27 de abril de 2018
27.04.2018

¿Por qué cuesta tanto mirar a alguien a los ojos?

Mantener el contacto visual es algo inconcebible para unos e indispensable para otros

27.04.2018 | 10:28
El cerebro es el culpable de que evites el contacto visual.

Es posible que te haya pasado alguna vez. Estás hablando con alguien y en un instante de la conversación tu interlocutor te mira a los ojos, momento en el que tu cerebro sea bloquea. Y es que aunque no lo creas, muchas personas sienten verdadero pavor al contacto visual.

Por el contrario, para muchos otros una charla sin contacto visual es algo tan inconcebible que desconfían de todo aquel que desvíe la mirada. Pero el simple hecho de esquivar ese contacto no significa que esa persona esté escondiendo algo.

La Royal Society Open Science concluyó en un estudio de 2016 que la duración media del contacto visual es de 3,3 segundos. En la investigación, los participantes debían mirar a los ojos a una mujer que aparecía en un vídeo y pulsar un botón cuando empezaran a sentirse incómodos.


Pero, ¿por qué cuesta tanto mirar a alguien a los ojos?


Las inseguridades y la timidez juegan un papel importante a la hora de esquivar o no las miradas. Y es que los ojos son el ejemplo del alma y en ellos se reflejan inconscientemente las emociones que sentimos, razón por la que las personas más reservadas eligen desviarlos y guardarse esos sentimientos para ellos.

Pero esta no es la única razón por la que cuesta tanto mirar a alguien a los ojos. La ciencia ha demostrado que desviar la mirada se debe a algo mucho más complicado.

Un estudio de la Universidad de Kioto, publicado en la revista Cognition (2016), concluyó que el contacto visual te bloquea porque al cerebro le es más complicado hablar mientras se centra en una cara.

Shogo Kajimura y Michio Nomura, los autores de la investigación, pidieron a 26 voluntarios que jugaran a un juego en el que tenían que asociar unas palabras con otras. Una de las veces debían hacerlo mientras miraban a los ojos a una persona en una pantalla que tenían delante. En la otra versión, esa persona miraba a otro lado.

El estudio demostró que cuando los voluntarios mantenían el contacto visual tenían más problemas para asociar palabras que cuando no les miraban a los ojos. Eso sí, esto sólo ocurría con las palabras más complicadas.

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