09 de julio de 2010
09.07.2010

La juez fija con urgencia la vista por los malos tratos

La compañera de este hombre parapléjico pidió también una orden de alejamiento para su hijo de 17 años

09.07.2010 | 14:17
Juan Francisco Marrero García.

A las 10:00 horas de la mañana de hoy está previsto que se celebre en el juzgado de Violencia de Género número Uno de la capital tinerfeña, la vista acerca de la denuncia interpuesta por una mujer contra el que había sido su compañero sentimental durante veinte años y que se encuentra en silla de ruedas tras sufrir un accidente laboral hace siete.

La mujer, Mercedes Hernández Díaz acusa a Juan Francisco Marrero de haberle tirado de los pelos, propinarle un manotazo en el pecho y arrastrarla por la habitación. Estos extremos fueron desmentidos por el hijo de la pareja de 17 años, Eduardo, que contó que su padre sólo agarró por la mano a su progenitora cuando esta intentó pegarle por recriminarle que ella no podía echar de casa a su padre, puesto que esa era su vivienda.

El caso que ha causado gran malestar por la desacertada medida cautelar dictada por la titular del juzgado, que ni tan siquiera accedió a salir de su despacho para comprobar si era posible que un parapléjico con el 90% de su cuerpo con parálisis y que no ve por el ojo izquierdo, pudiera ser el autor de los presuntos malos tratos de los que se le acusa.

La abogada de Juan Francisco se mostró satisfecha por la rapidez del juzgado en citar para hoy a las partes implicadas, dada la imposibilidad de que su cliente pueda permanecer en el Albergue, dado que por sus minusvalía requiere un sitio adaptado, como es el caso de su domicilio en el barrio de Añaza, donde él mismo costeó las obras de remodelación para que quedase adaptado a sus necesidades. Las críticas de la letrada se dirigen también hacia la fiscal que en todo momento se opuso a que este hombre fue ingresado en un centro habilitado para personas con minusvalías.

Juan Francisco Marrero tuvo que pasar la noche del martes en el Albergue Municipal, donde su hijo sobre el que también dictó la juez una orden de alejamiento de su domicilio, tuvo que acudir a llevarle los medicamentos así como la cena.

El menor tuvo que pasar la noche en casa de su abuela, de 85 años y que vive en un quinto piso en la capital tinerfeña.

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