04 de julio de 2010
04.07.2010
Voluntariado juvenil

Las 'cajas solidarias' llegan a su destino

Los jóvenes de Aruad de San Andrés entregaron los donativos recolectados

03.07.2010 | 03:29
Miembros de la Asociación Aruad de San Andrés y de la Asociación San Vicente de Paul en la entrega.

No hay satisfacción comparable a la certeza de haber culminado una buena labor. Esto pensaron los jóvenes de la Asociación juvenil Aruad, de San Andrés, que no conformes con haber recolectado más de 200 kilos de comida con su iniciativa de las cajas solidarias, se aseguraron además de que los alimentos llegasen a su destino.

Felices y con la ilusión de quien sabe que está contribuyendo con una buena causa, cinco promesas del voluntariado se desplazaron ayer desde Anaga hasta el barrio de Las Cabritas, en Ofra, para hacer entrega de las nueve cajas de comida que recolectaron con el proyecto pionero que desarrollaron en la plaza de la Iglesia de San Andrés el pasado 12 de junio.

La Asociación Nacional de la Caridad San Vicente de Paul, Grupo San Pío X, fue la encargada de distribuir la comida entre los más necesitados. En la preparación de las bolsas contaron con la ayuda de los chicos de Aruad, quienes aprendieron, además, la importancia de la labor que se realiza en este tipo de Asociaciones de carácter asistencial, por la que muchas personas pueden subsistir mes a mes, máxime en tiempos de crisis.

Más de 50 personas o familias tienen desde ayer sus despensas un poco más llenas. En cuanto al perfil del beneficiario, no se ciñe, ni mucho menos, a un patrón único. "Aquí tenemos de todo, desde padres de familia que se quedan en paro, mujeres solteras, con niños e hipoteca y que no tienen para comer, hasta personas que viven solas en condiciones preocupantes de pobreza", explica Carmen Correa, la presidenta de la Asociación Nacional de la Caridad San Vicente de Paul, Grupo San Pío X.

Para que estas vidas anónimas obtuvieran sus alimentos había que poner fin a la labor solidaria surgida de las inquietudes juveniles de Aruad. El trabajo comenzó pronto, Yone Febles, secretario de la asociación juvenil y cuatro de sus compañeras llegaron a la sede de San Vicente de Paul con el furgón cargado de cajas solidarias. Las propias niñas insistían en comenzar el trabajo, para lo que contaron con el asesoramiento de los miembros de la organización de la caridad, que lleva 25 años repartiendo comida y dando cena en coordinación con las hermanas de la Calle La Noria.

La solidaridad es cuestión de práctica y costumbre. "Un paquete de café, otro de lentejas, el azúcar, el gofio, las conservas...", así cantaba Carmen Correa, presidenta de la organización caritativa, mientras elaboraba algunos paquetes como ejemplo, hasta que las niñas cogieron el ritmo de la tarea y se hicieron con el control del reparto.

San Vicente de Paul se sostiene con la colaboración de Caja Canarias, pero cualquier ayuda es siempre bien recibida. "Para nosotros no tiene precio lo que están haciendo estos niños, sobre todo ahora que ha aumentado la demanda y los alimentos para repartir escasean", asegura Correa, mientras lanza una mirada de agradecimiento a los responsables del milagro de la solidaridad juvenil.

Pero no sólo los beneficiarios de la ayuda se sienten afortunados por recibirla, sino que los responsables también tienen su gratificación. "Prefiero estar aquí, donde sé que soy útil, que estar en la playa", afirma Dara Rodríguez, una de las voluntarias de la caja solidaria, mientras prepara las bolsas de comida.

A partir de ahora, las personas que colaboran con cajas solidarias, podrán tener la certeza de que la comida, la ropa y los juguetes de las donaciones llegan a quienes los necesitan. De eso se encargará Yone Febles, que ahora se encuentra preparando otras ediciones de la recolecta con asociaciones juveniles de otros barrios de Santa Cruz de Tenerife.

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