21 de febrero de 2007
21.02.2007

Dámaso, 'El Brujo' de El Moquinal

´El Brujo´ llegó a ser el delincuente más buscado por las Fuerzas de Seguridad, tras su fuga de Tenerife II y sobre todo por el asesinato de una pareja de senderistas alemanes. Esta es la parte de su otra historia mientras permaneció huido.

21.02.2007 | 00:35
Dámaso Rodríguez Martín, más conocido como Maso, el Brujo.

Dámaso Rodríguez Martín, más conocido como El Brujo, sembró en 1991 el terror en la zona del Moquinal, donde buscó refugio tras su huida de la prisión Tenerife II donde cumplía condena por una violación y un homicidio. Su sed de sangre le llevó a asesinar a una pareja de senderistas alemanes. Un mes después de su fuga fue abatido por la Guardia Civil.

Corría el año 1991 cuando el nombre de Dámaso Rodríguez Martín, más conocido como El Brujo, saltó a las primeras páginas de los periódicos tras fugarse de la prisión Tenerife II, donde cumplía condena por la violación de una joven y el homicidio de su novio cuando se encontraban en el interior de un turismo en el monte de El Moquinal. En su huida asesinó a un matrimonio alemán que hacía senderismo por los montes de Anaga, concretamente en la zona de la Cruz del Carmen y el Roque El Moquinal.
Este peligroso delincuente comenzó su rocambolesca fuga el 24 de enero de 1991 hasta que un mes después en que pudo ser abatido por fuerzas de la Guardia Civil, tras ser perseguido por diferentes unidades del instituto armado, que lo cercaron en una cuarto de aperos donde buscó refugio por el agotamiento, frío y hambruna que pasó. Hoy en día, pronunciar su nombre entre los lugareños infunde cierto temor.
El mismo día 24 sobre las 15:15 horas, en una zona abrupta del Roque El Moquinal, la Guardia Civil recuperaba el cadáver de la ciudadana alemana Marta Küpper, asesinada por Dámaso Rodríguez Martín y que presentaba evidentes signos de estrangulamiento.
Dámaso Rodríguez conocía a la perfección el monte, tanto que durante el tiempo en que estuvo fugado sustrajo comida a Benita Rodríguez Siverio entre el 17 a 18 de enero. Los días 23 y 24 de enero asaltaría la cueva de Francisquito donde se apoderó de cerveza y un machete de plataneras.
Una semana después le tocaría el turno a la cueva de Sinesio Báez Báez, ubicada en la zona de conocida como Camejo, donde sustrajo comida, bebida y tabaco, concretamente Record y Krugger.
Entre el 8 y el 11 de febrero se acercó a las casas de José Deniz Rojas, la primera en Tames, cerca de La Escalera, bajada de Chinamada, entre el Batán y Las Carboneras, donde nuevamente hizo acopio de provisiones y dos mantas. En la segunda vivienda, situada a 500 metros de la anterior en el paraje llamado Las Tosquillas, robó aceite de oliva, jugo y vinos.
No será hasta el día 12 de febrero cuando la Guardia Civil localiza una de las cuevas refugio en un lugar muy próximo a Las Carboneras, donde se le ocuparon numerosos efectos entre los que había un tronco hueco para hacer fuego en su interior y un saco de dormir hecho con tela impermeable.
Este duro golpe le hizo acercarse hasta el domicilio de Secundino Rodríguez donde sustrajo un transistor que vino a suplir el que le intervino la Guardia Civil en su cueva, así como comida y mecheros.
El día 30 de enero la Guardia Civil a punto estuvo de detenerlo cuando una patrulla de Equipo de Rescate e Intervención en Montaña (Ereim) divisó a Dámaso Rodríguez, en el lugar conocido como Casa Grande, portando un morral claro en la mano y una escopeta en la otra. A pesar de que se contó con apoyo aéreo, se le perdió el rastro.
El día 5 de febrero llega a la Isla un grupo de Montaña que permanece concentrado y que llega a vivaquear en la zona donde se sabía que se movía el fugado.
La osadía de Dámaso Rodríguez llegó a ser tal que incluso se acercó a la casa de sus suegros donde sustrajo una escopeta de caza, a pesar de que la Guardia Civil tenía establecidos varios apostaderos y con señuelos en caminos, galerías y cuevas.
El hecho de hubiese llegado hasta la casa de sus suegros donde logró apoderarse de la citada arma de fuego hizo que la Policía Nacional tuviese que prestar protección a sus familiares en El Batán.
La Guardia Civil contó con el apoyo de guardas forestales y de la Federación de Caza, verdaderos conocedores del monte, pero toda esa ayuda sirvió de poco, puesto que El Brujo logró llegar hasta la casa de una vecina de El Batán a la que agredió sexualmente.
Sin embargo, el cerco se iba estrechando a medida que pasaban los días. Su paso por diferentes barrancos era detectado por la huellas que dejaba. En otras ocasiones, la Guardia Civil estableció diversos puestos de escucha, lo que en algunas ocasiones permitió oír sus pasos a través de la tupida laurisilva.
Finalmente, una pareja de la Guardia Civil del puesto de Tacoronte al frente del cual se encontraba el sargento comandante de puesto. detectó la presencia de Dámaso Rodríguez.
Cuando el suboficial trató de acceder a la casa fue recibido con fuego de escopeta. El agente respondió a la agresión efectuando varios tiros. Pero El Brujo no era presa fácil y lo que tenía bien claro era que no iba a entregarse. Así que intentó acabar con su vida, para ello colocó la escopeta de caza bajo su barbilla y con los dedos de uno de sus pies efectuó un disparo que debido a la longitud del arma no le reventó la cara como hubiese sido su deseo. Posteriormente, hubo otro intercambio de disparos entre la Benemérita y Dámaso Rodríguez, que le alcanzaron y que significaron su fallecimiento.
La noticia de su muerte corrió como el reguero de la pólvora, y muchos aún piensan que El Brujo está penando por los montes de El Moquinal, tratando de huir de su terrible pasado. Unos sucesos que se solaparon a la celebración de Carnavales de aquel año.

Sangre fría y dominio de sí mismo

Si hay algo que definiese a Dámaso Rodríguez Martín era, por un lado, su sangre fría y el dominio de sí mismo, así como el profundo conocimiento del monte que le vio nacer. Desde pequeño se dedicó a la agricultura y al cuidado de las bestias, por lo que pasaba la mayor parte del tiempo a la intemperie. A ello se unía su conocimiento de las técnicas de supervivencia tras su paso por La Legión. Desde joven comenzó a llevar a cabo pequeños robos en la zona, pero su carácter violento y la contrastada fama de bravucón y pendenciero le llevaron a pisar la prisión Tenerife II, tras asaltar a una pareja que se encontraba en el interior de un turismo en el monte de El Moquinal. Al novio lo mató y con el cadáver en el interior del vehículo violó a la muchacha. Pero no sería esta la única muerte a sus espaldas, ya que posteriormente acabó con la vida de un matrimonio de alemanes. Todo parece indicar que le imploraron por sus vidas por cómo fue hallado el cadáver del marido, pero no tuvo compasión. A la mujer la agredió sexualmente y luego la estranguló con las medias de la víctima.

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