12 de noviembre de 2011
12.11.2011
educación

Los héroes de San Diego

Un centenar de estudiantes de los institutos recorren La Laguna para llevar sus calabazas al santo y contar los botones de la escultura en busca de un aprobado

12.11.2011 | 00:29
Un momento del recorrido

Érase una vez un profesor de instituto que quiso fastidiar a sus alumnos. El centro se encontraba en una ciudad hermosa, que cada mes de noviembre rendía homenaje a San Diego de Alcalá. El día 12 era costumbre peregrinar hasta la ermita del santo, que se alzaba en la montaña bajo el aroma de un enorme eucalipto. Pero el malvado profesor no quiso que los más jóvenes participaran en esa fiesta y les puso un examen. Los chicos y chicas recurrieron al director del centro y la opción que encontraron fue sencilla: no asistir a clase.

Los estudiantes se sumaron a la fiesta de la hermosa ciudad y avanzaron hasta la ermita y el eucalipto. Hasta allí llevaron a San Diego de Alcalá un puñado de calabazas como ofrenda, símbolo del suspenso que les caería por faltar al examen. Pero como los jóvenes son entusiastas por naturaleza, pusieron todas sus esperanzas en un próximo aprobado y, con más superstición que otra cosa, contaron los botones de la escultura de Juan de Ayala, fundador de la orden que ampara la ermita de San Diego.

El paso del tiempo fue escondiendo la fiesta. Los estudiantes siguieron fugándose de clase cada 12 de noviembre, pero cambiaron la ofrenda de calabaza y el recuento por las chuletadas en el monte. Y la ermita de San Diego de Alcalá se apagó. La imagen, inspiradora para los alumnos, se trasladó hasta la iglesia principal de la ciudad, llamada La Concepción. Y las paredes que tantas fiestas juveniles soportaron quedaron empobrecidas.

Y ello a pesar de que la hermosa ciudad, conocida como La Laguna, llegó a convertirse en Patrimonio de la Humanidad. El instituto donde daba clases el malvado profesor cambió de nombre y pasó a llamarse Cabrera Pinto, en honor al amable director que apoyó la primera fuga estudiantil. Pero San Diego seguía sin recibir calabazas.

Como los profesores no siempre son los malos de los cuentos, un grupo de docentes de otro centro educativo de la ciudad decidió despertar a San Diego y a Juan de Ayala. Por eso organizan desde hace cuatro años una recreación de la primera fiesta de la fuga. Sus chicos se convierten en los de antaño y recorren a pie la distancia entre el instituto y la ermita. Tanto insistieron los buenos profesores y los estudiantes que consiguieron devolver la imagen de San Diego a la sombra del eucalipto.

Allí mora el santo y su fundador. Pero la tarea de los héroes de esta historia no ha terminado. Ayer un centenar de ellos, entre estudiantes del instituto de San Benito y del IES La Laguna volvieron a faltar a clase. Pero en lugar de buscar otra ocupación, peregrinaron en busca de su suerte en los exámenes.

Antes de contar los botones a un Juan de Ayala recuperado, los alumnos entregaron al párroco varias calabazas. Su ofrenda además se tornaba en solidaria, porque aunque la ciudad luce como nunca, las dificultades económicas se acentúan y las calabazas servirán de alimento a los más necesitados. En los bancos de la ermita, los jóvenes escuchaban al párroco contar la historia de sus paredes y sentado con ellos se encontraba el alcalde del municipio. Fernando Clavijo, que en su época estudiantil también aprovechó para escaparse de clase en noviembre para disfrutar del día de chuletada, aplaudió la iniciativa de sus pibes y pibas.

El argumento del regidor, que se atrevió a contar los botones por si tuviera que presentarse a algún examen, recogió de primera mano el testigo que lanzaron los héroes de San Diego. Los chicos, sus profesores y los vecinos de la zona que luchan por recuperar la tradición perdida han pedido al Ayuntamiento de La Laguna que nombre al santo y a Juan de Ayala figuras ilustres estudiantiles y el alcalde prometió tramitar la solicitud.

La historia sigue escribiéndose y los estudiantes y los buenos profesores ya se plantean otro reto para tener un buen final. Quieren hermanarse con el instituto San Diego de Alcalá de Fuerteventura. Quizá los majoreros recorran el año que viene la hermosa ciudad para ofrecer sus calabazas al santo.

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