12 de febrero de 2019
12.02.2019

3.000 mujeres se prostituyen en Canarias

El Archipiélago no cuenta en la actualidad con ningún plan integral que ayude a las personas que quieren salir de ese mundo, según un informe sobre la situación de la explotación sexual en las Islas

12.02.2019 | 18:58
Una prostituta, en la calle Miraflores de Santa Cruz.

Cerca de 3.000 mujeres ejercen la prostitución en Canarias, en lo que supone "una forma extrema de violencia contra las mujeres y las niñas". Es una de las principales conclusiones que se desprenden del primer Diagnóstico de la Prostitución de Mujeres en Canarias, un informe que fue presentado ayer en comisión parlamentaria por Esther Torrado, profesora del Departamento de Sociología y Antropología de la Universidad de La Laguna y directora del equipo multidisciplinar encargado de su realización.

El estudio sitúa al Archipiélago como un territorio de riesgo social para el desarrollo y el aumento del sistema prostitucional, debido a cuestiones como las desigualdades económicas, la irrupción de migraciones irregulares o la existencia de un turismo de masas de sol, playa y ocio, pese a lo cual Torrado descartó que Canarias sea "un destino de turismo sexual".

Por otro lado, el sistema tradicional de prostitución en la calle ha pasado a ser "minoritario y casi anecdótico", siendo sustituido por una oferta diversificada (clubes, pisos, Internet...) que también está ya vinculado a las redes internacionales de trata, que varían "la oferta" porque el demandante "necesita variedad y precios bajos". Por ello las mujeres van "circulando" por las "plazas" disponibles en pisos y clubes de alterne y se desplazan desde las islas capitalinas a las que tienen "poca oferta", como La Palma, La Gomera y El Hierro.

Demandantes

El informe también recoge un apartado en el que se estudia la figura del demandante de prostitución en Canarias, que cuenta con un perfil muy variado y procede de distintas clases sociales. Así, el estudio establece dos patrones principales: el mercantilista misógino, que tiene una imagen negativa de las mujeres y corre el riesgo de ser un agresor sexual, y el mercantilista dominante, que considera la prostitución como un servicio necesario y una actividad de ocio.

En esa línea, Torrado resalta el problema de "la normalización de la violencia sexual a las mujeres como un servicio necesario" y una visión "normalizada" de la prostitución, considerándola en ocasiones como resultado de la libre elección, pese a que "no existe si no hay un abanico de posibilidades. En prostitución no hay sexualidad porque ésta debe ser mutual".

Ante todo ello, el estudio recalca la necesidad de"incorporar al sistema educativo la educación afectivo-sexual, además de otros aspectos como la sensibilización y el ofrecimiento de alternativas y servicios de atención hacia las mujeres, dado que "no hay un plan integral para las mujeres que quieran abandonar o estén en riesgo de ser captadas por redes de trata".

Extranjera, víctima y con cargas familiares

Mujer, de origen extranjero (habitualmente latinoamericana, subsahariana o de Europa del Este) y con hijos o familiares a su cargo. Es el retrato robot de la prostitución en Canarias, según el informe presentado ayer en comisión parlamentaria. Esther Torrado hizo también hincapié en el hecho de que esa situación familiar hace que "tengan la necesidad de enviar remesas a sus países de origen".

En cuanto a la situación personal que las lleva a entrar en el mundo de la prostitución, el informe concluye que el 100% de mujeres entrevistadas son víctimas de violencia de género, ya sea por sus parejas, familiares, proxenetas o clientes, a lo que se le suma el hecho de haber sufrido abusos y acosos sexuales durante su infancia.

Una problemática que se acentúa con el hecho de que "la mayor parte cuentan con escasos recursos económicos y escasa formación", lo que las acaba convirtiendo en blanco para un reclutamiento "que se produce siempre en España". Además, "una minoría presentan problemas de salud mental o drogadicción " como razón para entrar en la prostitución.

Los métodos para ese reclutamiento son variados, yendo desde el tráfico de mujeres a la carta de invitación, pasando por conceptos como el loverboy (un joven que finge estar interesado en mantener una relación sentimental con la víctima, a la que convence para que se mude a otro país y allí obligarla a ejercer la prostitución)  o las redes de familia, amistad femenina o paisanaje.

De esa forma, el hecho de ser mujer, joven y acumular una serie de opresiones en su situación personal (necesidades económicas, cargas familiares no compartidas, ausencia de apoyo familiar y social o situación de irregularidad) acaban convirtiéndose en caldo de cultivo para entrar en el mundo de la prostitución.

Éste último aspecto, el de la situación legal irregular, adquiere especial relevancia dado que "la mayor parte de ellas desean abandonar la actividad, pero no disponen de recursos para ello y desconfían de las instituciones públicas", señala Torrado. La desconfianza por su situación y el miedo a ser deportadas o a que les sea retirada la guardia y la custodia de los menores hace que sólo acudan a servicios como la Policía, Sanidad, Servicios Sociales, Educación o Empleo una vez que ya han logrado abandonar la prostitución.

De esa forma, las mujeres entrevistadas en el informe conocen y trabajan habitualmente con ONG's  de las que reciben apoyo social, orientación laboral y jurídica, apoyo económico, psicológico o sanitario, valorando especialmente el trabajo realizado por entidades como Médicos del Mundo, Centro Lugo de Cáritas o las Oblatas.

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