01 de abril de 2018
01.04.2018
Vuelta al mundo con la opinión de tenerife Asia (XXVIII)

Kuala Lumpur, una ciudad a la altura de las Petronas

Esta urbe llena de rascacielos y de gran desarrollo económico, una de las 10 más visitadas del mundo, es la capital de un país multicultural

31.03.2018 | 23:50
Kuala Lumpur, una ciudad a la altura de las Petronas

la opinión de tenerife invita a sus lectores a dar la vuelta al mundo. Este es un nuevo reportaje del serial sobre la experiencia de un periodista tinerfeño, Fernando Palarea, que realiza una vuelta completa al globo junto al empresario Pablo Oramas y el viajero César Sar, para la realización de la segunda temporada del programa de viajes El Turista. Visitarán más de 50 países de los 5 continentes en 14 meses. Esta vez visitamos Kuala Lumpur, la capital de Malasia.

Malasia es uno de los países más urbanizados del sudeste asiático, con un crecimiento anual del 4% en la última década, que le ha llevado a pasar de 10 a 15 millones de habitantes. Esta fugaz evolución ha traído consigo que se intensifiquen los contrastes entre sus frondosas junglas, cálidas playas de arena e islas paradisiacas y una capital que mira hacia el cielo construyendo enormes rascacielos con los que hacer frente a este movimiento urbanista, en el que las casas de madera construidas sobre pilotes ya sólo sirven como recuerdo de su pasado.

El país es una amalgama de nacionalidades, religiones, culturas e idiomas, una circunstancia que se hace más notoria en su gran urbe. Kuala Lumpur, ciudad de torres, también tiene su particular torre de Babel con este crisol de culturas entre malayos, chinos, indios, europeos, norteamericanos y otras etnias, que viven en completa armonía y paz. Este multiculturalismo ha enriquecido la gastronomía y las tradiciones; pero sobre todo ha moldeado la idiosincrasia de la población malaya, ya de por sí cálida y hospitalaria.

Kuala Lumpur es una de las 10 ciudades más visitadas del mundo y, en gran medida, debe esta distinción a sus famosas Torres Petronas. Son uno de los iconos del sudeste asiático y del mundo, motivo suficiente para visitar esta apabullante metrópoli y filmarla en esta vuelta al mundo para la grabación de la segunda temporada de El Turista.

Un origen de estaño

Los orígenes de Kuala Lumpur datan de 1857, cuando un grupo de prospectores chinos encontraron depósitos de estaño en la confluencia de los ríos Gombak y Klang. La llamada por la fiebre del estaño produjo que la selva de esta confluencia fangosa -que es el significado de Kuala Lumpur en malayo- diese paso a cabañas y tiendas que ofreciesen servicios a los mineros. La espesa jungla se convirtió en un pueblo, un kampung malayo, que durante los años de dominación británica fue destruido, derribando sus casas de madera en favor de edificios de estilo mongol, malayo y victoriano que aún conviven con los futuristas rascacielos, producto de la ostentación del siglo XXI que han convertido la ciudad en una de las más modernas y atractivas de Asia.

En el corazón de esta metrópoli tranquila, en la que a diferencia de sus países vecinos el claxon no es parte de su sinfonía, se puede disfrutar del silencio mientras admiras los innumerables rascacielos. El llamado Triángulo del Oro está plagado de centros comerciales y es donde se han instaurado también la sede de las grandes empresas. Ahí están las Torres Petronas, que presiden Kuala Lumpur y en torno a las cuales gira la ciudad. Malasia cerró el siglo pasado como el techo del mundo gracias a estas edificaciones que, aunque han perdido su condición de los edificios más altos del mundo, siguen ostentando el de las torres gemelas más elevadas de nuestro planeta. Fueron las más altas des 1998 a 2003, cuando fueron relegadas por el edificio Taipei 101. Desde entonces son varias las estructuras que han superado a ambas. Sin embargo, sus 452 metros de altura le sirven para ser un punto de referencia visual y existencial, pero sobre todo simbolizan el urbanismo moderno de esta nación.

Fueron diseñadas por el arquitecto argentino César Pelli inspirándose en las construcciones malayas, especialmente los minaretes de las mezquitas, haciendo así un guiño a la religión musulmana que se profesa en Malasia. Los 88 pisos tienen vitrinas de acero en el exterior, compuestos por 33.000 paneles de vidrio y 55.000 de acero inoxidable, y la decoración interior también está pensada en el deseo de mantener la identidad nacional. En el piso 41 y 42 se halla un puente aéreo que comunica ambas torres y en el piso 86, una terraza panorámica que proporciona unas vistas donde la mirada se pierde en el infinito.

Este auténtico logro de la ingeniería fue ordenado a construir por la empresa Petronas, la compañía nacional de petróleo malayo, que por razones económicas y políticas buscaba que Malasia y su capital tomaran mayor prestigio ante el mundo. En las torres han instalado la sede de esta empresa. Como si de la cenicienta se tratase, las Petronas se visten con sus mejores galas iluminándose tras el ocaso y descansando, junto a la ciudad, a la medianoche. Aunque son muchos los rincones de la ciudad que sirven para tomar una instantánea de esta colosal obra arquitectónica, en la parte sureste se encuentra el Parque KLCC, que nos permite jugar con los reflejos de las torres en su lago, pasear entre sus puentes y senderos, hasta encontrar ese plano idóneo para capturar un recuerdo de la capital malaya. Aunque no somos Tom Cruise, ni estamos rodando otra película de la saga de Misión Imposible, como ya hiciese la producción de Hollywood, nos detuvimos durante varias horas del día en admirar y filmar estas torres gemelas desde diferentes puntos.

La torre de telecomunicaciones más alta del sudeste asiático y séptima más alta del mundo es el otro gran símbolo de Kuala Lumpur. La Torre Menara, o KL Tower, construida originalmente para mejorar la calidad de la transmisión de las telecomunicaciones en el país, con sus 421 metros de altura, fue todo un hito para el país y sirvió para identificar a Malasia a como una nación que alcanzaba la mayoría de edad. Se encuentra ubicada dentro de la Reserva Forestal Bukit Nanas y ofrece una mezcla de experiencia cultural, naturaleza y ocio. El pirulí de Kuala Lumpur ofrece la posibilidad de subir, en una única ocasión por entrada, a un observatorio de 360 grados para ver la ciudad por los cuatro costados. Además, en la altura máxima habilitada para los turistas dispone de tienda de souvenir, un restaurante y dos cubículos de cristal que pondrá a prueba el vértigo. Entrar en esta pasarela de cristal y divisar cómo Kuala Lumpur se extiende bajo tus pies, con las Petronas a tu espalda, es una sensación única y de tiempo limitado. En nuestro caso hicimos la cola en varias ocasiones debido a que necesitamos muchas tomas y no sólo una foto como el resto de turistas y es que el ritmo de grabación de un programa de televisión, siempre, es más pausado por sus requisitos.

En el piso 36

Quizás la mejor manera para contemplar Kuala Lumpur desde las alturas es en el restaurante que se encuentra en el piso 36 de la Menara KH. Su principal particularidad es que hasta las 6 de la tarde cumple funciones de helipuerto, momento en el que se transforma en una agradable terraza. Sobre la H de la pista de aterrizaje se colocan varias sillas y mesas, se encienden los altavoces y se prepara la barra para ofrecer diferentes cócteles y bebidas de las que disfrutar de un impresionante atardecer. Desde aquí es posible ver la Torre Menara por un lado y por el otro las Torres Petronas y el resto de la ciudad Si quieres un plan más relajado, dos plantas más abajo se encuentra un bar decorado con objetos relacionados con la aviación que han sido reutilizados dando un ambiente único, relajante y muy curioso. La turbina de un Boeing 747 ahora se revoluciona con la música que pincha el DJ y parte del fuselaje de un Boeing 737 se ha convertido en un cómodo sofá. Además, en la misma planta un lujoso restaurante ofrece exquisitas cenas románticas .

A 13 kilómetros del centro de Kuala Lumpur se encuentran las Cuevas de Batu. Este conjunto de templos rinde pleitesía a las deidades del hinduismo, una religión en expansión en este país ya que dispone de una décima parte de su población -y creciendo- de origen indio. Este escenario es el reflejo de esta mezcla de religiones que también deseamos constatar en esta segunda temporada de El Turista. Además, reciben muchos turistas atraídos por el misticismo del lugar. Dos grandes estatuas te dan la bienvenida, pero sobre todo asombra, imponente con su reluciente dorado pan de oro, la que se encuentra junto a la escalinata. Debido a las tareas de restauración, antes de subir las escaleras encuentras varios centenares de ladrillos, con un cartel informativo en el que se solicita que para contribuir con el centro religioso, puedes hacerlo con un donativo o subiendo alguno de estos ladrillos hasta la cueva que se encuentra al final de la escalinata. Como si se tratase de un entrenamiento del propio Rocky Balboa. cogimos algunos ladrillos y animamos a otros turistas a que también lo hicieran.

Ya en el interior de la cueva pudimos comprobar para qué eran los ladrillos, con la construcción que están realizando de un nuevo templo en el interior de esta profunda y alta cueva en la que los monos merodean como anfitriones. Un despiste es suficiente para que estos animales, muy amigos de lo ajeno, agarren cualquier botella, comida, gafas de sol, gorra? que llevarse a sus escondites. Lo que para muchos turistas parece un juego realmente es algo peligroso, ante la agresividad de estos monos que sienten que les usurpas su territorio.

El tráfico de la ciudad se paraliza dos domingos al mes. Las ruedas de los coches y motocicletas dan paso al de las bicicletas, a los patines y patinetes. La apuesta decidida de la capital malaya por el deporte y los hábitos saludables reúne a personas de todas las edades, religiones y nacionalidades. Padres que corren mientras llevan su carrito con el bebé, ancianos que se niegan a ponerse límites y jóvenes que dejan atrás los videojuegos y el ordenador, para darse cita con amigos, mantenerse en forma y comenzar el día tomando algo... Mi compañero César Sar, que practica habitualmente carreras de montaña, no dudó en enfundarse la ropa deportiva y salir a la calle y recorrer 10 kilómetros de la capital malaya mientras filmaba. Al parecer los malayos también corren mucho y con una exquisita técnica. No hay mejor manera de despedir a Kuala Lumpur.

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