27 de marzo de 2017
27.03.2017
La galaxia a mediodía

El aforismo ultraperiférico

26.03.2017 | 22:59
El aforismo ultraperiférico

Está claro que el aforismo no es lo mío. Me intereso por el tema, desde luego, leo aquí y allá, compro de vez en cuando algún libro, corrijo el de algún amigo, e incluso, como todos alguna vez, me lanzo y compongo una, tres, siete frases loquinarias. Pero no es lo mío, sobre todo como lector. Un libro de aforismos, aunque no supere (como el que estoy leyendo estos días) las sesenta páginas, termina mareándome a los 15 minutos. Mi cabeza no da ni para tanto menudeo temático ni para tantas ni tan apelotonadas piruetas mentales. Y eso cuando el autor es penetrante y el libro prometedor. ¿Cuál es el secreto de los maestros modernos, entonces, Shopenhauer, Nietzsche, Cioran y Canetti? La respuesta es que su aforística constituye un segmento orgánico resultado de un sistema mayor de pensamiento orientada hacia un horizonte unificador. Entre la hornada de aforistas españoles actuales nombrados por Jaime Cedillo en Aforismos: el eco de la brevedad (El Cultural, 16/03/2017), lo diré ya, me decanto sin dudarlo por Jordi Doce. Su libro, Perros en la playa, no solo es hermoso: también una excepción de nuestro paisaje literario de la brevedad. Lo que marca la diferencia no es que Doce, como apunta Cedillo, cultive un aforismo más poético. Dicho así se elude el meollo. La diferencia la marca, en realidad, la vigilancia formal que el pensamiento poético (Doce es un excelente poeta) extiende sobre los aparatos de composición aforísticos. Dicho de otra manera: que sabe eludir el tópico expresivo del aforismo (dos conceptos, una enunciación con ligamento paradójico y la maquinita iterativa), ese estilema regresivo que transforma una buena idea en una ocurrencia paternalista, una antinomia maniquea, un chiste desafortunado o una solemne obviedad. Lo señalaba Canetti en un aforismo poco aforístico: "La muerte de los aforismos es su similitud, su forma intercambiable. Marchitos ya antes del primer aliento". La filosofía del aforismo actual esconde un problema genético. Su moda está causada no tanto por la naturaleza transitoria de Internet (donde no todo es fragmentario, fugaz o breve) cuanto por la fobia posmoderna al pensamiento filosófico sistemático. Con excesiva frecuencia, y hasta con alegría folclórica, el aforismo actual suele precipitarse en el plasma del pensamiento débil y sus realidades parciales. Su reaparición tiene mucho que ver con la propensión reinante en el mundo de la creación a las literaturas del yo en sus formas más egóticas. Aquí, el dinamismo de la invención pura (que suele fundamentarse en un precavido distanciamiento fictivo, es decir, poético) sufre un claro desplazamiento y se prefiere reflejar, disfrazado o no de otro, las derivas domésticas del escritor.

Prefiero al aforista de más largo aliento. No el que escribe el libro más extenso, entiéndase, sino el que logra mantener su escritura tensa y elevada y es capaz de ir más allá de la composición de una frase bimembre con resolución antitética. Es el caso de Doce, pero también el caso del Charles Simic de El monstruo ama su laberinto o del Ernesto Hernández Busto de La ruta natural. Simic nos ofrece más de un centenar y medio de páginas bien estructuradas y llenas de un yo ingenioso y sarcástico, pero también inagotable, en las que el escritor pasa del aforismo de una línea escasa a los largos párrafos de tono memorialístico o los micro-ensayos penetrantes de menos de una página. La ruta natural es un libro sólido y muy recomendable. Hernández Busto sabe mantenerse alejado del típico muestrario fugaz de gracejos axiomáticos y apotegmas catequistas. El propio autor se queja amargamente de ello: "Ese es uno de los riesgos de la escritura fragmentaria, la suma de ecos, la escritura como un gabinete de rarezas y obsesiones." Su lectura revela también que, antes de ser un espacio de reflexión solitaria, La ruta natural fue algo parecido a un diario en que el autor ha eliminado cualquier elemento de datación y sustituido el orden cronológico original por un diseño privado que, a la larga, refleja bien los procesos de simultaneidad del pensamiento. Tal vez el título palindrómico lo explique todo. La clave de estos trabajos estriba en que son libros, insisto, construidos, con etapas temáticas, con conexiones internas, con voluntad estilística, forjados por decantación de un sistema mayor, y no por mera dispersión.

Como siempre, el articulismo cultural de la Iberia española pasa por alto el espacio literario de nuestras Islas. En su artículo, Cedillo no nombra a ningún aforista canario. Uno de ellos, por cierto, se hizo en 2013 con el I Premio José Bergamín de Aforismos por su libro Dar que pensar, uno de los pocos títulos de la colección de Cuadernos del Vigía que, tras agotarse, ha tenido que ser reeditado. Nos referimos a Sergio García Clemente. Pero antes de traer aquí otros títulos publicados o en vías de serlo, es de justicia llamar la atención sobre una escritora secreta: Una familia completa (2009) y Desaparecer es empezar en otro sitio (2015) son sus únicos textos publicados. Me refiero a María José Alemán (Tenerife, 1967). Su escritura, segmentada, versátil, teñida de tonos poéticos, está cruzada por las voces maestras de Porchia, Szymborska, Proust, Luis Feria o Kenzaburo Oé. (Es posible seguir a Alemán a través de su web Bordes deshilachados.) Prosigamos. De 2008 es el libro El aprendiz de Isidro Hernández Gutiérrez (Tenerife, 1975), libro fragmentario e híbrido, tan apasionante como de imposible definición: ¿Centón, bloc de viajes, cuaderno de aforismos, diario trazado por impulsos? Seguramente El aprendiz es todo eso al mismo tiempo ensamblado en un estilo vivaz y un lenguaje exquisito. Del escritor Bruno Mesa es Argumentos en busca de autor (2009), volumen dividido en tres núcleos formales: aforismos, ensayos y un diccionario de escritores. En ellos el autor vuelve una y otra vez sobre sus temas preferidos: la futilidad de la existencia, la visión nihilista del mundo y la irrealidad del ser. Además de este cuaderno, escrito con sagacidad y voluntad constructiva, y cuyo título, por cierto, es el nombre de su web, Mesa (Tenerife, 1975) posee una obra compuesta por una novela, una colección de relatos, un diario y varios libro de poemas. La editorial peninsular Trea ha anunciado para finales de año la publicación de una compilación aforística de otro canario, me refiero a Horizontes circulares de Benito Romero. ¡Atentos! Cerramos este repaso por el aforismo canario volviendo a Sergio García Clemente y su reciente Mirar de reojo (Cuadernos del Vigía), libro con el que el autor parece confirmar su incipiente, y también ascendente, trayectoria aforística. Mirar de reojo constituye un trabajo mucho más sólido que el anterior. Para empezar, el lápiz ha bajado a hurgar con mayor arrojo al fondo de la materia humana. García Clemente es más agudo aquí y ha sorteado las peores trampas posmodernas del género (la sensiblería coelhiana y los groseros juegos de palabras.) El tono amable de Dar que pensar, acaso uno de sus puntos débiles, se diluye en Mirar de reojo para dar paso a un estilo más corrosivo, sí, pero también más hondo.

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