27 de agosto de 2017
27.08.2017

Uno de cada 10 canarios sufre aerofobia y el 20% tiene problemas con viajar en avión

El trastorno más grave se manifiesta desde que el afectado compra el pasaje hasta el trayecto. Un experto de la ULL afirma que el 95% de los casos se cura con terapia

27.08.2017 | 03:39
Dos aviones a punto de coger pista en el aeropuerto Reina Sofía en Tenerife.

Tras la tragedia de Los Rodeos

  • La aerofobia es un trastorno duradero, que de no tratarse no solo puede afectar a la salud de la persona durante décadas sino que además es una de las fobias que se convierten en invalidantes, es decir, que "impiden realizar actividades cotidianas con normalidad". Así lo expone el catedrático de Psicología de la Universidad de La Laguna (ULL), Juan Ignacio Capafons, quien añade que en Canarias, aunque las cifras de personas afectadas son similares a las del resto del país, "es un problema mayor debido a la insularidad". "Parten de una emoción muy potente que es el miedo frente a la supervivencia", asegura el catedrático lagunero quien comenta que hay varios tipos de causa por las que las personas desarrollan este tipo de fobias. Entre ellas, destaca la existencia de una experiencia traumatizante previa vinculada con los aviones también puede provocar un miedo a volar. En ese sentido, Capanfos explica que cuando su grupo de investigación empezó a trabajar en la aerofobia a principios de los 90 "la mayor parte de las personas que llegaban tenían perfectamente identificado el inicio del problema: el accidente de 1977 en Los Rodeos, en el que muchos estuvieron colaborando". "En otros casos se da un sentimiento o pensamiento de predisposición al miedo, como por ejemplo generado a través de un sueño en el que algo malo va a pasar durante el trayecto", añade el profesor de la Universidad de La Laguna, quien alude a este origen como una "anticipación del peligro". A ellas se suma las causas desconocidas: "Se han registrado casos de personas con fobia a volar que nunca se han subido a un avión", asegura el psicólogo quien admite que "en estos casos suele ser menos grave y por lo tanto se puede intervenir bien". Al respecto, el profesional reitera que ante una fobia de este tipo lo importante es recurrir a terapia aunque admite que "en determinados casos en los que la fobia no es excesivamente grave, se pueden solventar con los cursos que ofrecen diferentes compañías aéreas que están supervisados por profesionales". Se refiere a personas que "lo pasan francamente mal", porque a juicio del experto cuando se trata de un trastorno o fobia más grave, de incapacidad, lo mejor es acudir a terapia directamente".

Entrar en una página web de reservas de vuelos o acudir a una agencia de viajes ya despierta en mucha gente esa alegría contenida del próximo destino. Lo mismo ocurre al hacer la maleta: con una lista previa o improvisando en el último momento, es la señal inequívoca de que espera al menos una pequeña aventura. Claro, que no todo el mundo lo ve así ya que hay personas para las que subirse a un avión no es nada placentero ni siquiera pensando en que tras al aterrizaje haya unos días de asueto.

Le pasa a alrededor del 30% de la población, personas que afrontan el trayecto con palpitaciones, ansiedad y nerviosismo. De ellos, cerca del 9% sufre verdadera fobia a volar y en muchos casos ni siquiera son capaces de subirse a un avión y se quedan en tierra. Según explica el catedrático de Psicología de la Universidad de La Laguna (ULL), Juan Ignacio Capafons, "se trata de una de las fobias más comunes" aunque solo recurren a profesionales aquellos para los que este miedo irracional es "invalidante". "Hay personas que por esta fobia son incapaces de ir a visitar a su familia, disfrutar de unas vacaciones o trasladarse por cuestiones de trabajo", añade.

En cualquier caso, el docente de la Universidad aclara que hay que diferenciar entre los que supone realmente un problema y los que "sí viajan, aunque lo pasan francamente mal". En ambos casos, la recomendación es recurrir a los profesionales para salvar este escollo, que cobra especial relevancia en un territorio insular como Canarias.

Capafons define esta fobia como "un miedo irracional, la persona siente incapacidad o sufrimiento extremo cuando debe viajar y un claro rechazo a subirse a un avión" y en concreto explica que las personas que lo sufren presentan dos tipos de manifestaciones: fisiológicas y psicológicas o cognitivas. Respecto a las primeras, el profesor de la ULL aclara que se traducen en "sensación de agobio, ahogo e incapacidad para respirar, mareos, taquicardias o dolor de pecho".

Acerca de las otras manifestaciones, además de incidir en que ambas están relacionadas, el psicólogo explica que "se basa en la sensación de que algo terrible va a pasar, un pensamiento catastrofista constante de que el avión se va a caer o a estrellarse".

Entre las particularidades de esta fobia se encuentra que suele tener una "aparición tardía", define Juan Ignacio Capafons, quien argumenta que "no aparece en los niños, sino en adolescentes y adultos". Además, se trata de un miedo extremo que surge antes incluso de enfrentarse al vuelo: "ya desde que lo empiezan a planificar o al comprar los billetes, las personas que tienen esta fobia empiezan a presentar las manifestaciones descritas", aclara Juan Capafons.

Tratamiento

El catedrático de Psicología de la Universidad de La Laguna (ULL) sostiene que se trata de una fobia que mucha gente intenta enfrentar por sí misma, lo que a su juicio "es un error puesto que muchas veces provoca mayor sensibilidad". "Es improbable que este tipo de situación se logre remontar sin la ayuda profesional", insiste Capafons quien recomienda acudir a profesionales, tanto psicólogos como psiquiatras.

"Exponerse a la fobia es clave pero debe ser dirigido por un profesional en todo el proceso: desde prepara la maleta, dirigirse al aeropuerto y el propio vuelo", comenta el docente universitario quien puntualiza que el 95% de los casos se logra curar con terapia.

"Se complica cuando se deriva a otros trastornos como puede ser la claustrofobia, pero en general podemos hablada den entre ocho y nueve sesiones de tratamiento", añade Juan Ignacio Capafons quien concluye que "lo fundamental es que el paciente comprenda que es seguro". "Es 17 veces más peligroso estar en la cocina que un avión", resume.

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