17 de marzo de 2019
17.03.2019

Una historia de amor entre dos hombres

Elogiada por la crítica, 'El Gordo y el Flaco (Stan & Ollie)', dirigida por Jon S. Baird, narra con ternura la historia de amistad crepuscular entre dos de los cómicos más célebres del siglo XX

17.03.2019 | 01:23
El baile de Lauren y Hardy.

Los mitos son como los jarrones chinos, tan valiosos como frágiles. Llevar al cine la vida de Oliver Hardy y Stan Laurel, conocidos en España como El Gordo y el Flaco, suponía un claro riesgo. Demasiados niños, ahora mayores, se han criado con las ocurrencias de estos dos genios de la comedia, que triunfaron tanto en el cine mudo como en el sonoro. Dirigida por Jon S. Baird y protagonizada por Steve Coogan (el flaco Laurel) y John C. Reilly (el gordo Hardy), la película logra su objetivo de arrojar luz -crepuscular, eso sí- sobre la leyenda sin romper el mito.

Como otros filmes biográficos recientes, como Bohemian Rhapsody, el guion apuesta por centrarse en un periodo determinado de una carrera artística que de otra forma hubiese sido inabarcable en poco más de hora y media de metraje. No se trata, por tanto, de un biopic convencional, sino de una historia que puden disfrutar tanto los nuevos espectadores como los antiguos. Laurel y Hardy siguen contando con muchos fans en todo el mundo, así como con enormes admiradores entre los cómicos profesionales, como Ricky Gervais, Paul Merton, John C Reilly y Steve Coogan.

La historia parte de 1953, en el tramo final de la carrera de Laurel y Hardy. En ese año emprenden una gira por los escenarios del Reino Unido, país de donde era originario Stan Laurel. Deteriorados por la edad y con su época dorada más bien lejana, afrontan un futuro incierto. Al principio, los niveles de asistencia resultan decepcionantes. La salud del obeso Oliver -llegó a pesar 180 kilos- muestra claros síntomas de declive, y afloran fantasmas del pasado que ponen en peligro su fructífera colaboración. Consciente de que su canto de cisne podría estar cerca, la pareja artística intenta redescubrir lo mucho que significa el uno para el otro.

El guionista de la película, Jeff Pope, se inspiró en el libro de AJ Marriot Laurel & Hardy: The British Tours, que recoge la gira teatral que realizó la pareja por el Reino Unido a principios de los años 50. "Te encuentras con un retrato maravilloso de estos dos tipos, que han sido auténticos gigantes, alojándose en pequeñas pensiones, actuando en teatros minúsculos, sin darse cuenta de que lo hacían porque se adoraban el uno al otro", explica Pope. "Eso fue lo que me inspiró a escribir la película. Es una historia de amor entre dos hombres".

Tras la cámara, el escocés Jon S. Baird, cuyo único trabajo como director de cine hasta el momento era Filth, el sucio (2013), un thriller protagonizado por James McAvoy y basada en la novela de Irvine Welsh.

Pareja desigual

El equipo responsable del proyecto decidió titular la película Stan & Ollie -ese es su título original-, y no Laurel & Hardy, porque el filme trata de descubrir a los hombres tras las leyendas y la verdad que detrás de su imagen cinematográfica. Hardy era más dominante en pantalla, mientras que Laurel era el cerebro creativo de la pareja.

Al igual que ocurría con otros dúos cómicos, como Martes y Trece, Laurel y Hardy eran más simples compañeros de trabajo que amigos fuera de la pantalla: "Nunca intimaron mucho hasta que emprendieron estas arduas giras, que los obligaron a convivir semana tras semana -explica el guionista-. La premisa de la película es cómo eso les sirvió para hacerse tan buenos amigos en la vida real como lo eran en la ficción". Tanto se consolidó esa amistad en los años finales que, según sugiera la película, Laurel siguió escribiendo sketches para la pareja siete años después de haberse retirado.

Para lograr esa química en la gran pantalla era imprescindible que la hubiera también entre los dos actores protagonistas. "Nos dimos cuenta desde el principio de que sería imposible hacer esto a menos que aprendiéramos a querernos", afirma el estadounidense John C. Reilly, que no conocía al británico Steve Coogan antes de este proyecto. Éramos básicamente desconocidos, pero nos hicimos verdaderos amigos. Es una de las personas más graciosas que he conocido. Me sentía muy solo durante el rodaje siempre que Steve no estaba allí conmigo, sentía como si me faltara una parte de mí".

Antes de dar su "sí" al proyecto, Steve Coogan, que tiene familia incluso en el lugar del condado de Lancashire donde nació Stan Laurel, preguntó a los productores en quién estaban pensando para el papel de Oliver Hardy. "Me dijeron que estaban pensando en John C. Reilly y les respondí: 'Si lo convencéis a él, contad conmigo'".

Interpretación abrumadora

El propio John C. Reilly mostró sus reticencias en torno a la película por el peso del mito. "Intenté convencerles para que no contaran conmigo, porque me resultaba abrumador y me intimidaba interpretar a esos dos", admite Reilly. "Me da la sensación de que vivimos en la era de Google y Wikipedia, y todo lo que cualquier persona quiera saber sobre la vida de alguien puede encontrarlo al instante. Pero lo bonito de esta historia es que ahondas en la relación que hay entre ellos y eso te permite vislumbrar cómo podría haber sido trabajar juntos".

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook