09 de agosto de 2010
09.08.2010
Santa Cruz

La otra cara de El Toscal

Josefina, Rosa y Francisca, tres vecinas del casco histórico, abren las puertas de sus casas a la opinión. En esta zona quedan muchas viviendas que "no se caen"

09.08.2010 | 15:08
El otro Toscal

Los vecinos de El Toscal se quejan de la imagen de desolación que se transmite del barrio. "Y no todo se cae", como quieren dejar claro los vecinos del casco chicharrero. la opinion ha querido conocer la otra cara de un barrio donde existen muchísimas casas que se encuentran en buenas condiciones. Josefina, Rosa y Francisca son solo tres ejemplos de la gran cantidad de vecinos que luchan porque su lugar de residencia tenga el mejor aspecto posible. Sus casas de hecho presentan la estructura original con la que fueron creadas, pero parecen nuevas. Habitar en ellas es totalmente posible. Aunque difícil, se puede vivir en una zona en la que no todos están conformes con defender lo que es suyo.

Josefina y Rosa Aguiar llevan toda la vida viviendo en el casco histórico por excelencia de Santa Cruz. De hecho, nacieron en la misma casa donde residen. Es la otra cara de El Toscal y estas dos hermanas son ejemplo de ella. Su vivienda, de una sola planta, está en perfectas condiciones. En la calle Santiago todavía se encuentran muchas casas con un aspecto impecable, con una imagen y estructura que se conserva desde los inicios de la construcción del barrio.

Justo al lado, un número más, vive Francisca Padrón. Son casi familia. No entienden su día a día sin estar las tres juntas. Llevan siendo vecinas toda la vida. Francisca comenta que se llaman por el patio, sin utilizar el teléfono. "Es la única forma de oírnos". No pueden estar más contentas con su hogar. Las paredes son muy gruesas y los ruidos casi inexistentes. Nadie les molesta.

Creen que el lujo de vivir en este tipo de casas ya no se tiene. "Hoy solo se venden pisos". La tranquilidad que aporta este tipo de edificaciones, "sin casi ruido y sin vecinos encima", da a estas mujeres una calidad de vida que hoy en día no se consigue "en ningún otro lado".

Las tres sienten muchísima pena por la imagen que se está dando del barrio. Josefina enseña orgullosa su recorte de prensa, dentro de un marco de fotos, con información sobre la declaración de El Toscal como Bien de Interés Cultural. Asegura que si no fuera por esa protección, "nos habrían tirado el barrio".

Volviendo atrás en el tiempo recuerdan con tristeza cuando desde el Ayuntamiento les aconsejaron que abandonaran sus casas, "que nos fuéramos para otro lado". No quisieron moverse y por las ganas que tienen, nunca lo harán. Rosa piensa que esta histórica zona de Santa Cruz "es muy golosa porque está justo en el centro". Pero nadie las va a echar de allí. Al menos mientras puedan luchar, no se marcharán. "Merece mucho la pena pelear por lo que es nuestro". "Las casas están hechas para durar, pero hay que cuidarlas", comenta Francisca.

Son fuertes y resistentes, pero necesitan mantenimiento. La aparición de humedades es uno de los principales problemas con los que se encuentran. La tosca, material con el que se construyeron estas viviendas y de cuyo nombre salió el del barrio, es poroso. Las paredes, poco a poco, se van empapando del agua que absorben del suelo y de la lluvia. Con la presencia del calor se evapora y surge la humedad. De ahí, la importancia de cuidarlas constantemente porque por mucho que "les demos una mano de pintura, siempre vuelven a aparecer".

Años atrás pintaban la fachada de su casa al menos cada doce meses. Ahora, con menos dinero en el bolsillo por culpa de la crisis, no pueden hacerlo. Desearían tener más ayuda del Ayuntamiento. "Si les dejamos que pinten ellos, pasa el tiempo y, cuando te descuidas, vienen y la pintan del color que les sobra". Por eso prefieren hacerlo ellas mismas. Además, apuestan porque se enseñe a los jóvenes "un poco de civismo" para que las paredes aguanten un poco más de tiempo limpias y sin pintadas.

Tampoco el Consistorio les deja cambiar las ventanas que dan a la calle, "cosa que está bien, porque así todas las casas se parecen". Sin embargo, las limitaciones son tantas que tampoco "abren mucho la mano" con las obras en el interior de las viviendas. Confían en que no dejar hacer obras sirva para mantener al menos la idiosincrasia de la zona y no para dejar abandonadas y sin ningún tipo de rehabilitación las viviendas. "A veces nos gustaría estar un poco más cómodos", explican, "pero no siempre nos dejan acondicionar mejor lo que tenemos". A pesar de todo, les gusta como viven y "una cosa compensa la otra".

Las casas de estas chicharreras conservan, en muchas de las habitaciones, las baldosas que se pusieron en la construcción inicial de la casa. Solo ha habido, con los años, algún cambio. "Este piso del salón antes era de madera, pero mi madre se mataba para limpiarlo y mi padre acabo poniendo éste. No sé ni cuántos años tendrá".

Cada habitación está separada por su puerta. Incluso se encuentran para separar una habitación de otra. Rosa ha puesto por cada lado un armario. "Es curioso la cantidad de puertas que se montaban antes. Nos sobran", comenta entre risas. Si algo destaca de su casa es el patio. Lleno de plantas y con mucha luz, el calor ni se nota. Es en esta parte de la vivienda donde se sientan cada tarde a leer y a hablar. "Es que es un placer estar aquí". La tranquilidad es sobre todo lo que más valoran a esta alturas de su vida.

Entre los principales motivos que encuentran estas toscaleras para explicar el abandono del barrio están las muchísimas viviendas que ya han pasado a pertenecer a los herederos. "Hay muchos que se desentienden, porque no viven en Tenerife o porque no les interesa". Invertir en El Toscal no les sale rentable porque "ya tienen que mantener su propia casa". Que se pongan de acuerdo es otro problema. "Si deciden entre varios lo que se hace con su herencia, no se aclaran y dejan abandonada la casa". Pero ellas sí que necesitan que sus casas estén bien. Viven allí cada día y no pueden permitirse tenerlas en mal estado.

Ciudadelas
De las cuatro ciudadelas que existen en el barrio de El Toscal, tres se conservan en buen estado. La única que no ha corrido con tanta suerte es la de Las Tribulaciones. Estos conjuntos de vivienda muy económicas fueron construidas en su época como una forma de aprovechar al máximo el espacio. Se levantaron en torno a un patio central, organizadas a ambos lados de un callejón sin salida, más o menos estrecho.

Hace años, las ciudadelas solamente contaban con un único baño y cocina para todos los vecinos, pero hoy cada vivienda es independiente y su conservación varía según el gusto y las posibilidades económicas de cada familia.

En la ciudadela del callejón Ravina hay 16 en total, todas de diferente color. La pega es que al menos dos de ellas se encuentran en estado de abandono, cerradas con candado para que nadie entre. Sus habitantes están muy a gusto con este estilo de vida cercano a la comuna. "Tenemos suerte, al menos a nosotros nos cuidan un poco", asegura uno de ellos. Consideran que en su calle las casas "no se están cayendo", algo que aseguran pasa también en muchísimas otras zonas, porque "El Toscal no se derrumba". Eso sí, creen que hay que recuperar el barrio, arreglar las viviendas en lugar de tirarlas. Así todas serían tan deslumbrantes como las de Josefina, Rosa y Francisca.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook