. Ayer dispuso su particular escenario en la calle Herradores. "Empecé con 18 años y ahora tengo 25", indica en uno de los descansos que se toma entre actuación y actuación. Esa es la vida del artista callejero: no hay horario y el número dura lo que dura la inspiración y empieza cuando dos o tres personas tienen la consideración de hacer un alto en su camino.
Ujidos, como no podía ser de otra manera, se muestra prudente sobre los secretos de su arte. Solo él sabe como resiste el dolor cuando pasa las llamas por su piel, se tumba sobre cristales rotos o introduce objetos cortantes en su nariz. "Es un desafío. Con el fuego por ejemplo me concentro y logro que no queme. Todo está en la mente", indica. Confiesa que en las calles de Tenerife es difícil conseguir una buena recaudación. "En Amsterdam o Bélgica, por ejemplo, consigues que sea rentable", explica.
Sin embargo, la decisión del Ayuntamiento de La Laguna de ofrecer permisos provisionales a los artistas que quieran actuar en sus calles le parece una buena forma de empezar a valorar esta espontánea y asequible oferta cultural. "Es una iniciativa genial que debieran empezar a aplicar en otros municipios", añade.
Un poco más abajo, también en la calle Herradores, Miguel Rivas entona una canción de U2. Las notas se escapan entre los viandantes y se cuelan en los negocios, cuyos propietarios se muestran encantados con el ambiente que generan estas actuaciones. Pese a que no tenía noticias de las autorizaciones que emite la Concejalía de Fiestas para cantantes, magos o funambulistas que quiera actuar en las calles laguneras. "No lo sabía, pero me parece una buena idea", reconoce.
Rivas trabaja de forma habitual en locales del sur de la Isla con actuaciones de música en vivo. Ahora, con los meses de menos ocupación, surgen menos conciertos y Rivas aprovecha los días libres para tocar en La Laguna. Es una ciudad, explica, que ofrece muchas posibilidades para el arte en la calle. "La gente deja lo que puede y, sobre todo, son muy respetuosos con nosotros y eso es muy de agradecer", sentencia.
En la cercana calle Herradores, cómodamente sentados en un banco, Víctor Medina y Carlos Cattano hacen sonar sus guitarras en la mezcla atractiva que los ritmos árabes imprimen sobre el flamenco. "Se nota mucho la diferencia respecto a los países del norte de Europa. Allí es mucho más frecuente y llegas a sacar más dinero tocando en la calle que en cualquier local", explica. Para estos dos amigos, tocar al aire libre es una forma de compartir y de practicar. Se sientan, charlan y a veces los viandantes se interesan en su música y surge la complicidad. Es difícil ponerle hora y espacio a este tipo de arte pero lo cierto es que son una forma entretenida de darle vida a una zona comercial. En La Laguna se han dado cuenta y hoy, con la vecina Santa Cruz de fiesta, habrá mucho más que ver.

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