12 de febrero de 2012
12.02.2012
Santa Cruz

Ilustres abandonados

Los restos de quince personajes históricos de la ciudad reposan en el cementerio de Santa Lastenia bajo una austera lápida de mármol en donde no cabe nadie más

12.02.2012 | 03:00
Patio 2 del cementerio de Santa Lastenia, donde se encuentra, en el suelo, el panteón de los hombres ilustres de Santa Cruz de Tenerife, el primero en el centro de la imagen.

En el patio 2 del cementerio de Santa Lastenia, en las parcelas 110 y 112, se encuentra el denominado Panteón de los Hombres Ilustres, una sencilla lápida, poco o nada parecida a las construcciones funerarias, que pasa desapercibida para quien no sepa de su existencia. Allí descansan los restos óseos de 15 personajes históricos de los últimos tres siglos, cuya acción y obra se consideran importantes para la ciudad. Hace ya cuatro décadas fueron trasladados a este camposanto desde el pequeño cementerio de San Rafael y San Roque, en el centro de la ciudad, después de muchos años clausurado. Unas escuetas palabras inscritas en la lápida, "Santa Cruz de Tenerife, sus hijos ilustres", y una fecha, 1970, son los únicos datos que pueden leerse en el panteón, junto a los quince nombres, grabados en una superficie de mármol. Abogados, escritores, profesores, poetas, pintores, periodistas, políticos, comerciantes y hasta sacerdotes conforman esta lista de personajes que un día hicieron algo por la ciudad.

José María Villa Martínez (1758-1833) Este capitán de la marina mercante, con estudios de Náutica, nació en Concejo de Gáldames, Vizcaya. En una de sus visitas al puerto de Santa Cruz de Tenerife decidió venirse a vivir a la ciudad. Corría el año 1793 y entonces se dedicaba al comercio. Sólo seis años después, en 1799, fue elegido alcalde real ordinario, un tiempo en el que Santa Cruz dependía de La Laguna. Ya en 1803 se convirtió en el primer alcalde del municipio, cuando se proclamó "villa exenta" a la ciudad e inauguró la primera sede del Ayuntamiento, en la plaza de la Candelaria. Villa Martínez fue uno de los grandes impulsores del cementerio de San Rafael y San Roque, en un momento en el que como consecuencia de la fiebre amarilla de 1810-1811 se prohibió enterrar a los muertos en las iglesias. Murió en La Laguna en 1833.

José Zárate Penichet (1762-1840) Abogado nacido en Las Palmas de Gran Canaria, se estableció en Santa Cruz de Tenerife, de cuya vida pública tomó parte activa. Fue síndico personero interino del Ayuntamiento –un delegado de la corporación local para la negociación de diversos asuntos– durante el histórico capítulo de la victoria del pueblo santacrucero frente a la invasión del almirante Nelson. A raíz de eso, el general Gutiérrez le encargó el expediente para la obtención del título de Villa para Santa Cruz. Fue alcalde en 1798 y reelegido en 1802.

Francisco de León y Xuárez Guardia (1799-1871) Abogado e historiador, nació en La Orotava y fue catedrático de la Universidad de La Laguna. Hombre de gran cultura, fue síndico personero del Ayuntamiento y secretario de la Diputación Provincial, entre otros cargos políticos. Legó a la ciudad una enorme colección de libros y manuscritos, una colección con la que se fundó, a pocos años de su muerte, la Biblioteca Municipal de Santa Cruz. Entre sus obras destacan los Apuntes para la continuación de las Noticias Históricas de las Islas Canarias [de Viera y Clavijo] desde 1776 hasta 1836. Fue miembro numerario de la Real Academia Canaria de Bellas Artes. Murió en Santa Cruz a los 70 años.

José Desirée Dugour Martín (1813-1875) Notable escritor, nació en la ciudad francesa de Annecy, pero desde que era pequeño su familia instaló su residencia en Tenerife. Fue después de que en su viaje hacia América la embarcación en la que iban naufragara frente a las costas africanas próximas a Canarias. Dramaturgo, ensayista y poeta, entre otras tantas profesiones, fue director de la publicación Museo de Canarias y colaborador de revistas de la época como La Aurora y El Ilustrador. Entre sus obras destaca Apuntes para la historia de Santa Cruz de Tenerife.

Manuel Marrero Torres (1823-1855) Tipógrafo de profesión y de origen humilde, colaboró en los periódicos y revistas más destacadas de la época, entre ellas La Aurora y El Noticiero. Coetáneo de Dugour Martín, al que conoció, con apenas 32 años murió víctima de tuberculosis. Fue un poeta romántico, cuya obra se publicó mayoritariamente de manera póstuma.

Luis Benítez de Lugo (1837-1876) VIII Marqués de la Florida, nació en La Orotava. Hombre de ilustración, político progresista, se formó en Madrid, donde estudió Derecho, y fue parte de la mayoría en las últimas cortes del reinado de Amadeo de Saboya. Protagonizó una ardiente protesta cuando el Gobierno de EEUU quiso comprar por 20 millones de reales la isla de La Graciosa. Murió joven, con 39 años.

Ireneo González Hernández (1842-1918) Nacido en La Laguna se le considera en algunos textos históricos como el mejor gramático canario del siglo XIX. Fue catedrático de latín, retórica, poética, lengua castellana y religión. De hecho, fue sacerdote, entre otras iglesias, en la de San Francisco, en Santa Cruz, aunque destacó más por su actividad docente. En 1822 publicó su obra Nociones de gramática castellana.

Diego Estévanez Murphy (1842-1866) Marinero de profesión, viajó por varios puntos de Estados Unidos, las Antillas y la Península ibérica. Hermano Nicolás Estévanez Murphy, ministro de la I República Española, llegó a ocupar la cátedra en la Escuela de Náutica, a pesar de su juventud. Murió tuberculoso con 24 años y su único libro de poemas, bajo el título Poesías, se publicó en Madrid ocho años después de su muerte, con prólogo de Ramón Gil Roldán.

Valentín Sanz Carta (1849-1898) Pintor, fue alumno de Gumersindo Robayna y Nicolás Alfaro en la Academia Provincial de Bellas Artes, en Santa Cruz, donde ingresó con apenas nueve años. Realizó posteriormente estudios en Madrid, becado por la Diputación Provincial para formarse en la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado. En 1882 logró, gracias al entonces ministro de Ultramar, el grancanario Fernando León y Castillo, embarcarse en calidad de dibujante en una expedición a Cuba que tenía por objetivo estudiar la flora antillana. En La Habana se casó y murió años después, víctima de una enfermedad contagiosa que contrajo en una visita a Nueva York.

Juan Padrón Rodríguez (1849-1896) Músico orotavense, se formó en la Banda de Música Militar del Batallón. Fue una figura destacada de la composición musical de Tenerife y fue el primer director de la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia, que encargó la construcción del edificio que hoy alberga el Parlamento de Canarias y que fue sede de la Sociedad. Su muerte, con 47 años, fue una consternación para la sociedad santacrucera, que acudió de forma masiva a su sepelio.

Patricio Estévanez Murphy (1850-1926) Periodista y traductor, siguió a su hermano Nicolás, tras el fracaso de la I República Española, al exilio en Lisboa y París, donde colaboró con varios periódicos. Con 30 años regresó a Tenerife. Aquí llevó a cabo una importante labor periodística. Fundó y dirigió La Ilustración de Canarias y Diario de Tenerife, éste último desde 1886 hasta 1917. Fue concejal en varias ocasiones del Ayuntamiento de Santa Cruz y defensor acérrimo de los cabildos insulares. Su amor a la literatura y al arte lo llevaron a formar parte de la Real Academia Canaria de Bellas Artes. Murió enfermo en La Laguna.

Santiago Beyro y Martín (1859-1926) Sacerdote lagunero, desarrolló muchos años su labor como párroco de la iglesia de San Francisco, en la capital tinerfeña. Persona muy influyente en la sociedad de la época, sus sermones y homilías estaban cargadas de una dosis exacerbada de patriotismo en defensa de la isla de Tenerife, lo que le costó más de un disgusto con el Obispado.

Benito Pérez Armas (1871-1937) Lanzaroteño de Yaiza, abogado, escritor y político liberal, se inició en la cosa pública con 25 años como diputado provincial por el distrito de Arrecife. Se declaró un autonomista entusiasta y se opuso desde Tenerife, adonde se había trasladado, a la división provincial. Contra ella argumentó en una ponencia la necesidad de la unidad del Archipiélago. Fue también director de la revista Gente Nueva y del diario La Opinión. También fue autor de varias obras de teatro.

Emilio Calzadilla Dugour (1875-1916) Abogado y político, fue hijo de un abogado republicano muy conocido, Rafael Calzadilla y Calzadilla. Emilio fue alcalde de Santa Cruz en dos ocasiones: entre 1923 y 1924 y entre 1925 y 1930. Muy popular entre los habitantes de la ciudad, llegó a pagar de su bolsillo a la banda de música de Santa Cruz para que tocara en la procesión de Semana Santa.

Víctor Zurita Soler (1891-1974) Telegrafista de profesión, su afición al periodismo lo llevó a ser fundador y director del diario La Tarde. También hizo incursiones en la poesía, pero su labor principal estuvo en el periódico vespertino que se publicó desde 1927 hasta 1982 en Tenerife, seis años después de su muerte. Murió con 83 años.
Hoy, el Panteón de los Hombres Ilustres se denomina de forma oficial Panteón de Personajes Ilustres, según un acuerdo plenario adoptado por el Ayuntamiento hace algunos años. El espacio actual que alberga estas urnas está completo, con lo que no será posible en un futuro enterrar a más personas ilustres de la ciudad.

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