15 de abril de 2018
15.04.2018
Seguridad La Policía Nacional en misiones internacionales

Un policía palmero en Níger

Abel Rodríguez permaneció dos años en el país africano custodiando la legación diplomática y prestando seguridad al embajador. El agente señala que la experiencia fue muy gratificante

15.04.2018 | 04:00
Un policía palmero en Níger

La historia de Yakuba

  • Una de las historias que más le marcó fue la que vivió con un niño de diez años, de nombre Yakuba, huérfano de padre y al que su madre abandonó para irse a vivir junto a otro hombre. Yakuba vivía cerca del edificio donde residían los policías españoles y pronto Abel Rodríguez se interesó por su situación. Este hecho motivó que el niño esperase en las proximidades del domicilio al agente español cada vez que regresaba del servicio. Abel al verlo desnutrido procuraba comprarle alimentos. Yakuba con esa cara que muestran los africanos acostumbrados al sufrimiento, felices con muy poco se hizo amigo del policía español. “Todas las tardes me esperaba por fuera del domicilio. De regreso al mismo pasaba por alguno de los mercadillos de Niamey y le compraba alimentos frescos. La cara de felicidad del niño lo compensaba todo. Hasta que un día dejé de verlo. Nunca más supe de él”, sentenció no sin cierto sabor de amargura el agente palmero que guarda un grato recuerdo de aquella experiencia y que sirvió para mitigar en parte el sufrimiento de este pequeño nigerino. A. H.

Se llama Abel Rodríguez González, tiene 45 años y es natural de Barlovento, en la isla de La Palma. Lleva 16 años en la Policía Nacional y dentro de los destinos por donde ha pasado sobresale uno, la embajada española de Níger, donde permaneció dos años, un mes y veinte días. A pesar de que este tiempo parezca una condena, Abel Rodríguez solo habla maravillas de este país del Sahel.

Anteriormente, estuvo destinado en la Unidad de Intervención Policial (UIP) de Madrid, en la de Tenerife -Unidad de Prevención y Reacción (UPR) de Santa Cruz de Tenerife-, en Ibiza y en la unidad de radiopatrullas de la Comisaría Provincial de Santa Cruz de Tenerife, donde recibe a la opinión de tenerife, a pesar de que ese día estaba en la sala del 091. Con todo, tuvo tiempo para contar su historia.

"Pedí ir voluntariamente. Llegué en 2014 y permanecí allí hasta el año 2016, en la capital del país Niamey. Mi misión junto con la del resto de compañeros era la de prestar seguridad al edificio de la legación diplomática y escoltar al embajador. Esta fue mi primera misión y he pedido ir a cualquier lugar del mundo pero donde más me gustaría volver es a África", explica Rodríguez.

Este agente palmero se adaptó rápidamente a la cultura de aquel país. Así no es extraño oírle hablar de la comida, algo a lo que los occidentales les cuesta adaptarse. Sin embargo, Abel señaló que "yo cogía una planta que se llama moringa y tras hervirla aprovechaba el agua para hacer un caldo". "Además, aprovechaba los cacahuetes, la mandioca y el ñame blanco para preparar cualquier plato. La vida allí es muy cara. Las familias deben de tener un motor para poder obtener electricidad. Los cortes en el país son de ocho horas. Imagínate lo que supone soportar el calor, que es muy fuerte, sin un aparato de aire acondicionado, aunque como lo soporté bien, en mi caso no me importó", narra este policía nacional, quien añade que "en el país hay mucho paludismo y es raro el día en que no se levanta una tormenta de arena que cubre todo el cielo de un color rojizo y apenas permite respirar". "Yo cada vez que podía caminaba durante horas y me mezclaba con la población nativa. Estaba tanto con tuaregs blancos y negros como con miembros de la etnia yerma, los housa o los pel. Acudía a los mercadillos e hice muchas amistades. Incluso, todavía mantengo relaciones con un policía. Me acuerdo todos los días de aquel país", matiza.

Además, hay tanto que ver que nunca me aburrí. Ahora espero a que pasen los cuatro años reglamentarios para volver intentar ir a otra misión internacional". Sin embargo, y a pesar de estas dificultades en un país de 20 millones de habitantes, de mayoría musulmana y atrasado, que tiene el índice de natalidad más alto del mundo y el Índice de Desarrollo Humano, más bajo, Abel Rodríguez se siente cómodo y feliz.

"De por sí el llegar hasta Niamey se convirtió en toda una odisea. Tenerife-Las Palmas-Casablanca- Uagadugú (capital de Burkina Faso) y por último Níger. Estos vuelos los hacía normalmente con Royal Air Maroc", contó el policía, que a pesar de todo no olvida sus raíces. "Siempre hay un antes y un después. Te asombra el ver como la gente que tiene tan poco son más felices que nosotros. Ellos viven con 20 euros al mes, en un cuarto a veces sin techo. Con nosotros se portaron estupendamente, hubo un buen recibimiento", cuenta este funcionario del Cuerpo Nacional de Policía.

En cuanto a situaciones de peligro, Abel afirmó con rotundidad "en los países vecinos sí se vivieron situaciones de peligro. Estando yo allí en la frontera con Nigeria si hubo actos terroristas, epidemias de meningitis o la quema de iglesias católicas, tras la crisis por la viñetas de la revista francesa Charlie Hebdo.

Por lo que respecta a la presencia española en esta país, "es más bien escasa, salvo alguna ONG y la presencia de religiosos. Nosotros nos relacionábamos con otras embajadas en el país, Turquía, Alemania, Francia, Estados Unidos, Arabia Saudí y Suiza".

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