19 de octubre de 2009
19.10.2009
A vista de mujer (XXXIII)

Sara Cabrera, la alfarera del Puerto de la Cruz

18.10.2009 | 21:50
Sara Cabrera (1926) aprendió el arte de la alfarería en La Gomera y hoy sigue creando figuras en el Centro de Mayores del Puerto de La Cruz.

Volvemos otra semana más al "Tenerife de ayer" de nuestra gente. En El Puerto de la Cruz nos encontramos con una de las últimas alfareras de nuestra Isla, Sara Cabrera, quien nos conduce a través de su memoria hasta su infancia en La Gomera, donde más tarde aprendió el noble arte de la alfarería.

"A vista de mujer" nos trasladamos hasta un 12 de mayo de 1926, en Vallehermoso, La Gomera. A la orilla del mar nace Sara Cabrera García, "en una casita de costa" reforzada por su padre para soportar las mareas y el viento que llegaban a la playa de Vallehermoso. Su padre era consignatario de barcos y "gracias a eso yo y mis cinco hermanos podíamos acudir a la escuela del pueblo. Manuel Lérida nos enseñó a leer y a escribir. Estudiábamos en un castillo y él bajaba todos los días a darnos las clases en la torre", asegura. Contrataban al único taxi que había, el de Toñico, para que les subiera los tres kilómetros de pendiente repletos de subidas y curvas hasta la escuela.

Hasta que los gastos fueron más que lo ganado, llegando así los malos tiempos o "de vacas flacas", como nos señala Sara, y decidieron prescindir de los servicios de este taxista porque "no teníamos dinero para pagarle".

Sara tenía tantas ansias de seguir estudiando que no le importaba subir todos los días esos tres kilómetros caminando. "Iba todos los días al colegio, hiciera frío o calor", nos cuenta. "En esa época nos daba clase Carmen Luengo. Llegó a ser la primera alcaldesa de España. Era muy estricta, y cuando salíamos a pasear nos ponía a las niñas lazos blancos en la cabeza".

Más tarde la ilusión de Sara, la de ir a la Universidad, la ilusión de muchos jóvenes de aquellos años de la posguerra, se ve realizada. A los 16 años se separó por primera vez de su maravillosa Gomera para cumplir sus sueños en Tenerife. En la Escuela de Comercio de Santa Cruz de Tenerife cursa Perito Mercantil, profesión que nunca ejerció. "Tenía la vida muy ocupada con los negocios y criando a mis hijos, pero cuando ya se hicieron mayores decidí montar una escuela de alfarería. Era una curiosidad que tenía desde chiquita. Me ponía a ver a Guadalupe, la alfarera, en Vallehermoso y me fascinaba".

Venir a Santa Cruz. Sara lo tenía fácil para venir a Santa Cruz. Gracias a la posición de su padre como consignatario su pasaje en barco era totalmente gratuito. El viaje duraba tres o cuatro días. Además al no contar aún con carreteras en La Gomera el correíllo se veía obligado a pasar por todas las costas de los municipios recogiendo al pasaje. "Pero yo no me podía quejar porque viajaba en camarote, con comida caliente, y además iba a Tenerife para ver cumplido mi sueño, la Universidad", nos asegura.

Su juventud está también llena de muchos recuerdos gratos. "Me acuerdo de los bailes en Santa Cruz, en el Círculo Mercantil. Las chicas eran unas descaradas, tocaban a los chicos con mucha facilidad y fumaban", nos cuenta escandalizada. "Nosotros en La Gomera íbamos a los bailes de Vallehermoso. Eran muy importantes y los chicos venían en caballo o caminando desde Agulo o Hermigua para no perdérselo. Nosotras íbamos con mi tía y no nos dejaba ni acercarnos a ellos. Cuando acababa el baile, los chicos cogían el guarapo de la palmera para dárselo a las chicas. Estaba fresquito y muy dulce, pero nosotras no lo podíamos coger".

Las Saritas. Sara, una vez ha criado a sus hijos, decide montar una escuela de alfarería en el barrio santacrucero de El Toscal. Se iba en vacaciones a la Península a estudiar con los mejores alfareros. "Una de las figuras que hicimos la llamamos Las Saritas, porque era una campana con forma de niña que tenían las manos siempre detrás, igual que yo. Por eso se le ocurrió a los compañeros ponerle mi nombre", cuenta orgullosa.

Tras su jubilación, establece su estancia en su casa de Laguna y es allí donde escribe su libro "La alfarería popular de El Cercado", publicado por el Centro de la Cultura Popular Canaria. Tras la publicación de este texto decide buscar una localidad "donde haya más vida y es cuando me vengo a vivir al Puerto de la Cruz". Hoy, colabora activamente en el Centro de Mayores del Puerto de la Cruz, donde por fin ha podido practicar todo lo que sabe alfarería.

Así, con la fuente oral de Sara, "Tenerife de ayer" da el paso de entrada en el Puerto de la Cruz, al que regresaremos el próximo lunes. Les esperamos.

La boda

En aquellos tiempos, cada vez que se casaba alguien en La Gomera, como en el resto de nuestros municipios, era todo un acontecimiento. "Hay una boda que no olvidaré, que era muy importante. Por la tarde, nosotros teníamos que estar al toque de la oración en casa. Pero esta boda era de mucha alcurnia y estábamos casi todo el pueblo", recuerda Sara. "Sin querer nos despistamos y llegamos tarde a casa. Casi no lo cuento, mi madre se enfadó conmigo tanto que nunca lo olvidaré. Imagínate si han cambiado los tiempos. Pero eso sí, yo quería ver a la novia y la vi".

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