12 de abril de 2012
12.04.2012
Santa Cruz

El vapor que traía las cartas

El ´Correíllo La Palma´ cumple hoy cien años desde su botadura en Inglaterra

12.04.2012 | 14:13
Fotografía antigua del buque a vapor.

Pocas veces cien años dan para un nacimiento, una vida, una muerte anunciada en varias ocasiones y una deseada resurrección. Desde su actual retiro, el muelle Norte del puerto de Santa Cruz de Tenerife, el protagonista de tan inusual historia, el Correíllo La Palma, sopla hoy un centenar de velas arropado por la fundación de la que toma el nombre, muchos isleños y diversas administraciones del Archipiélago.

Porque hoy, más de 36 años después de su última singladura por las aguas canarias, el recuerdo del Correíllo La Palma sigue latente en el imaginario colectivo y el corazón de los canarios. Las más de seis décadas de ininterrumpido servicio como puente y enlace entre las Islas convirtieron a este vapor, construido en los astilleros británicos de W. Harkerss & Son Limited, en un elemento clave para el modo de vida y las comunicaciones de la región durante el siglo pasado.

Juan Pedro Morales, el presidente de la Fundación Correíllo La Palma, que agrupa a más de 900 asociados y 300 benefactores, afirma que "el Correíllo La Palma y el resto de correos entre las Islas se convirtió en eje de la actividad comercial, así como para el resto de la sociedad. A bordo de este buque llegaban las alegrías y las penas en forma de correo. También era donde los habitantes de las Islas no capitalinas emigraban para evitar las hambrunas o partían a cumplir el servicio militar. La vida de todos, de un modo u otro, estaba ligada a este barco".

Sin embargo, tal y como sucede en muchos otros aspectos de la actividad humana, tan buen servicio quedó prácticamente en el olvido cuando, algo ajado por los años y acorralado por la pujanza de otros medios de transporte más moderno, una grave avería en sus calderas condenó en 1976 al Correíllo La Palma a la primera de sus condenas de muerte.

Tan solo unos meses después, el barco salió a subasta en Madrid, un paso que en la mayoría de los casos acaba en algún desguace. Después de algunos meses de olvido, no obstante, apareció un rayo de esperanza para el Correíllo La Palma. El empresario Jürgen Flick adquirió por 3.100.000 pesetas los derechos del buque con el objetivo de transformarlo en el epicentro de un espacio de restauración, compras y ocio en el puerto deportivo de Las Palmas de Gran Canaria.

Lo que nació como un ambicioso proyecto en torno a la figura del vapor se convirtió en un complejo entramado burocrático y administrativo para Flick que, varios años después de su compra, lo ofreció al Ayuntamiento de Las Palmas sin que esta administración se hiciera cargo de su mantenimiento. "Pensé incluso en donarlo a la Armada para que hicieran prácticas de tiro", recordó ayer el empresario. Sin embargo, un segundo golpe de fortuna para el futuro del Correíllo llegó antes de que venciera el plazo límite del empresario para deshacerse del buque.

En el transcurso de una jornadas sobra náutica en la capital tinerfeña, el presidente de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz se interesó sobre una posible donación del buque. Este primer y casual contacto fraguó apenas unas semanas después en un acuerdo que supuso el traslado del Correíllo al recinto portuario de la capital para transformarlo en el Museo de la Navegación de Canarias. La transmisión de la propiedad del navío en 1986, según recuerda Juan Pedro Morales, sirvió para eludir de manera definitiva el desguace o el hundimiento. No obstante, mucho camino quedaba todavía para que el buque recuperase su imagen original después de años de abandono.

Ese mismo año, el buque quedó varado en los astilleros Nuvasa para realizarle las obras de restauración. Sin embargo, estas no comenzaron de manera firme hasta 2006, cuando la recién constituida Fundación Correíllo La Palma aunó el apoyo institucional y económica de diversas administraciones y particulares de las Islas. En 2008 y tras una importante actuación que reconstruyó la estructura y la cubierta del navío, el buque volvió a reencontrase con el mar. En un acto al que acudieron más de 500 personas, el barco volvió a entrar en el muelle local para atracar en su actual ubicación: junto a la antigua estación del Jet Foil.

Desde entonces, el esfuerzo de la fundación y de la administración insular ha servido para devolver el lustre a un "buque único en todo el mundo", según Morales. Tras una inversión de 4,5 millones procedentes de las arcas del Cabildo, la restauración se encuentra "a mitad de camino". La crisis y los recortes presupuestarios impidieron proseguir el ritmo de los trabajos. "Falta el revestimiento del buque, la reparación de la maquinaria original, los equipos de seguridad y seguimiento, y el mobiliario del interior del barco", informa el presidente de la fundación.

Según reconoce, el camino para volver a ver al Correíllo navegando por las aguas canarias es largo, "pero ya no tiene vuelta atrás". En su opinión, se trata de una pieza única que "muchos museos de todo el mundo querrían tener". Sin embargo, el futuro de este centenario vapor pasa por convertirse en el símbolo de la recuperación del patrimonio náutico de las Islas. "El Titanic también cumple cien años desde su botadura y todo el mundo lo recuerda pese a estar hundido. Nuestro vapor está vivo y a flote, y esperamos que dure otros cien años más", explica Jürgen Flick acerca de un sentimiento común de cientos de amantes de la historia y del mar de todo el Archipiélago

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