10 de junio de 2018
10.06.2018

"Suerte que no estaba la niña"

La nieta de la víctima, de dos años, solía pasar las mañanas con el matrimonio. "Estamos asombrados", asegura uno de los vecinos

10.06.2018 | 10:11
"Suerte que no estaba la niña"

María Soledad A. R. tenía dos hijos adolescentes en común con Ángel y otra hija más, de 28 años, fruto de una relación con una pareja anterior. Esta había hecho abuela a su madre en dos ocasiones, la última vez hacía apenas dos años con una nieta. La pequeña pasaba todas las mañanas junto a su abuela en La Matula, pero hacía una semana que la hija de María Soledad A. R. había perdido el trabajo. Esto hizo que la niña no estuviera el viernes en la casa.

Los vecinos de La Matula están consternados. En la mañana de ayer, apenas dos o tres personas pasaban por la empinada y tranquila calle de la Felicidad, donde un día antes había tenido lugar un crimen. "Estamos asombrados", acertaba a decir uno de esos residentes poco antes de abandonar la ladera del barranco de Guiniguada en una moto. Otros aseguraban el viernes que por suerte la nieta de María Soledad A. R., de dos años de edad, no estaba aquella mañana en el domicilio como ocurría normalmente.

Y es que la hija mayor de la fallecida solía dejar a su pequeña en casa de su abuela durante las mañanas mientras trabajaba en una clínica dental situada en la ciudad baja. Sin embargo, hacía una semana que se había quedado sin empleo. Esto hizo que la mañana del pasado viernes María Soledad A. R. y Ángel estuvieran solos en la casa terrera después de llevar a sus dos hijos adolescentes al instituto. "Suerte que la niña no estaba aquí por la mañana", apuntaba el pasado viernes Manolín, el vecino que entró en el domicilio para rescatar al matrimonio.

La pareja también se encargaba de cuidar a la madre de ella, que residía en el piso superior del inmueble de fabricación propia de dos plantas de altura y que falleció hace aproximadamente un mes, según indicaron los residentes, quienes destacaron en todo momento el papel de "padrazo" que hacía Ángel con sus dos hijos.

"Lo de las puñaladas me tiene descolocado", repetía Manolín al conocer que la muerte de Marisa no se había producido por el fuego que supuestamente había provocado Ángel sino por las puñaladas que éste le había infligido a su mujer por la espalda. "Si no vimos nada, no tenía heridas ni nada", añadió en un principio para después reseñar que pusieron una almohada a la mujer cuando la dejaron sobre el descansillo de la escalera pública y que cuando la recogió estaba repleta de sangre. Asimismo, otro de los rescatadores señaló que la fallecida tenía varios cortes en el cuello, aunque lo atribuía a los cristales que salieron despedazados por la deflagración que apenas dejó daños menores en la vivienda que ayer continuaba precintada por la Policía Nacional.

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