03 de diciembre de 2018
03.12.2018

Una lucha por conocer la verdad

La familia del policía nacional de Gáldar José Tacoronte gasta miles de euros en estudiar las causas de su muerte hace 23 años

03.12.2018 | 01:04
Momento en el que se extrajo el cuerpo del interior del nicho.

La familia del policía nacional de Gáldar José Tacoronte lucha desde hace más de 20 años por conocer la verdad. La exhumación ahora del cadáver del agente para la realización de la autopsia al cuerpo revela que sufrió tres golpes mortales aquel verano de 1995 y sus parientes han temido durante todo este tiempo que fuese asesinado, ya que siempre han creído que sabía demasiado sobre una trama policial vinculada al tráfico de drogas. El gran paso llegó en septiembre de este año, cuando la Audiencia Provincial dictó un acto que les permitía recuperar los restos para aclara las causas de su muerte.

La extracción tuvo lugar hace poco más de una semana en el cementerio de San Isidro de Gáldar y se prolongó durante casi nueve horas. Entre los expertos contratados por la familia se encontraban el médico forense Aitor Curiel y la especialista en Microbiología Marta Domínguez; los criminólogos Félix Ríos y Óscar Díaz; los abogados, Alberto Navarro y Alfredo Estupiñán, que ha llevado el litigio para los parientes; y distintos familiares, personal municipal y el notario Roberto Baltar para dar validez al proceso, ante la ausencia de una representación del juzgado de Guía.

El trámite se inició con la retirada de la lápida a las 08:14 horas. El féretro se encontraba totalmente deteriorado, pero el cuerpo pesaba bastante, pese a los 23 años transcurridos. La razón es que los restos aparecen parcialmente momificados, lo que permitió que la putrefacción se ralentizara y tuviera una mejor conservación. La autopsia se realizó en la sala principal del tanatorio de San Isidro, a pocos metros del camposanto.

El cuerpo conservaba la misma posición que indican las fotos realizadas al izarlo a un helicóptero para su traslado tras su descubrimiento, el 23 de agosto de 1995 en la costa de San Felipe de Guía, y también mantenía los plásticos usados en aquel momento. Esto indica que apenas fue movido luego y que el reconocimiento forense fue externo, como venía sosteniendo la familia.

La autopsia revela tres golpes mortales en el cuerpo, que pudieron ser compatibles con una caída antes de morir, pero también abre otras hipótesis. El cráneo presentaba una fractura de unos 20 centímetros, con un "politraumatismo encefálico severo, mortal de necesidad", según los datos provisionales. El segundo fue cervical y el último golpe en las vértebras. A su vez, sufrió una fractura de clavícula, que está rota en tres trozos. Aunque no fue mortal, también deja abierta cualquier teoría. En este caso, y a pesar del tiempo transcurrido, quedaron restos de sangre por las hemorragias. Esto indica que estuvo con vida tras sufrir esa lesión.

Tras el estudio detallado, el cuerpo fue recompuesto en su totalidad.

A las 15:00 horas, más de cinco horas después, se procedió a la inhumación de José Tacoronte. Salvo dos cajas que contenían 18 muestras, serán ahora enviadas a través de funerarias hasta Valladolid para un estudio mucho más profundo por el reputado forense Aitor Curiel, que deberá aclarar si las lesiones de los huesos fueron producidas antes de su muerte o bien fueron posteriores. Esas arcas separadas del resto contienen restos óseos de las costillas, cráneo, vértebras, cervicales y de otros huesos, que presentaban algún tipo de lesión y que determinarán las posibles causas del fallecimiento del policía.

A su vez, también se apartaron unas piedras que se encontraban junto a los restos del agente. Las rocas serán estudiadas por geólogos, muy posiblemente en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. El objetivo es comprobar si forman parte de la zona en la que se halló el cadáver en 1995 o bien son ajenas. Esto desvelará si estuvo en otro sitio antes y fue arrojado al lugar.

Además, se recurrirá a un dron para intentar ver desde el aire si existe alguna gran roca que causó el golpe mortal en la caída, ya que la loma está formada por gravilla. "Debía ser una piedra muy grande, por el tipo de lesión", según el criminólogo Óscar Díaz.

Una de las conclusiones alcanzadas es que no se hizo autopsia tras su muerte, sino que tan solo se realizó un reconocimiento externo. Entre otras razones, porque presentaba la misma posición de rana que reflejan las fotos que se sacaron tras izarlo en un helicóptero, ya que inicialmente estaba semiextendido. Si se hubiera llevado a cabo el análisis, se le hubiera estirado en la mesa de trabajo.

El análisis preliminar descarta un atropello, ya que los huesos más alargados no presentaban fracturas. También se excluye el suicido, porque el agente no reunía el perfil y también se descarta la zona, porque a 15 metros había un precipicio donde podía haberse arrojado.

La familia, que se ha gastado miles de euros en la exhumación y en contar con reputados expertos, baraja presentar una denuncia porque entiende que la Administración debió practicarle una autopsia tras aparecer el cuerpo. "Todo el mundo tiene derecho a saber las causas de la muerte. No solo ahora, sino hace 23 años. Es un derecho constitucional, y es la familia la que está gastándose el dinero para saberlo", según el criminólogo.

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