19 de julio de 2010
19.07.2010
Patrimonio Histórico

Ermita de Nuestra Señora de Regla, donde yacen los santacruceros

Cientos de ciudadanos aquejados de fiebre amarilla fueron enterrados bajo el templo

19.07.2010 | 13:20
Ermita de Nuestra Señora de Regla, donde yacen los santacruceros

En 1643, concluida la construcción del castillo de San Juan, el Cabildo consideró conveniente dotar a su guarnición de un oratorio o capilla en lugar cercano, puesto que entonces aquellos parajes quedaban muy alejados de la población.

Este fue el origen de la actual ermita, al principio dedicada a Nuestra Señora de Guadalupe, que con las de San Telmo y San Sebastián son las tres únicas que han sobrevivido en la geografía urbana. Por su indudable valor histórico para la ciudad, siempre será poco lo que se haga para conservarlas. La imagen que la preside, actualmente conocida como Nuestra Señora de Regla, de gran devoción entre mareantes y emigrantes indianos, por el peligro de ruina que presenta el pequeño templo se custodia hoy en San Telmo.

Su recinto ha sido utilizado para diversas funciones ajenas al culto, tales como hospitalillo de aislamiento, depósito militar cuando la repatriación de las tropas de Cuba en 1898 y como escuela para el barrio de Los Llanos. Pero lo que más marcó su historia fue el hecho de haber sido utilizado para enterramientos con motivo de la grave epidemia de fiebre amarilla de 1810-1811. Los restos de cientos de nuestros antiguos conciudadanos yacen bajo su pavimento en apretadas zanjas, especial motivo por el que merece nuestro respeto y todo el esfuerzo posible para su restauración.

Para ello, el principal inconveniente estriba en que habiéndose elevado innecesariamente las rasantes de las vía colindantes, a poco que llueva algo más de lo normal sufre inundación por las aguas que invaden su recinto. El único remedio definitivo –puesto que casi lo único original que se conserva es el arco toral, fácil de reconstruir- sería elevarla en nueva obra sobre el mismo emplazamiento, recuperando su cubierta de tejas árabes a cuatro aguas, así como su espadaña en fachada al lado de la Epístola, puesto que la actual resulta fuera de contexto a más de desproporcionada. La historia de esta ermita –que es parte de la de la ciudad- y la memoria de los vecinos que bajo su pavimento yacen y que durante centurias le prestaron su apoyo y devoción, bien se merecen cuanto se pueda hacer para su rehabilitación.
* de la Tertulia Amigos del 25 de Julio

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