04 de marzo de 2012
04.03.2012
La Laguna

Tres destellos cada 16 segundos

El faro de Punta del Hidalgo cumple 20 años como guía de los navegantes

04.03.2012 | 03:00
Vista aérea del faro lagunero con los invernaderos de fondo.

Subir sus 246 escalones puede resultar agotador. Sin embargo, las espectaculares vistas que ofrece de la costa, desde los roques de Anaga hasta Buenavista, y del mar que la baña hacen que merezca la pena trepar sus 50 metros para encaramarse a la cima. Es un privilegio del que solo disfrutan los dos técnicos que se encargan de su mantenimiento. De diseño atípico e inmaculadamente blanco, el faro de Punta del Hidalgo cumple dos décadas orientando a los navegantes del norte de la Isla.
La obra fue encargada por la Autoridad Portuaria de Tenerife al ingeniero Ramiro Rodríguez-Borlado a principios de los noventa, cuando una nueva normativa estableció que a dos millas naúticas (3,7 kilómetros) del litoral debían verse las luces de dos faros. Para cumplir con este precepto se levantaron también los de Buenavista y Puerto de la Cruz, que se sumaron a los ya existentes en la punta de Anaga, Teno y La Rasca, en Granadilla de Abona.
Los materiales que se emplearon en su construcción fueron traídos específicamente desde la Península. Todos los detalles del proyecto de Rodríguez-Borlado fueron innovadores. El ingeniero utilizó un tipo de cemento que nunca antes se había aplicado a este tipo de edificaciones costeras por la rapidez de secado y su impermeabilidad. También hizo traer gravilla blanca de río, color que luego adquiriría la mezcla con el cemento para obtener el hormigón armado que compone toda su estructura. Un sistema de andamios deslizantes hacía crecer el edificio muy rápido hasta que en unos meses estuvo terminado.
Su altura no es caprichosa. Al estar construido al nivel del mar debía alcanzar la envergadura que tiene para que la curvatura de la tierra no impidiera que sus luces sean vistas a 15 millas marinas de la costa, alcance que lo clasifica como faro de segundo orden, a diferencia del de Anaga, que llega a 40 millas, por lo que es de primera categoría.
La torre pálida de La Punta que tanto contrasta con el suelo renegrido por la lava volcánica sobre el que se asienta se convirtió en la atracción del camino de tierra que une el hotel Altagay con el Club Naútico y los senderos que se internan en Anaga. Su curiosa forma de maclas minerales surgidas de la tierra en perfecta simetría le otorga una fisonomía futurista alejada del estereotipo clásico. Pero además de "raro", como lo denominan muchos marineros, también destaca como el más joven y alto de los seis faros de Tenerife.
Antes de que el vigía de La Punta se asomara entre los invernaderos de un saliente de la costa, las nuevas tecnologías ya habían extinguido a los fareros. Por eso, no cuenta con vivienda. Solo tiene dos cuartos de máquinas en la planta baja y otro pequeño en la última, la decimocuarta, para los ordenadores y las baterías que generan los 24 voltios de los que se alimenta su haz de luz.
Jesús Fajardo es uno de los técnicos que supervisa su funcionamiento. Lo trata con mino, como a un hijo, puesto que él mismo construyó la armazón metálica que contiene las luces, llamada linterna. En su interior se mueve con la destreza que le han dado más de 20 años de profesión, en los que ha desarrollado una capacidad pulmonar con la que es capaz de subir 1.500 escalones al día sin agitarse como para pensar en dejar de fumar.
Según explica, centinelas como este han mostrado el camino a los navegantes durante miles de años con un juego de luces y una cadencia rítmica que componen su nombre. El de La Punta figura en las cartas de navegación de todo el planeta y libros de faros como el D-2818, que tiene una combinación de tres destellos de luces cada 16 segundos.
Su linterna tiene cuatro grupos de tres luces, uno en servicio y tres de reserva. Si alguna bombilla falla, automáticamente se ponen en funcionamiento otras tres. Constantemente giran sobre su eje impulsada por dos motores que se alternan cada 24 horas para evitar recalentamientos.
Periódicamente, Fajardo cronometra las luces, que confiesa "suelen desajustarse algunos segundos". En su visita semanal la faro, también revisa que ninguna bombilla esté fundida. Cada una cuesta 60 euros y el técnico asegura que duran más de un año. Según comenta, ahora en muchos faros están instalando luces LED. "Tienen a su favor que duran casi toda la vida, pero la contra es que consumen demasiado", apunta.
También se asegura de que la tensión de las baterías se mantenga en máximos para garantizar que sus reservas puedan seguir haciendo trabajar al faro durante un mes aunque no haya energía eléctrica.
La torre está ubicada en la ruta marítima que une el puerto de la capital tinerfeña con La Palma y también es paso obligado para las embarcaciones que llegan a Santa Cruz a través de los roques de Anaga desde el otro lado del Atlántico.
Las lámparas se encienden y se apagan con un sensor de luz. Si el dispositivo falla, se pone en funcionamiento el de emergencia que funciona con un temporizador, como un despertador. Además, todas sus funciones son monitorizadas por los funcionarios de Puertos desde los paneles de control que tienen en las oficinas de la capital.
Además, dispone de un sistema de telecomunicación denominado AIS (de las siglas en inglés de Sistema de Identificación Automático) que permite identificar y hacer un seguimiento de los buques que surcan las aguas en sus inmediaciones.
Durante dos años, un equipo de meteorólogos holandeses estudiaron el agujero de la capa de ozono desde su azotea. Mientras ellos estuvieron, el técnico recuerda que el ascensor del faro estuvo en uso. Se marcharon hace cinco años y desde entonces sus aparatos se oxidan abandonados a la intemperie y el elevador ha dejado de funcionar.
A pesar de que ahora los buque van equipados con muchos aparatos electrónicos, Jesús Fajardo afirma que "los capitanes se siguen fiando de los faros". "Las máquinas pueden fallar, el faro no. Y si algo va mal, enseguida nos llaman de los puentes de mando para avisarnos que no da bien el destello o que está apagado", concluye.

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