21 de enero de 2013
21.01.2013

El sudoku de los guanches

Un ingeniero en telecomunicaciones diseña un juego matemático inspirado en las pintaderas de los aborígenes

21.01.2013 | 03:00
Miguel G. Palomo con el tablero del juego canario inspirados en las pintaderas guanches.

Hace más de 10.000 años, los aborígenes canarios las utilizaban para decorar sus cuerpos con bellas formas geométricas. Ahora, en pleno siglo XXI, a un ingeniero en telecomunicaciones se le ha ocurrido que las pintaderas guanches sirvan para ejercitar la mente. Se trata de El Juego Canario, un pasatiempo basado en la lógica y las matemáticas que ya se puede descargar de internet. Al sudoku japonés le ha salido competencia.

El Juego Canario es obra del madrileño Miguel G. Palomo, un amante de los números que desde hace más de tres años se dedica a crear rompecabezas matemáticos. Al igual que en los antiguos sellos guanches, en este sudoku canario el tablero es un triángulo que se divide en ocho tiras con otros triángulos más pequeños. Resolver el puzzle depende de la concentración y la lógica. "Los triángulos se agrupan en las tiras que señalan las flechas. Dos tiras con la misma letra forman pareja, teniendo que contener cada dúo todos los números del 1 al 16", explica su creador.

Para completar el pasatiempo por tanto, se deben rellenar las tiras parejas sin repetir ningún número y, a su vez, que la cifra sea la adecuada para la otra letra con la que coincide. "Para resolver El Juego Canario tranquilamente lo mejor es descargarlo e imprimirlo y así poder tomar notas y hacer apuntes", aconseja Miguel Palomo.

Aunque parece algo lioso, el ingeniero asegura que jugar al Canario es "como hacer sudokus pero de forma triangular". Además, al igual que el invento japonés, el de denominación de origen canaria tiene diferentes niveles de dificultad. "Cada día aparecen en la web siete nuevos juegos de distinta complejidad, desde uno facilísimo hasta otro bastante difícil", apunta el madrileño. Aunque quien quiera puede romperse el coco intentando completar la pintadera más enrevesada, Palomo recomienda empezar "por la elemental". Ya habrá tiempo de ser un genio de los números.

El Juego Canario se dirige a todos aquellos a los que les apasionan los rompecabezas de lógica. "Como no hay que hacer operaciones aritméticas, con el Canario se entrena esencialmente el razonamiento y la concentración", matiza el inventor. El juego gusta a los que se reconocen "enganchados" al sudoku japonés. Quienes ya lo han probado, incluso, "lo prefieren", asegura Palomo. "Comparte muchos aspectos con el sudoku pero la experiencias de las filas inclinadas les resulta más estimulante", apunta el matemático.

La historia de cómo un madrileño acaba diseñando un juego inspirado en piezas aborígenes canarias tiene su explicación en plena Plaza Mayor de la capital nacional. "Había creado puzzles matemáticos en tableros cuadrados y ahora quería hacer algo parecido a un sudoku triangular", relata el ingeniero. Con la idea, pero sin algo en que inspirarla, Palomo salió por Madrid de paseo y fue entonces cuando encontró lo que buscaba. Allí, en el escaparate de una pequeña tienda de artesanía canaria. "Era un logotipo en forma de triángulo con otros nueve dentro, seis de ellos subdivididos en otros más pequeños, igual que los tableros de ochos tiras que estudiaba", aclara.

Ante la sorpresa del ingeniero, la dueña del establecimiento le explicó que esas antiguas piezas de barro con formas geométricas inverosímiles eran las pintaderas guanches. "Me vuelvo a casa a toda prisa y rebusco en internet", recuerda Palomo. "Y efectivamente, el logotipo que había visto se correspondía con la pintadera número 3048 del Museo Canario", añade. Con la página web aún abierta, el inventor no tuvo dudas. El rompecabezas se llamaría El Juego Canario.

A partir de entonces, las ideas empezaron a brotar por la cabeza de Miguel en auténtica avalancha. "Los colores del juego serían los del cielo y el océano, y el logotipo diría que es "un juego refrescante" en referencia a las Islas, al mar y a la singularidad del tablero", explica Palomo. Pero con tanto entusiasmo, al ingeniero se le había pasado por alto lo más importante: "comprobar si las pintaderas eran viables". Es decir, verificar si existían tableros de ocho tiras donde se cumpliera la condición de no repetirse. Unos meses más tarde quedó demostrado. "El proyecto iba en marcha", reconoce con emoción el madrileño.

Miguel también pensó que sería interesante que las 12 letras que identifican las parejas fueran las iniciales de los nombres de todas las Islas, incluyendo las del archipiélago Chinijo, y que los tableros estuvieran flanqueados por las constelaciones del Can Mayor y el Can Menor en referencia al escudo canario. El color y el logotipo se incorporaron al diseño definitivo, estas dos últimas ideas no: "Las pruebas iniciales demostraron que los jugadores preferían letras en orden alfabético para orientarse mejor, así como más espacio libre a los lados de tablero para hacer sus notas", aclara Palomo.

Con las comprobaciones de los primeros en aventurarse a entrenar la mente con su juego, el ingeniero ya tenía el nombre, el diseño y los tableros de pistas y soluciones. Ahora solo había que asignar una dificultad a cada pintadera y empezar a jugar. "Fue un proceso complicado por que, en general, la complejidad no depende solo del número de casillas vacías iniciales", matiza Palomo. Aunque ya tenía experiencias similares con otros de sus puzzles matemáticos, el asunto le terminó ocupando todo el verano de 2012. "Después solo quedaba crear la página web del juego y darlo a conocer", relata.

El objetivo fue alcanzado en diciembre. "A finales de año, los internautas ya empezaron a descargarse los primeros juegos canarios", señala Palomo. Y aunque es muy pronto para valorar su acogida, las pintaderas guanches para pensar están recibiendo buenos comentarios. "La gente me dice que lo prefiere al sudoku", apostilla el matemático. Y como no podía ser de otra forma, su afirmación se basa en números. "Las descargas diarias van en aumento, así que no me puedo quejar", concluye.

Aunque ponga toda su ilusión y entusiasmo en ello, Palomo no es precisamente un novato en esto de diseñar juegos para que otros le den vueltas a la cabeza. El Moshaiku, un juego que combina la poesía y la visualización, y el Konseku, basado en la idea de números consecutivos, son otras de sus originales obras que también se pueden descargar de internet.

Y no va a parar. Al Canario ya la ha salido un hermano menor. Un juego también con tablero triangular pero más pequeño llamado Monthai. Si sigue ampliándose la familia habrá que acostumbrarse a que hasta en Japón jueguen y ejerciten la inteligencia con desafíos inspirados en la cultura de los primeros pobladores de Canarias.

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