02 de junio de 2018
02.06.2018
Fuego en un edificio de Canarias

Una mujer muerta y 11 vecinos heridos en un incendio en un piso de La Feria

Un cigarro en un colchón provocó el fuego en la primera planta de un edificio de ocho alturas

02.06.2018 | 14:06
Una mujer muerta y 11 vecinos heridos en un incendio en un piso de La Feria
Incendio en una vivienda de La Feria.
Incendio en una vivienda de La Feria.

Un cigarrillo en un colchón fue el detonante de la pesadilla que vivió ayer una comunidad de vecinos de La Feria. En cuestión de segundos el fuego se propagó por el primero A de un edificio en la calle Diego Betancor Suárez, y el humo alcanzó las ocho plantas bloqueando a los vecinos en sus hogares. Se iniciaron así unas complejas labores de evacuación que se extendieron más allá de las dos horas. El suceso se saldó con una fallecida, tres personas trasladadas al Hospital Doctor Negrín por intoxicación por inhalación de humo y al menos otras siete personas atendidas en la zona con cuadros de ansiedad e insuficiencia respiratoria.

De un lado, la fachada de un edificio tintada de negro, una calle vacía, un agente de policía y un bombero solitario en lo alto de la escalera de un camión del Servicio de Extinción de Incendios, Salvamento y Rescate de Las Palmas de Gran Canaria. Parece el epicentro de una tragedia días después de la misma, cuando la ansiedad da paso a la reflexión y el silencio reina en el lugar de los hechos. "¡Hay un muerto!", grita un niño mientras baja la cuesta y señala el área, dejando caer a los despistados que aquello no ha terminado y que lo que ven es solo la cara 'a' de un suceso que poco antes de las dos de la tarde de ayer acababa de comenzar.

Del otro lado, varias cabezas inquietas, algunas con mascarillas, asoman por las ventanas del mismo edificio en busca de aliento. Detrás de ellas puede verse el humo ganando terreno. Un gato sale a la cornisa, más por asegurar sus pulmones que por hacer gala de funambulista. Debajo de él, en la acera, descansa el cuerpo de Mariana, de 62 años, tras confirmarse su muerte con motivo de una parada cardiorespiratoria por inhalación de humo. Personal de la ambulancia la cubre con una manta isotérmica ante la atónita mirada de numerosos viandantes, que no dan crédito al triste desenlace del incendio. Abajo, una mujer con hollín en los labios llora desesperada y se debate entre el desmayo y la lucidez. Es la persona en cuya vivienda se inició el fuego, que cae finalmente en la acera dejándose vencer a un ataque de ansiedad que se venía anunciando minutos antes.

De la puerta del edificio sale un bombero abatido. Se retira el casco, descansa su fatiga en la acera y un compañero le acerca una botella de agua, que él se derrama entera en la cabeza. Salen también dos niños que se retiran las mascarillas y responden con el brazo en alto y sonrisa de alivio a la invitación de un bombero a chocar los cinco. Se acercan a la zona donde esperan los familiares y abrazan a su tía.

Allí aguarda también Francisco Rodríguez junto a su hijo, de unos dos años, a que su novia sea rescatada. Están en ello el Servicio de Urgencias Canario con tres ambulancias de soporte vital básico, dos ambulancias medicalizadas y un vehículo de intervención rápida. También la policía nacional, la local y los bomberos. Además, hay en el terreno una ayudante que nadie se espera, Laura Miranda. Se trata de la presidenta de la comunidad, profesional del ámbito de la salud, quien se encuentra en el edificio en el momento del incendio. Miranda viene y va a un ritmo armonioso en coordinación con todas las unidades desplegadas. Abraza a una vecina, se limpia el hollín, habla con un policía, y continúa con el trajín. Conoce el edificio como la palma de su mano y sirve a los operarios de guía y soporte en sus labores de rescate. Su familia la espera mientras presencia la valentía y la rapidez de una mujer que el día 1 de junio de 2018 salvó varias vidas y que no pensó en parar "hasta que todos los vecinos estén a salvo".

Conforme pasan los minutos, la acera de la calle Diego Betancor Suárez se va llenando de personas que pululan por el área toalla húmeda en boca y nariz, y móvil en mano. Son conscientes de que son las afortunadas de este suceso, una pesadilla que dejó una persona fallecida, varias en el hospital, otras tantas tumbadas en la acera, y a ellas, que con la piel cubierta de hollín y la mirada perdida que salen a cuenta gotas del edificio y van sumando sonrisas a los rostros de quienes esperan con un abrazo.

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