11 de febrero de 2018
11.02.2018
Vuelta al mundo con la opinión de tenerife Asia (XXII)

Camboya, reino de templos

Los vestigios de la cultura jemer permanecen a pesar del sangriento reinado y las atrocidades del régimen de Pol Pot

11.02.2018 | 02:51
Camboya, reino de templos

la opinión de tenerife invita a sus lectores a dar la vuelta al mundo. Este es un nuevo reportaje del serial sobre la experiencia de un periodista tinerfeño, Fernando Palarea, que realiza una vuelta completa al globo junto al empresario Pablo Oramas y el viajero César Sar, para la realización de la segunda temporada del programa de viajes 'El Turista'. Visitarán más de 50 países de los 5 continentes en 14 meses. Esta vez llegamo al Reino de Camboya.

Un imprevisto con nuestro billete de vuelta al mundo supuso que llegar hasta Siem Reap se convirtiese en una yincana de vuelos, escalas y contratiempos; pero sabíamos que merecía la pena intentarlo y no sacrificar el Reino de Camboya, con sus maravillosos templos, para esta segunda temporada del programa de televisión El Turista.

Los vestigios de la cultura jemer permanecen a pesar del sangriento reinado y las atrocidades del régimen de Pol Pot y sus jemeres rojos. Los camboyanos siguen reclamando su herencia tras la guerra civil que devastó el país en 1970 y que provocó un genocidio que acabó la vida de un notable sector de su población, estremeciendo al mundo ante tanto dolor y una barbarie que, además, supuso un parón en la evolución del país durante la maoísta Kampuchea Democrática. Pero en esta nación del sudeste asiático, limítrofe con Tailandia, Laos y Vietnam; se han negado a estancarse en ese doloroso recuerdo, sólo permitiendo que el tiempo se detenga cuando se hable de sus inigualables templos. Su gente es amable, risueña, atenta, servicial y te reciben con su tradicional saludo, el Sampeah, en el que se demuestra el respeto y agradecimiento ante tu visita, con una ligera reverencia mientras juntan las manos a la altura del pecho y acompañado de su cortés Chumreap Suor. Decidimos filmarlo y explicar este tradicional saludo en el que cuanto más alta se sostienen las manos -desde el pecho hasta por encima de la cabeza- y más bajo es el arco, más respeto se transmite a la persona que das la bienvenida. Esta reverencia depende de la edad, de la figura familiar o si se trata del rey.

Unas ratas superhéroes

Camboya ha sido un territorio con un grado carácter bélico en los últimos años. Sufrió el régimen del Jemer Rojo, padeció más dos décadas de guerra civil y durante la guerra de Vietnam fueron arrojadas, en sus llanuras, millones de explosivos -de los que una gran parte quedaron sin detonar- por parte de los bombardeos de Estados Unidos. Se trata de uno de los países más afectados por las minas y que ha originado que cerca de 20.000 camboyanos hayan perdido la vida y casi 50.000 hayan sufrido graves lesiones, como amputaciones, desde 1979, año en el que cayó el Jemer Rojo. A pesar de que el número de accidentes ha descendido drásticamente, según estimaciones oficiales aún quedan aproximadamente 5 millones de restos bélicos en varias zonas de este país asiático y que especialmente al noroeste de Camboya, donde el Jemer Rojo se hizo fuerte tras la pérdida del poder, aún se lamentan, cada mes, los accidentes por estos artefactos. Después de Afganistán es el país con más minas terrestres.

La ONG belga Apopo, que desde 1997 experimenta la posibilidad de utilizar ratas gigantes para detectar minas terrestres y la tuberculosos en los seres humanos, está desarrollando un plan estratégico en Camboya para contribuir en la desactivación de estas minas. Su actividad comenzó en las regiones de África devastadas por la guerra, como Angola o Mozambique, y en abril de 2015 envió quince ejemplares hasta esta zona del sudeste asiático para llevar a cabo un programa conjunto a las autoridades, que se han acogido a la convención de Ottawa que les permite seguir una serie de directrices para deshacerse de estas minas terrestres, en las que se designan áreas de prioridad en función del impacto humanitario y desarrollo de las ciudades.

Estos ejemplares de ratas de Gambia, que pueden medir hasta un metro, tienen desarrollado el olfato y son más inteligentes que otras especies. Cada mañana comienzan un entrenamiento de detección de explosivos, avanzando entre la hierba o arena en busca de la dinamita, hasta que notifican el hallazgo, al detenerse y escarbar en el lugar exacto; permitiendo rastrear en menos de 20 minutos un espacio de 200 metros cuadrados, una tarea que llevaría al ser humano varios días. Además es más eficaz y debido al ligero peso del roedor permite que las minas no se activen en su búsqueda de artefactos. Una vez son localizadas un equipo especializado procede a su retirada, desactivación o explosión controlada.

Esta práctica contribuye a demoler las huellas de las atrocidades humanas con los conflictos bélicos y supuso una historia muy interesante que filmar y divulgar a través del programa de televisión. Sin duda, la historia de un país y estos avances científicos también deben tener cabida en esta segunda producción televisiva alrededor del mundo.

Cenando insectos

Comer en Camboya es bastante económico y su gastronomía, con el arroz y los tallarines de base de plato como buen país asiático, nos permite disfrutar de exquisitos platos mezclados con verduras, carne, pescado y una deliciosa combinación de especias. Se vende que la cocina jemer depara una experiencia sibarítica, pero lo cierto es que su abanico de posibilidades te puede llevar desde un manjar con abundante marisco y pescado fresco hasta la comida callejera en el que los insectos se agolpan en tu plato. Esta apuesta más exótica fue a la que nos encaminamos, no porque le hagamos ascos a las delicias del mar, todo lo contrario, sino porque en esto de viajar, todo hay que probar. Decidimos acudir al primer restaurante de tapas de insectos en Camboya y experimentar este descubrimiento gastronómico, típico camboyano a la par que turístico, en el que se fusiona la cocina francesa y jemer en recetas en las que los insectos toman protagonismo. Eliges qué insectos te servirán en el plato y qué salsas ponerle. Son fritos y la presentación en el plato hasta parece de restaurante Michelín. Unas tapas de autor, con muchos insectos, a la altura de los codiciados gastrobares. Por una vez me alegré de que me tocase comer en frío y que el protagonista César Sar tuviese que hacer los honores al hincarle el diente a todos y cada uno de los bichos. Comenzó por uno que le resultaba familiar porque ya lo había degustado en otra ocasión, el gusano de seda, con un ligero sabor a tierra. Pasó al grillo, que crujiente y con el aditivo de la salsa, puede llegar a parecer un snack como si fueran pipas. Le tocaba el turno al saltamontes, que bien frito está pasable y, nada tiene que ver con la experiencia de los chapulines en México que le había relatado de mi experiencia en Guanajuato. Su líquido te explota en la boca, como un tomate cherry, le recordé. Una sensación que sí experimentó con la tarántula, tras sus patitas crujientes le tocaba la explosión de sabor con el cuerpo de la araña. Pero, sin lugar a dudas, la prueba de nivel estaba con la cucaracha de agua. ¡Qué valor! Daba asco hasta cuando la veía a través del objetivo, mientras la filmaba. Entiendo que esa haya costado más, que se lo pensase y se acordase de todos aquellos que dicen que somos los más afortunados del mundo por el trabajo que desempeñamos, pero como siempre le pasa César mira a la cámara y se olvida de fobias y cualquier handicap. A la boca, crujido de las patas y caparazón y otra explosión de líquidos en la boca. Menos mal que no me dejó de esa cucaracha pues se comió hasta la cabeza y que de la tarántula sólo me tocaron algunas patitas, pero sí, nuestra cena camboyana había salido directamente de la tierra a la sartén. Ligera, nutritiva, crujiente y con un toque de adrenalina.

Sinceramente, aunque nos dijesen que por sus propiedades proteicas, por el bajo impacto ambiental o por su cáracter moderno y ecológico, son la comida del futuro? Donde esté un buen guachinche, unas papas con mojo y una ropita vieja acompañado del vinito del país, que se quite cualquier insecto por muy nutritivo que sea. ¡Ay, cómo echo de menos mi deliciosa comida canaria!

Los templos de Angkor

Aunque la capital de Camboya es Nom Pen, el turismo que recibe el país se concentra en Siem Reap por su proximidad con uno de los sitios arqueológico más importantes del continente, el Parque Arqueológico de Angkor. La Unesco estableció un amplio programa para salvaguardar los 400 kilómetros cuadrados de los magníficos restos de las distintas capitales del Imperio Jemer que dominó el sudeste asiático entre los siglos IX y XV. Declarado Patrimonio de la Humanidad desde 1992, los templos de Angkor atraen diariamente a miles de turistas para descubrir las colosales obras y huellas, que estuvieron durante siglos escondidas en medio de la selva, aisladas del mundo, hasta que fueron halladas por misioneros franceses en 1860.

Para recorrer el complejo de templos de Angkor, consagrados, en sus inicios, a los diferentes dioses de la religión hindú antes de su conversión al budismo; se necesitan varios días, optando a una entrada de un día o de 3. En nuestro caso, aunque sabemos que hay muchos templos por eso de que cada rey construía el suyo propio, necesitábamos hacer una ruta de un día en esta ciudad perdida, una visión general y global, que nos permitiese el resto de días por Camboya poder acercarles otras historias sobre este país, pero sin dejar de capturar los templos referencia y las bellezas arquitectónicas de esta zona. Comenzamos la ruta en Tha Phrom, el único de los templos que ha sido restaurado, y en el que se evidencia como la naturaleza ha ido ganando terreno a las edificaciones y los enormes árboles, con sus gruesas y extensas raíces, atrapan los monumentos y el conjunto escultórico como si de tentáculos se tratasen. Allí se puede lograr a entender cómo la ciudad quedó sumergida en una frondosa selva camboyana, sobreviviendo estos templos escondidos y engullidos tras la vegetación. Es, seguramente, el más fotogénico de los templos y, por ello, fue el escenario escogido para la película Tom Raider, protagonizada por la actriz Angelina Jolie; que encarnaba a la diva de esta saga de videojuegos, la aventurera Lara Croft.

Las 54 torres góticas decoradas con más de 200 caras gigantescas construidas en el siglo XII, son la carta de presentación del segundo templo referencia que filmamos en Angkor, el templo Bayon. Entre sus laberínticos pasillos encorvados, escaleras empinadas y arcos empedrados encontramos varias caras talladas en roca que le dotan de un atractivo único. Aunque, sin lugar a dudas, el más representativo de todo el conjunto es Angkor Wat.

Mandado a construir por el rey Suryavarman II, la estructura religiosa más grande del mundo está formado por cinco torres simétricas perfectas que representan las cinco colinas del monte Meru, la casa de los dioses y centro del universo hindú. Es un lugar de culto para los camboyanos y la mayor atracción turística del país, a la que acuden millones de turistas para captar la imagen del imperial templo reflejado en las turbias aguas del lago artificial que lo rodea. El sol se presentó tímido esa tarde, pero cuando aparecía cambiaba por completo la imagen, los reflejos e, incluso, el color de la piedra; obligándonos a filmar y volver a filmar cosas ya registradas previamente, pero que ahora se exponían más preciosas. Este símbolo nacional, que también figura en la bandera de Camboya, es el hogar de varios monjes budistas que mantienen las tradiciones de sus ascenderos durante el auge del imperio Jemer; siendo también un fiel reflejo de la simbiosis y metamorfosis de algunos símbolos budistas e hinduistas que se concentran en esta auténtica obra de arte llena de misticismo. Un precioso atardecer desde la principal de las torres, con 65 metros de altura, nos despedía de un lugar mágico, lleno de contrastes, historia y de un valor incalculable.

Masaje de invidentes

La caminata por los templos de Angkor nos había dejado agotados y el peso de las mochilas en esta etapa del viaje nos ha provocado algunas contracturas en la espalda, así que en el sudeste asiático es un excelente lugar para hacerse diferentes masajes. En Camboya, un país en el que las escuelas no tienen los medios suficientes ni están preparadas para impartir una educación equitativa a los discapacitados y las oportunidades laborales para los invidentes son casi nulas, los ciegos han encontrado en los masajes un modo de vida. Cesar se había quedado con las ganas de incluir estos masajes por invidentes en la primera temporada.

El sistema precario de sanidad en Camboya ha desencadenado que más de 140.000 personas hayan perdido la visión de modo parcial o total por enfermedades que en otros países se combaten y sanan de manera muy exitosa y sin complicaciones, por lo que este servicio de masajes gestionados exclusivamente por invidentes se han convertido en una salida, ante una sociedad que además discrimina a las personas que padecen ceguera. "No podemos ver, pero con las manos podemos leer los músculos y saber en que puntos del cuerpo hay que ejercer más presión" detalla uno de los 300 empleados que realiza masajes terapéuticos en el centro que acudimos para filmar y experimentar esta vivencia, previa petición de poder documentarla para el programa. Y sí, es cierto, la destreza es sobresaliente y la atención es inmejorable.

El relajante masaje cumplió con las expectativas y continuamos nuestro camino hacia el siguiente destino.

Nos trasladamos hasta Laos, concretamente hasta Luang Prabang, una de las ciudades más románticas del sudeste asiático. No les adelanto mucho más, ya la descubriremos juntos la próxima semana.

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