02 de julio de 2018
02.07.2018

Nacho Vegas echa raíces y mira al mañana

El cantautor regresa tras cuatro años de silencio con el álbum doble 'Violética'

01.07.2018 | 23:08
Nacho Vegas echa raíces y mira al mañana

El nuevo disco de Nacho Vegas tiene nombre de mujer, es largo y disperso como los ríos y árboles que lo recorren por dentro y en sus orillas va dejando un complicado juego de contrastes: amor y muerte, pasado y futuro, derrota y esperanza, folk y rock y así hasta 18 canciones que vieron la luz el pasado 15 de junio. El parto no ha sido fácil. Para empezar a hablar de Violética, Vegas relata varias crisis como las que llevaron a Dylan a regrabar Blood on the tracks o a Pablo Und Destruktion a rehacer Predación. Nacho no llegó a eso pero confiesa que le costó "encontrar la unidad", "poner orden en el caos de un repertorio acumulado a lo largo de cuatro años sin publicar".

No se trataba de hacer un disco conceptual como Storia de un impiegato de Fabrizio De André ni tampoco, aunque lo intentó, un album partido en dos, como Canzoni della Cupa de Vinicio Capossela, por citar dos de sus referentes recientes. Nacho pensó en agrupar las canciones en "ternura" y "amparo", pero al final hibridó un repertorio cambiante que enlaza con su última canción protesta, por una parte y regresa, por otra, a sus primeros discos, una revisión del pasado con cierta amargura pero también esperanza.

"Hay esa mirada doble", admite cuando se le propone la nostalgia como hilo conductor. "A veces no puedes evitar romantizar el pasado, pero trato de escapar de esa nostalgia romántica. La otra mirada es la del futuro. Tiene que ver con las dos pulsiones íntimas que hay detrás de la composición, que son los recuerdos y la imaginación. La proyección que haces de una u otra genera miradas más nostálgicas o más esperanzadoras, que son casi miradas opuestas al futuro. Una de cierto optimismo, y otra de radiografía del pasado proyectada hacia una futuro desolador".

Musicalmente, la nostalgia también afecta a ciertas composiciones con ecos de la música con la que Vegas creció. Crímenes cantados, uno de los cortes más destacados de Violética, compuesto para la plataforma por el cierre de los centros de internamiento de extranjeros, acabó sonando a Just Like Honey, de The Jesus and Mary Chain. Nacho la llevó inicialmente a los ensayos con ukelele, pero luego se le pasaron por la cabeza los Spaceman 3 y dejó que la canción se transformara, sin importarle los guiños explícitos como, dice, hacen también sus queridos Magnetic Fields. Del resto del disco confiesa que el protagonismo inédito de los sintetizadores combinados con la carga política forma parte de un imaginario de su juventud que siempre ambicionó llevar al estudio. Abraham Boba a las teclas y Paco Loco a la mesa y con su colección de cacharros ayudaron a conseguirlo.

El pasado se encuentra también en canciones sobre parejas gastadas por los años o en cantos al amor que pudo haber sido y no fue como Las palabras mágicas, rescatada de su libro Reanudación de las hostilidades. También está presente ese pasado en otro imprescindible de Violética, La voz tomada. Aquí, cuenta Vegas, echó la mirada atrás para colocarse hace una década, en los años de El manifiesto desastre. "Es un disco que me trae recuerdos contradictorios. Fue una grabación muy caótica de la que no quedé muy contento y en la que luego encontré aspectos reveladores. Fue una época turbulenta en la que todavía estaban demasiado presentes las drogas en las canciones y en mi vida y quería lanzar una mirada vigilante y con perspectiva hacia esos tiempos". La canción sublima, además, todo aquel dolor y demonios interiores llevándolos a la voz coral de la poesía como arma cargada de futuro.

Naturaleza

Otro elemento muy presente y que se asoma a la portada de Miguel Brieva es la naturaleza. El medio natural como metáfora social y como espejo de cierta fuerza telúrica o equilibrio planetario que se representa a través de la mujer. No es Violética un disco feminista (aunque ahí están las colaboraciones de Rosenvinge o María Rodés) y Vegas tampoco pretende ir de feminista: "como mucho, aprendiz". Pero admite que la lucha de las mujeres se ha revelado "como un eje movilizador" y que una de sus máximas preocupaciones en los últimos años y de las conquistas más importantes de la nueva izquierda ha sido recuperar "la ética de los cuidados".

"El amparo", sigue Vegas, "es muy importante, y la izquierda había dejado de lado aquí a la mitad de la población, a las mujeres. Cuando hablas de esto te llaman postmoderno, pero para mí es esencial. El machismo es un problema estructural. Es más difícil pensar en el fin del patriarcado que en el fin del capitalismo". La forma en que los roles de poder se instalan en la pareja tienen su reflejo en otro imprescindible, La última atrocidad, remedo punk de Pimpinela con Cristina Martínez. "Pensé en ella porque necesitaba una mujer con esa manera de cantar, que interpretara la letra, una mujer empoderada que deja en ridículo al otro".

La naturaleza funciona en Violética como metáfora total. De forma muy evidente en Ser árbol, que habla de tener las raíces en la tierra y proyectarse en un futuro esperanzador. También en Desborde, relato de un Madrid anegado por las aguas que es un canto al nuevo municipalismo. Y de manera algo más oscura en "A ver la ballena", que cierra el álbum, hace cumbre en su repertorio y que podría justificar todo un disco. Vegas hila aquí una crónica negra sobre avaricia y glotonería desaforada en los años ochenta que puede leerse en distintas claves: de capitalismo salvaje a linchamiento digital en redes. En su origen estuvo el asesinato del niño Gabriel en Almería, un asunto que vivió de cerca: "Me interesaba el comportamiento irracional de la gente en masa. Cuando la gente se une en las luchas colectivas suceden cosas muy bonitas, pero cuando la turba da rienda suelta a los bajos instintos no deja de sorprenderme y escandalizarme". Especialista en jardines, Vegas admite que los tuits le han jugado malas pasadas y confusiones, como que haya dejado de apoyar a Podemos, más allá de discrepancias. "Lo que ocurre en las redes", se sacude, "no es real, nunca me consideré importante y me lo tomo con humor".

El repaso a Violética no estaría completo sin mencionar la canción popular ( Aida, El corazón helado, la cumbia Todos contra el cielo) o la crónica negra de Bajo el puente de L'Ará, trasunto sórdido de una historia real que vivió en Riosa. Al final, en Violética, un disco de esperanza y vida, también hay violencia y muerte: asesinan a Olay, a Samba, a Mohammed, a la ballena, muere la verdad, el amor, se matan los amantes y hasta los "amores clandestinos" también acaban pereciendo. Aunque sea con un "te quiero" de despedida. "A veces no es fácil decirlo".

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