27 de febrero de 2012
27.02.2012

"El trabajo de los traductores fue un éxito en el juicio del 11-M"

Elhassane B. Handi es intérprete de árabe en la Oficina de Asilo y Refugio del Ministerio del Interior

27.02.2012 | 12:18
Elhassane Benhaddou Handi durante la entrevista en la opinión de tenerife.

Elhassane B. Handi ha estado en Tenerife impartiendo una clase en la Universidad de La Laguna, dentro del curso de Experto Universitario de Mediación Lingüística. A pesar de no ser muy amigo de conceder entrevistas, hizo una excepción con la opinión de tenerife y aprovechó la ocasión para reivindicar su profesión y criticar el intrusismo. Handi formó parte del equipo de intérpretes que trabajó en el juicio del atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid, y su participación fue clave para desenmascarar las malas interpretaciones que hicieron los traductores italianos de la conversación telefónica grabada a Rabei Osman el Sayed, conocido como Mohamed el Egipcio.

–¿Por qué el juicio del 11-M supuso un punto de inflexión para su profesión?
–Fue el juicio más importante después de los de Núremberg por la cantidad de víctimas que hubo y por sus implicaciones mediáticas. El Ministerio de Justicia tuvo que pedir auxilio al Ministerio de Exteriores, porque éste tiene una oficina de lenguas que funciona muy bien, tiene a los mejores traductores de España y del mundo. Exteriores eligió a los intérpretes del juicio y lo primero que pidió fue cinco años de experiencia en la materia para ofrecer garantía de su profesionalidad. Fue un juicio con mucha presión y supuso todo un éxito el trabajo de los traductores e intérpretes.

–Usted estuvo en ese juicio. ¿Cómo fue su experiencia?
–Al principio con miedo y nervios. Era muy difícil. Pero un profesional tiene que sacar la fuerza de donde sea y, al final, resultó una experiencia que me aportó muchísimo. Me siento orgulloso de mi aportación a la justicia.

–Ustedes tienen un poder y una responsabilidad muy grande.
–Por su puesto. El árabe es muy complejo por la distancia cultural y por la lengua. Muchos árabes, cuando hablan, utilizan al mismo tiempo el árabe clásico y el dialectal. Y hay frases y palabras que existen en ambos registros pero con sentidos distintos. Por ejemplo, la palabra afia, si la digo como dialectal, la estoy mandando al infierno. Pero si yo la traduzco como árabe clásico, le estoy deseando salud y suerte. Por lo tanto, el intérprete, además de interpretar en fracciones de segundo, tiene que estar seleccionando y catalogando frases y palabras.

–Y supongo que tendrán un código ético que les impida añadir cosas a una interpretación.
–Cuando se interpreta, no sólo se interpretan lenguas. Se interpretan culturas, formas de concebir la vida. Se interpretan un montón de cosas en un marco, en un contexto. Una palabra que se puede traducir de una manera o de otra, dependiendo del contexto. Y, por supuesto, una interpretación fiel al cien por cien no existe. No conozco ningún intérprete del mundo que pueda hacer una interpretación así, siempre quedan matices, cosas. Errores se cometen como en todas las profesiones. Por eso, lo que hace falta es formación. Toda la formación que tenga un intérprete es poca, pero no sólo en lo lingüístico, en lo cultural y en lo jurídico, sino también en protocolo de actuación, formación en todos los ámbitos y palos que pueda ir tocando.

–Parece estresante.
–La interpretación es muy complicada porque es instantánea. Se trabaja con lo puesto. No hay tiempo, no hay margen para pensar ni consultar. Hay mucho imprevisto.

–Pero cuando se comete un error se puede corregir.
–Hay algunos errores que se pueden subsanar en el momento y hay otros que no se pueden. No obstante, lo normal es que después haya reuniones una vez terminada la entrevista, si se trabaja con un juez o un instructor, donde se pueden aclarar cosas. Un intérprete profesional lo debe hacer porque es un ser humano y está sujeto a caer en errores. Pero si no es profesional, a lo mejor no lo hace. Por eso nosotros abogamos por la profesionalidad. Hay un código deontológico que habla de estos temas.

–¿Hay intérpretes no profesionales en instituciones públicas?
–Los servicios públicos todavía se rigen por una ley del siglo XIX, cuando en España no había mucha población extranjera. Y muchos de sus artículos hablan de que cualquiera pueda ejercer de intérprete. Esto abre el abanico a que se contraten traductores e intérpretes con un nivel de Bachillerato. Y, claro, nadie en su sano juicio puede creer que un intérprete con estudios secundarios de Bachillerato pueda ejercer con profesionalidad en procesos complejísimos en la Audiencia Nacional, tribunales o en el Ministerio del Interior. Pedimos que la ley cambie para que se exija formación superior y el cumplimiento de protocolos para una selección adecuada.

–¿Un ejemplo de falta de profesionalidad?
–Una persona puede hablar dos idiomas, pero no entender los conceptos. Por ejemplo, alguien que no es profesional, delante de un tribunal le da igual traducir estafa que apropiación indebida, robo o sustracción. Una persona, si no conoce el Derecho no puede saber la carga jurídica de estas palabras.

–Pero se trata de traducir lo que dice una persona. Y si esa persona dice robo en lugar de sustracción...
–Pero siempre se interpreta dentro de un contexto. Por ejemplo, el árabe que se habla en Marruecos no es el árabe que se habla en Argelia o el que se habla en Siria. La palabra fiscal o ministerio fiscal tiene una traducción diferente en cada país y alguien que no conozca esa jerga acaba traduciendo el ministerio fiscal por otra cosa que no es exactamente lo que significa en la lengua del país.

–¿Es alto el nivel de intrusismo en España?
–Muy elevado. Hablo del Ministerio del Interior y el de Justicia. Eso no pasa en el Ministerio de Asuntos Exteriores y el de la Presidencia. Es decir, la primera liga de intérpretes están en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en el de la Presidencia, en el Banco de España y en las Cortes Generales, que exigen que los intérpretes sean profesionales. Por el contrario, en el Ministerio del Interior y en el de Justicia, donde entran en juego garantías de derechos fundamentales, es suficiente con el Bachillerato.

–¿Qué otras diferencias hay?
–Por ejemplo, un intérprete profesional es una persona independiente completamente. Está al servicio de la comunicación y no hace juicio de valor. Un profesional no puede ejercer de perito, no puede decir este hombre es de tal país, ni certificar si alguien dice la verdad o no. Uno que no es profesional, a veces invade las competencias de la policía o del juez haciendo juicios de valor y opinando.

–Habrá profesionales con menos ética.
–En todas las profesiones hay algunos que no respetan los códigos, pero al menos sabemos que parten de una base sólida, con una formación. Una cosa es tener derecho a un intérprete y otra es la garantía del derecho, que el intérprete sea de verdad.

–¿Hace falta más intérpretes en los ministerios?
––No puedo decirle exactamente, pero sí puedo decir que hace falta otra gestión. Hay sitios donde los intérpretes tienen menos trabajo y hay otros donde el trabajo les sobrepasa. Debe haber movilidad para que los intérpretes puedan cubrir trabajos que se den en otros departamentos.

–¿Con el mismo sueldo?
–Por supuesto tiene que haber una remuneración adecuada. Hay traductores que trabajan en Interior y Justicia que tienen doctorados, estudios superiores pero se les remunera como a un titulado de Bachillerato. Dentro de Interior nos han cambiado el nombre. Ni siquiera nos llaman traductores e intérpretes, somos técnicos superiores de gestión en servicios comunes. Laborales de nivel 3, es decir, nivel de Bachillerato.

–Y eso qué significa en el sueldo.
–Mileuristas.

–¿Usted ha tenido algún dilema ético?
–Cuando interpretamos, a veces lo hacemos en situaciones muy complejas. Yo trabajo en el ámbito de la protección internacional, con refugiados, y las historias que nos cuentan no son cuentos de hadas. Son historias tremendas de persecuciones, violaciones y matanzas. Hay que tener una fuerza enorme para poder estar todos los días interpretando esas historias y, a veces, los sentimientos pueden arrastrarnos a trabajar de una forma que no es la adecuada. Hay que estar atento y la única forma de poder ayudar a estos refugiados es ajustándonos a nuestro trabajo, haciendo la interpretación sin añadir, sin resumir, sin magnificar.

–Si tuviera que lanzar un mensaje de su profesión...
–Si estoy en un país extranjero y tengo un problema, antes de elegir el mejor abogado o al mejor juez, pediría al mejor intérprete. Como dijo López de Vega, antes de ser defendido, prefiero ser entendido.

–¿Tiene miedo que su profesión sea sustituida por las máquinas?
–La prueba de que nuestro trabajo es tan complejo y exige una gran preparación es que, hasta en este momento, cuando las máquinas han sustituido a conductores, y pilotos, para la interpretación todavía no se ha inventado ninguna que pueda ejercer de intérprete, porque el lenguaje es muy manipulable, se presta a distintas interpretaciones. El día que una máquina pueda sustituir al intérprete será porque habrá una inteligencia tan superior que podría sustituir al ser humano en cualquier ámbito.

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