16 de mayo de 2012
16.05.2012

Tenerife alberga al mayor telescopio solar de Europa

El aparato permite observar la atmósfera del Sol con una resolución inédita hasta la fecha

16.05.2012 | 03:21
Cúpula retráctil del telescopio solar Gregor, en una imagen distribuida por el Instituto de Astrofísica de Canarias.

Tras diez años de trabajo, el telescopio alemán Gregor arranca sus operaciones en el Observatorio del Teide del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Se trata del telescopio solar más grande de Europa y el tercero en dimensiones del mundo.

Además de su diámetro, su avanzada tecnología permitirá a la comunidad científica –española, alemana e internacional– estudiar el Sol con un nivel de detalle sin precedentes hasta la fecha. Esto posibilitará comprender mejor los procesos físicos que acontecen en la mayoría de estrellas del universo, a la vez que ayudará a resolver los problemas que causa la actividad solar en los satélites y en las redes de energía de la Tierra. Profundizar en su conocimiento puede ayudar a mitigar estos problemas de alto impacto económico.

Gregor tiene una apertura de 1,5 metros, superior a la del resto de telescopios solares instalados en los observatorios del IAC. Su diámetro y el novedoso sistema de óptica adaptativa, que compensa las turbulencias atmosféricas, logra una calidad de imagen que, hasta el momento, ningún telescopio solar terrestre había obtenido, tanto en el rango visible como en el infrarrojo. La resolución espacial, espectral y temporal resultante permite que los investigadores puedan seguir los procesos físicos en la superficie del Sol en escalas tan pequeñas como 70 kilómetros.

El telescopio ha sido diseñado para realizar observaciones de la fotosfera solar –la capa de la que procede la mayor parte de la luz y el calor que se reciben en la Tierra– y la cromosfera –capa de la atmósfera solar que se sitúa justo encima de la anterior–. Pero también podrá utilizarse durante la noche: se monitorizarán soles distantes para averiguar si tienen el mismo comportamiento cíclico que nuestra estrella.

"Gregor se construyó, principalmente, para estudiar los procesos físicos en la superficie visible del Sol. En estas capas vemos cómo la energía proveniente de su interior emerge para, después, ser lanzada al espacio exterior y, en ocasiones, llegar a la Tierra", explica Oskar von der Lühe, director del Kiepenheuer-Institut für Sonnenphysik de Alemania. Al contrario de los telescopios solares tradicionales, el diseño de Gregor es completamente abierto: la clásica cúpula se sustituye por un techo retráctil que se abre para que el viento circule y evite el sobrecalentamiento de la estructura y los espejos. Esta especial arquitectura exige una importante estabilidad mecánica de la estructura del telescopio para eliminar las vibraciones del viento.

Gregor ha sido construido por un consorcio alemán, con cooperación de la República Checa y del Instituto de Astrofísica de Canarias.

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