17 de diciembre de 2017
17.12.2017
Vuelta al mundo con la opinión de tenerife Asia (XV)

La increíble India

El caos y el bullicio de las calles contrasta con el colorido de sus paisajes, la majestuosidad de sus monumentos y la gran alegría de sus gentes

17.12.2017 | 01:30

la opinión de tenerife invita a sus lectores a dar la vuelta al mundo. Este es un nuevo reportaje del serial sobre la experiencia de un periodista tinerfeño, Fernando Palarea, que realiza una vuelta completa al globo junto al empresario Pablo Oramas y el viajero César Sar, para la realización de la segunda temporada del programa de viajes El Turista. Visitarán más de 50 países de los 5 continentes en 14 meses. Esta vez nos adentramos en la maravillosa India.

Dicen de India que la amas o la detestas. Que es un país que pone a prueba hasta a los viajeros más experimentados. Nuestra visita al subcontinente indio era una fecha marcada en rojo en mi calendario desde que se desarrolló la ruta inicial de esta vuelta al mundo para la segunda temporada de El Turista. Acudíamos a Delhi tras culminar nuestro paso por Asia Central. Allí nos esperaba nuestro productor ejecutivo, Pablo Oramas, que demuestra que le gustan los retos al sumarse a esta dura etapa del viaje en esta travesía alrededor del planeta.

Un calor húmedo, sofocante nos dio la bienvenida. El bullicio se hace sentir desde que das el primer paso por las calles de Delhi. El caos es total y, en ocasiones, piensas que has llegado a otro planeta. Todo lo más inimaginable se hace realidad en India. Al calor reinante se suma un tráfico infernal, en el que resulta imposible comprender cómo pueden conducir sin colisionar unos con otros. Las pita de los coches, motos y tuk tuk se desgastan por segundos debido a su uso excesivo y constante, mientras intentas sin éxito, una y otra vez, que te cedan el paso, hasta que entiendes que India se mueve con otras leyes, otro ritmo y que debes ser previsor, moverte con normalidad y convicción, mientras ellos y los rickshaws te esquivan. Resulta muy desagradable esta contaminación auditiva, sinfonía de un escenario anárquico, en el que lo inhabitual, lo extraordinario e impensable en otras ciudades del mundo, es la tónica predominante aquí. Este territorio es de los más poblados del mundo. Está masificado y se nota que el estudio de la ONU en el que exponen que en 2050 superarán a China -pese a que su extensión supone un tercio del de China- como el país más poblado del mundo. Más de 1.300 millones de personas habitan India, en una sociedad que sigue marcada por la diferencia de castas, donde el abismo entre ricos y pobres se hace cada vez más notable.

Pero India es mucho más, un hermoso país que estuvo dominado por los británicos hasta 1947, hasta que obtuvo su independencia tras duros enfrentamientos protagonizados por el Congreso Nacional Indio y varios líderes visionarios entre los que destacó Mahatma Gandhi. India es mucho más que ese caos y a través de las innumerables historias que hemos obtenido para la segunda temporada de El Turista estoy seguro que acabarás amándola.

Realmente, India es color, ruido, olor y sabores. Una paleta de colores formada entre sus pintorescas fachadas y preciosos saris. Una banda sonora grotesca de su ritmo frenético que pone pausa en sus lugares de culto y continuas festividades. Una gama de olores, detestables o admirables. Desde excrementos al fascinante aroma de las especias. Y sabores, muchos sabores, pero todos picantes. Aunque te digan que no pica, prepara un buen lassi para mitigar el picante y queda fascinado con su exquisito thali, lo que podría parecerse a un menú de degustación de sus ricas recetas. Pero si tuviese que resumir qué es India, diría que lo más destacable de su idiosincrasia es la amabilidad y eterna sonrisa. Ya lo comprobarán en las más de 20 historias captadas para el programa, quizás fieles al mensaje de Gandhi: "Si sonríes al mundo, el mundo te devuelve una sonrisa".

Comenzamos nuestro periplo de dos semanas por su capital Delhi, la puerta de entrada al país y el inicio de todo viaje por la región de Rajastán, que visitaremos. Sede de muchos imperios poderosos en el pasado, Delhi tiene su propia entropía, su orden y desorden en este hormiguero de gente en el triángulo que forma el río Yamuna al este y la cordillera Aravali en su oeste y sur. Es una de las ciudades más pobladas del mundo y su fabulosa historia se puede indagar entre sus monumentos cuidadosamente conservados, antiguos fuertes y tumbas.

El laberíntico Viejo Delhi nos traslada al pasado. En sus callejuelas es posible encontrarte cualquier situación que te invitará a frotarte los ojos. Como si el tiempo no hubiese transcurrido entre sus estrechas callejuelas. Como en el resto del país, las vacas, animales sagrados y que veneran en India, son las dueñas. Deambulan sin oposición, pastando cualquier cosa menos hierba y contribuyendo a darle ese olor a esta fascinante megalópolis de excelente riqueza cultural. No es de extrañar ver freír comida con diferentes aceites, montar una cabra comprada en el mercado en un tuk tuk o cortarse el pelo en la calle, incluso afeitarse. Sí, afeitarse.

Corte de pelo en plena calle

En una esquina de la Vieja Delhi comprobamos cómo un barbero ofrecía sus servicios en plena calle, sin ninguna garantía de medidas sanitarias. César Sar, que debe mantener una imagen uniforme durante todo el programa, no lo dudó y se puso en sus manos. Una navaja, hojillas, una rudimentaria silla, un espejo colgado en la pared, una toalla de uso comunitario y algunos productos cosméticos eran las únicas herramientas con las que el barbero trabajaba. El resultado fue afortunadamente satisfactorio, pero es una experiencia no recomendable. A veces, cuando César pone el modo intrépido o la emoción le invade por conseguir una buena historia para la televisión, se le olvidan los peligros que supone realizar ciertas actividades.

Dejando el Viejo Delhi nos aventuramos a descubrir la ciudad. El sublime arco de la Puerta de India, erigida en 1931 en memoria de los soldados indios que perdieron la vida en la Primera Guerra Mundial; o Jama Masjid, la mayor mezquita de la India; o el Minarete de Qutab, el más alto del mundo; o el fuerte rojo... Son algunos de los principales atractivos que se pueden rastrear por la ciudad, pero fue Gurudwara Bangla Sahib, el templo sij, con toda su filosofía, el que nos cautivó. Más allá de su belleza exterior con su modélica cúpula dorada que decora el cegador blanco de su fachada, su principal tesoro está en el interior. No me refiero a la copia del libro sagrado que se halla en su interior, sino a la actividad diaria y los servicios que allí ofrecen. Cada día, entre las 9 de la mañana y 10 de la noche, ofrecen comida a las personas sin distinción de edad, sexo o religión. Hasta 30.000 raciones se disponen en este periodo de tiempo. Además, en sus patios también ofrecen agua fresca para combatir la deshidratación, ya que la mayoría de las personas en India no tienen agua potable en sus casas. Ante esta loable iniciativa no quedaba otra que indagar más en su religión, en su filosofía de vida y conocer más sobre el sijismo y sus 5 reglas: no cortarse el cabello, llevar un peine en la cabeza, una pulsera, unos calzoncillos largos y una daga que les recuerde su pasado guerrero. No creo que me equivoque al afirmar que será una de las historias más impresionantes que veremos en esta nueva edición de El Turista.

No podíamos abandonar Delhi sin visitar el Raj Ghat, la tumba de Gandhi, y el museo de este hombre irrepetible. Asesinado en 1948, no sólo fue un referente para el pueblo indio, sino que dejó huella en la historia de la humanidad. El lugar que honra su recuerdo es fiel a su estilo, sencillo y acogedor, con frases motivadoras. Sonriendo a Delhi, sonriendo al mundo, abandonamos la capital india para seguir nuestra ruta por el Rajastán.

La mejor manera de recorrer India -a modo económico- es contratando los servicios de un tour privado, con coche más conductor, y los alojamientos reservados. Para nosotros es básico este método, ya que requerimos tener una flexibilidad total de movilidad y poder pararnos a grabar cuando nos encontremos con algo relevante. Saliendo de Delhi, nuestra primera parada en esta ruta por el Rajastán fue Mandawa. Los turistas acudimos a esta pequeña ciudad, fundada a mediados del siglo XVIII por los comerciantes que participaban en la ruta de la seda, para deleitarnos con la belleza de sus prestigiosos havelis. Se tratan de palacios, mansiones de antiguos mercaderes, que fueron diseñados decorando sus fachadas con diversos motivos y tonos alegres. Elefantes, caballos, barcos, locomotoras, guerreros? se exponen en estas paredes que son una auténtica obra de arte de una incalculable riqueza patrimonial.

La lluvia hizo presencia en Bikaner. Nuestra principal enemiga para trabajar nos obligaba a buscar historias que filmar en localizaciones interiores, dejando así para otra ocasión el famoso templo de las ratas. Y la suerte nos sonrió. El mundo nos devolvió la sonrisa con el que afrontamos este imprevisto. Cánticos, vítores y mucho júbilo, que se sentía desde el exterior de una vivienda, llamaron nuestra atención. Nos acercamos, como si de exploradores se tratasen. Demostrando, otra vez, esta amabilidad seña de identidad del pueblo indio, la familia que estaba de celebración nos recibió como sus invitados especiales. El ambiente festivo era de carácter religioso y se debía a que estaban celebrando el cumpleaños de Krishna. Jóvenes y mayores, mujeres y hombres, compartían una exquisita merienda mientras cantaban y agradecían las bonanzas, la salud y la alegría que les proporcionaba su dios.

Pero no será la única festividad, en la que Krishna es el principal venerado, que podrán descubrir los espectadores de esta segunda temporada de El Turista. En Mathura, también de imprevisto, fuimos testigos de un acontecimiento religioso en el que los hindúes se vuelcan con ofrendas para agradecer a Krishna que les muestre el buen camino. La celebración finaliza con un acto muy fotogénico, con cientos de metros de coloridos saris unidos y portados en diferentes embarcaciones.

Todo lleno de c olor

El color también se manifiesta en las ciudades. Desde la fortaleza de Mehrangarh, de las más majestuosas del país, se obtiene la mejor vista de las casas azules de la ciudad vieja que se apiñan junto a la muralla. Su color parece que se debe a que la población comenzó a imitar la tonalidad con la que pintaban los brahamanes, la mayor de las castas, sus viviendas. También supone la puerta de entrada al desierto del Thar. Mientras que Jodhpur se exhibe con su intenso azul, la vecina localidad de Jaisalmer luce su imponente dorado. Enclavada en la cresta de una roca arenosa, conserva varios testimonios de su etapa como ciudad caravana en las rutas de mercaderes por el desierto. Su fuerte, con 99 torres y un fabuloso conjunto de templos jainistas, supone un oasis en medio del desierto.

Aún queda mucho que contarte de nuestro paso por India. Udaipur, Pushkar, Jaipur y el maravilloso Taj Mahal, en Agra, serán los protagonistas. El próximo domingo tienes una cita con este serial viajero, con el que espero conseguir que te enamores de la auténtica India.

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