09 de mayo de 2011
09.05.2011
Santa Cruz

Muy leal y sobre todo invicta

09.05.2011 | 14:31
Recreación de la defensa de Santa Cruz contra Nelson, el 25 de julio del año pasado.

La capital tinerfeña se ha hecho fuerte desde su fundación, hace 517 años, por los tres grandes ataques y decenas de incursiones de piratas que ha repelido

"¡Al arma, al arma!". Esta era una de las exclamaciones que con frecuencia resonaban en toda la ciudad de Santa Cruz de Tenerife durante los siglos XVI, XVII y buena parte del XVIII con el propósito de advertir a las milicias de que el enemigo se había plantado frente a la costa.
Los chicharreros debían prepararse para la lucha y hacerse con su armamento para defender la ciudad con sus humildes pertrechos. De ahí que hoy este aviso haya evolucionado a la palabra "alarma".

Santa Cruz estuvo durante mucho tiempo en alerta permanentemente desde que se fundó hizo el pasado día de la Cruz 517 años. Se convirtió en el punto de mira del catalejo de los piratas y corsarios que a su paso por América la veían como un lugar propicio para dar sus golpes navales, aunque más tarde la mayoría se arrepintiera de haberse aproximado a esta costa aparentemente vulnerable.

Puerta de América

Durante estos tres siglos, el puerto santacrucero se transforma en una puerta natural hacia la América tropical y el cono Sur. Según explica el historiador e investigador Agustín Guimerá, en ello tuvo mucho que ver la incorporación de Canarias a la Corona de Castilla.

La situación de las Islas alejadas de la Península y a medio camino con América facilitaban la entrada de numerosas escuadras enemigas. "La costa abierta hacía casi imposible defender los 1.583 kilómetros de litoral de las Islas desde el punto de vista militar y por eso se convirtieron en un blanco idóneo", comenta Guimerá. La naturaleza escarpada del territorio fue, de todos modos, uno de los mejores aliados de los santacruceros, aparte de la valentía y el arrojo de sus sufridos habitantes.

Los ingleses, franceses, berberiscos y holandeses estaban convencidos de que la costa chicharrera era fácilmente franqueable, aunque ni el almirante Robert Blake, ni el contraalmirante John Jennings, ni el mismísimo Horacio Nelson, todos británicos, pudieron derrotar a las milicias tinerfeñas que defendieron su ciudad con uñas y dientes.

En toda esa historia de 517 años, Santa Cruz es protagonista de tres grandes ataques, decenas de incursiones de los ladrones del mar y hasta un plan de invasión en la Segunda Guerra Mundial, planeado cómo no por los británicos y que se llevaría a cabo si Franco se aliaba con Hitler. Pero o bien no se llevaron a cabo, como ésta última, en salió victoriosa la ciudad.

De ahí que en 1803 la ciudad consiguiera el título de Muy Leal, Noble, Invicta y Muy Benéfica Ciudad, Puerto y Plaza de Santa Cruz de Santiago de Tenerife. Así lo narra el cronista e investigador Antonio Rumeu de Armas en su obra La nueva estructura político-administrativa de Santa Cruz de Tenerife en el siglo XVIII, en el que informa de que fue el propio comandante general Antonio Gutiérrez quien sugirió al alcalde la conveniencia de solicitar al rey Carlos IV estos títulos, así como el privilegio de Villazgo junto a su Escudo de Armas.
Este hecho fue celebrado por todos los chicharreros, ya que supuso además la independencia con respecto al municipio de La Laguna. Poco más de 20 años después, la ciudad celebra en esta ocasión la capitalidad de la provincia, nombramiento al que contribuyeron políticos tan conocidos como el irlandés José Murphy, considerado por los estudiosos como el padre de la capital de Santa Cruz.

La historia de Santa Cruz está plagada de héroes y villanos, además de la de tantas personas anónimas que dieron su vida por defender la ciudad para que no cayera en manos de los invasores.

El general Gutiérrez, y Francisco Grandi Giraud con sus heroicas actuaciones en la gesta del 25 de julio de 1797, el corsario Amaro Pargo y hasta el conocido pirata Cabeza de Perro son solo algunos de los nombres que forman parte de estas escaramuzas.
Gran fuerte

El puerto de Santa Cruz se va transformando a medida que sufre los ataques de los corsarios y poco a poco se va convirtiendo en un gran fuerte. Al respecto, Guimerá indica que tras la construcción de la primera fortaleza importante, que fue la del Castillo de San Cristóbal, se decide la realización del castillo de San Juan y posteriormente el de Paso Alto en la segunda mitad del siglo XVII. Ello se debe a que tras la contienda con Robert Blake dieron cuenta de que la posición del castillo de San Cristóbal no era la más efectiva.
"La ciudad en aquel entonces albergaba un total de 20 baterías, baluartes, además de numerosas trincheras a lo largo de sus 4 kilómetros de costa", destaca Guimerá al tiempo que comenta que "Santa Cruz de Tenerife se convirtió en una presa apetecible para el enemigo". "Sin embargo, supo estar a la altura y defender su territorio", precisa.

Agustín Guimerá incide en la importancia de la carga histórica que posee la ciudad. "Se ha erigido como un lugar histórico-artístico militar de primera categoría que ha dejado tras de sí un legado patrimonial, físico y socio cultural enorme". El puerto padeció algunos de los ataques más importantes de la Armada británica en el contexto de las diferentes guerras con España.

El primero fue ejecutado por el prestigioso almirante Robert Blake en el año 1657. El objetivo era apoderarse del tesoro de la Flota de Indias. El segundo fue llevado a cabo por el contraalmirante John Jennings (1706), mientras que el tercero y más conocido fue el protagonizado por el héroe británico Horatio Nelson en 1797, que se saldó con la capitulación inglesa y la pérdida de un brazo del almirante durante la batalla.

Tres cabezas de león adornan el escudo de la Isla como recuerdo de las victorias. Estos fueron los principales ataques que sufrió la capital chicharrera, en una historia que ha sido santa, pero también una cruz.

Robert Blake

El inglés se queda sin el tesoro

El almirante Robert Blake se hizo a la mar por primera vez en abril de 1649 y desde entonces no cesó en su empeño por hacerse con codiciados botines y derrotar a sus enemigos. Todas sus fechorías han quedado plasmadas por diferentes estudiosos. Uno de ellos es Antonio Rumeu de Armas quien narra en su ya nombrado libro todo lo concerniente a este navegante.

El 23 de abril de 1657 con 23 barcos bajo su mando y un fuerte viento del nordeste que le empujó hacia las Islas Canarias emprendió su viaje con destino al puerto de Santa Cruz incitado por los galeones mejicanos que habían descargado el tesoro del Rey Felipe IV en esta costa.

En la madrugada del lunes 30 el castillo de San Cristóbal disparó tres cañonazos en señal de alarma. La poderosa escuadra inglesa decidió atacar. Mientras tanto, el comandante español Alonso Dávila daba la orden para que los tres tercios de la ciudad se apresurasen a defender Santa Cruz. Con esfuerzo se pudo reunir cerca de 6.000 hombres. Pronto comenzó el cañoneo que hizo temblar la ciudad y a los propios habitantes que se prolongaron hasta el atardecer.

Los castillos, fuertes y las baterías de la ciudad recibieron potentes impactos de balas pero estas fortalezas redoblaron sus esfuerzos por acallar a los ingleses. Blake no tardó en dar cuenta de la inutilidad de sus esfuerzos y el peligro que corrían sus fragatas dañadas por lo que decide la retirada aunque no sin antes incendiar dos barcos mercantes.

"Con la salida del naviero de Stainer a bordo del Speaker, cesó el fuego por una y otra parte, cuando ya las sombras del atardecer empezaban a invadir la bahía. A lo lejos, en el horizonte, veíanse los navíos ingleses maniobrando para partir, y durante la noche, las luces de las escuadras eran nuncio de que la flota inglesa desistía de su empeño y se internaba en el Océano" , describe Rumeu de Armas.
Lo curioso de esta batalla es que ambos bandos se atribuyen la victoria. Pero sea como fuere el objetivo del inglés de tomar el tesoro de la flota de indias no fue cumplido. Este suceso bélico supuso la primera cabeza de león que forma parte del escudo capitalino actual.

John Jenings

Un ataque frustrado

El 5 de noviembre de 1706 los vigías de Anaga alertan de la proximidad de diez navíos extraños. Esa misma tarde la alarma se extiende más allá de la costa chicharrera. A la mañana siguiente un total de trece fragatas penetran en el puerto. "Enarbolaron banderas francesas, luego suecas, y mas tarde todos ellos, banderas azules, sembrando el desconcierto con tanto cambio de pabellón", narra Rumeu. Esto explica que el combate fuese reconocido como "la invasión de la escuadra inglesa de la bandera azul".

Más de 4.000 hombres de las milicias canarias se reunieron para combatir. La contienda se redujo a un duro cañoneo durante dos horas entre la escuadra y los castillos de Santa Cruz en donde destacó la acción ofensiva del de San Cristóbal y en especial del valioso cañón Hércules.

Jenning abrumado por la inesperada resistencia del desembarco de sus tropas se limitó a enviar a un emisario de paz que entregaría una carta al corregidor y capitán de guerra, José de Ayala y Rojas. En la epístola se exoneraba de la orden de cañonear la plaza e instaba a rendir pleitesía al archiduque Carlos. La respuesta negativa hizo que al día siguiente el almirante inglés se alejara de las costas canarias a bordo de su navío Binchier de 70 cañones y volvió a incorporarse a su destino en el Mediterráneo. Con esta victoria de los tinerfeños se añade una cabeza de león más al emblema santacrucero.

Horacio Nelson

La gesta que cambia la ciudad

Es 21 de julio y los ingleses se acercan silenciosos a la ciudad. Sus embarcaciones toman la punta de Anaga. Quieren sorprender a los chicharreros en su ataque, pero el oleaje les juega una mala pasada. Las turbulencias conocidas por los pescadores como "la sábana blanca" impiden a las tropas continuar y son arrastradas hasta el barranco del bufadero, en María Jiménez.

Ya ha amanecido y ya han sido descubiertos. Los vigías repican las campanas que retumban en todos los pueblos de la Isla. "Los ingleses están aquí", chillan los santacruceros.

Milicianos, marineros, soldados y hasta cosecheros agarran las herramientas que tienen a mano y no dudan en defender su pueblo ante el ataque enemigo. Los militares ingleses ascienden a lo alto de la montaña de la Jurada, donde se encontraron con unas quebradas que no habían visto nunca. Pero allí estaban los soldados y voluntarios tinerfeños que acudieron con rapidez y ocuparon las alturas de Paso Alto. "Esta vez también la naturaleza estuvo de nuestra parte", apunta el historiador Agustín Guimerá.

Los ingleses retrocedieron al darse cuenta de que se habían equivocado en su estrategia. Nelson debió haberse retirado, su perseverancia hizo que no se rindiera. Llegó la noche del 24 de julio y las tropas inglesas deciden acercarse remando más de dos horas hasta llegar al muelle. Nuevamente fueron descubiertos, el vigía escuchó la operación y dio la señal de alarma. Comienzan los cañonazos.

A la una de la mañana del 25 de julio, los ingleses desembarcan en la punta del muelle, pero el propio almirante es herido de gravedad en su brazo derecho por uno de los cañones de Paso Alto y tiene que volver al navío para salvar su vida. Una nueva tronera se abrió en el castillo de San Cristóbal y los milicianos tinerfeños comienzan la batalla cuerpo a cuerpo en el rastrillo. Son 13 canarios contra 35 ingleses, pero tras una hora de contienda los británicos se rinden. El balance final, más de 50 muertos y 35 prisioneros. Mas tarde comenzarían las guerrillas en la calle con la derrota final del hasta entonces imbatible almirante inglés.

Antonio Rumeu de Armas escribe: "Victoria más digna de admirar si se tiene en cuenta el corto número de las fuerzas españolas que entraron en fuego, con tan solo 320 hombres, cuando hubiesen requerido para actuar con holgura más de 536 servidores".

Con este importante éxito la ciudad consigue ser nombrada como Muy Leal e Invicta y el escudo se completa con la última cabeza de león.

Otras incursiones

Woodes Rogers se apodera de un navío

Otro de los capitanes y corsarios de renombre fue Woodes Rogers aunque su presencia en el puerto capitalino se limitó al apresamiento de un barco tinerfeño y a la negociación de su rescate en el puerto santacrucero en 1708.

1898

América siembra la amenaza

Tras la independencia de Cuba y la pérdida, por parte de España, del resto de sus colonias en América y Asia (Puerto Rico, Filipinas y Guam), cedidas a Estados Unidos, el gigante americano se crece y amenaza con hacerse también con las Islas. Este hecho hace que el puerto santacrucero refuerce aún más sus fortificaciones sobretodo en la zona conocida como la playa de El Bufadero.

Operación Pilgrim

Los británicos vuelven a la carga

Entre los años 1940 y 1943, las Islas Canarias corrieron serio peligro de ser invadidas por las Fuerzas Británicas. El primer ministro británico Winston Churchill comunicó a los EEUU sus planes para invadir Canarias a mediados de septiembre de 1941. Esta amenaza de invasión perdura durante dos años y ello provoca que se levanten numerosas construcciones defensivas especialmente en Tenerife. Prueba de ello son las casamatas que pueblan la costa santacrucera desde San Andrés hasta Paso Alto. La posibilidad de capturar las Canarias se rechazó por carecer los británicos de medios suficientes y tras dar cuenta de que Franco rechaza aliarse con Hitler.

Amaro Pargo

"Temido y admirado a la vez por todos"

Santa Cruz fue también cuna de legendarios piratas y corsarios. Uno de los más conocido, odiado y admirado a la vez fue Amaro Rodríguez Phelipe, más conocido como Amaro Pargo, un auténtico corsario del siglo XVII. Capitán de mar, comerciante de vino de malvasía y aguardiente, poderoso hacendado y noble, todo esto era Pargo. Con todas estas actividades consiguió amasar una inmensa fortuna y forjar así su leyenda. La tradición oral cuenta que pudo ocultar sus fortunas en los escarpados Roques de Anaga pero hasta día de hoy nadie ha encontrado el codiciado tesoro.

Una de sus hazañas más recordadas fue la de salvar la galera del rey que hacían la ruta entre el Caribe y Cádiz de los piratas.

Cabeza de perro

El pirata de Igueste de San Andrés

En una pequeña casita junto al bravo mar de la costa de Igueste de San Andrés nace en 1800 el pirata conocido como Cabeza de perro.
Sus rasgos eran significativos: grueso y rechoncho, de nariz chata, ojos pequeños, boca larga y cabeza muy abultada y algo deforme. Siempre usaba capucha de color negro para ocultar su rostro.

Residió en La Habana, en Cuba y desde allí organizaba los brutales ataques a otros barcos. Tras decidir regresar a su tierra natal fue apresado y conducido al castillo de Paso Alto, poco después moriría fusilado. El estudioso José Manuel Ledesma cuenta que "para dejar constancia de su personalidad arrogante se atavió con un pañuelo rojo en la cabeza y lanzó una mirada y sonrisa irónica mientras recibía los balazos que pondrían fin a su vida".

Milicias canarias

Los héroes anónimos

El historiador Emilio Abad sostiene que Santa Cruz no podría ser lo que es en la actualidad sin la labor de las milicias canarias. "Hombres que sin ser militares defendieron esta tierra dando su vida por ello", indica al tiempo que lamenta que no hayan tenido su merecido homenaje. "Tan solo un callejón de la ciudad hace referencia a las milicias de Garachico, pero en total eran cinco regimientos los que había y no se les ha prestado mayor interés", añade Abad.

La gente de a pie, carpinteros, campesinos y herreros entre otros, que se despojaron de sus herramientas de trabajo y se hicieron con el fusil dispuestos a defender la ciudad son los auténticos héroes de la historia chicharrera. Consiguieron derrotar a Blake, asustar a Jenning y hasta arrancarle un brazo al mismísimo Horacio Nelson.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook