15 de enero de 2012
15.01.2012
Santa Cruz

El reto de la integración

Los ciudadanos de Santa Cruz y los extranjeros residentes en la capital mantienen entre ellos unas relaciones de convivencia correctas y sin tensiones

15.01.2012 | 03:00
Un grupo de menores senegaleses telefonean a sus familias desde Tenerife.

Con las malas perspectivas económicas y sociales sobrevolando 2012 y el aumento imparable del paro, la interculturalidad suele resentirse con más intensidad que en épocas de bonanza, aunque, exceptuando algunos casos, hasta el momento, se guardan las formas entre tinerfeños e inmigrantes.
En Santa Cruz, los representantes vecinales consultados aseguran que sus relaciones de convivencia con las personas llegadas de otros países son correctas y no hay grandes fricciones.
El último informe municipal que se conoce sobre la población inmigrante en la capital desveló que la mayor parte de los foráneos reside en el distrito La Salud-La Salle, una zona con 15 barrios diferentes, de los que La Salud es uno de los que tiene mayor población y mayor número de asociaciones de vecinos.
La presidenta de una de ellas, Carmen Elena González, califica de "normal" la convivencia entre ambos sectores. Personas de Colombia, Cuba, Brasil, Venezuela, Ecuador, Brasil y de algunos países africanos se mezclan en esa parte de la ciudad con los santacruceros sin dificultad. "De momento, no hay ningún problema", asegura González. Además, informa de que el sector inmigrante del barrio no está ocioso y la gran mayoría tiene empleos, aunque se trata de economía sumergida.
En el barrio Cepsa-Divina Pastora pasa lo mismo. José Ramón del Olmo, presidente de esta parte del distrito, asegura que los habitantes locales aceptan sin problemas la presencia de los inmigrantes, que incluso acuden a cursos de formación en la asociación y también hacen uso de ella para reunirse los fines de semana. Del Olmo deja claro que en el barrio no hay apenas delincuencia y que los inmigrantes que viven allí trabajan en empleos relacionados con la limpieza y la albañilería, entre otros, aunque, al igual que en el anterior caso, casi siempre relacionados con la economía sumergida. Desde el barrio del Perú (igualmente perteneciente a La Salud-La Salle), el presidente de la asociación Las Palmitas, Plácido Montesdeoca del Pino, ratifica lo dicho por los otros representantes vecinales y asegura que la integración es un hecho en su barrio.
Los hijos de los inmigrantes que viven allí juegan en la plaza, acuden a la catequesis y, en general, hacen una vida normal con los niños chicharreros. Lo mismo ocurre con los adultos, aunque en este caso no utilizan casi nada la asociación. "Sólo se acercan a preguntar por cursos y horarios, pero nada más", informa.
Montesdeoca asegura también que la población inmigrante de El Perú está, en su mayoría, trabajando. En este barrio hay, sobre todo, ciudadanos de países sudamericanos, aunque también viven personas africanas.
Esta multiculturalidad no ha supuesto, hasta ahora, ningún problema de convivencia y el representante vecinal indica que las puertas de la asociación están abiertas para todos los vecinos, vengan de donde vengan.
Los inmigrantes consultados tampoco resaltan grandes dificultades de coexistencia. Analia Paulas Sarmiento es boliviana, tiene 32 años, está casada y es madre de dos niñas. Llegó a Santa Cruz de Tenerife en 2003. Estudió Administración de Empresas y, aunque ahora está buscando trabajo, hubo un tiempo en que estuvo empleada en el consulado de su país en Tenerife, hasta que cerró.
Su experiencia personal en cuanto al trato recibido por los ciudadanos de Santa Cruz no es mala. Tiene amigos chicharreros y considera que la gente local es "cálida, educada y tranquila".
Eso sí, indica que la actitud del inmigrante es importante para lograr una integración plena. Por ejemplo, ella, en cuanto llegó a Tenerife, se inscribió en diferentes cursos de formación, algo que la ayudó mucho a conocer personas de aquí.
También mantiene contacto con personas de su país, con las que comparte muchas afinidades. "Exceptuando algún caso puntual, alguna chiquillada, no vemos que en esta ciudad haya racismo. Al contrario, la gente suele estar predispuesta a ayudarte y facilitarte información", indica.
Su situación laboral en estos momentos es la misma que miles de personas: busca trabajo. Para ella, trabajar es también una forma de integración y convivencia con la sociedad santacrucera, algo que estrecha lazos y fomenta la interculturalidad al conocerse unos a otros y sus culturas.
De hecho, la población boliviana de Santa Cruz está muy organizada. Tiene cinco asociaciones diferentes, una de ellas sólo de mujeres, y tres de regiones concretas de Bolivia.
Santa Cruz es una ciudad en la que viven miles de personas de distintos países y continentes. No sólo hay gente llegada de América y África, sino también una amplia población china, con más dificultades para una integración plena debido, entre otras cosas, al idioma. Además, los ciudadanos chinos, más que buscar empleo, compran empresas y se ponen al mando de ellas.
En Santa Cruz, uno de los camareros de un bar del centro explica que el negocio fue traspasado hace poco y quien lo adquirió fue una mujer de nacionalidad china, por 100.000 euros. A pesar de que todos sus camareros son españoles, hay clientes que han dejado de acudir porque el negocio ha pasado a manos chinas. El empleado asegura no entender este comportamiento racista. Tal vez tenga algo que ver con el hecho de que la propietaria, a pesar de llevar muchos años viviendo en España, no habla el idioma.
El último informe del Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, realizado hace un año, desvela que la comunidad extranjera más numerosa en la capital es la boliviana, seguida de la venezolana, la italiana, argentina, cubana y colombiana. Todas ellas superan el millar de representantes.

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