19 de junio de 2011
19.06.2011

Una joya hecha tratamiento

La joven Cris Rodríguez se dedica a la creación de bisutería y adornos como forma de afrontar la grave enfermedad que le causó la amputación de su pierna

19.06.2011 | 02:13
Cris remata dos de sus creaciones.

Asegura que empezó a fabricar abalorios y bisutería "por necesidad" y define esta actividad como "una prolongación del Carnaval". Pero lo cierto es que el hecho de crear diademas, pulseras, colgantes, pendientes, broches y anillos es más bien una terapia. La historia de Cris comienza en 2007 cuando un sarcoma en la rodilla se cruzó en su vida y la cambió para siempre, en todos los sentidos imaginables.
Entonces fue cuando descubrió su habilidad para crear adornos, actividad a la que se dedica en parte ahora que la amputación de su pierna derecha le impide desempeñar un trabajo. Pero no lo hace sólo para ganar dinero. De hecho, la mejor recompensa de su actividad es que le permite evadirse, mantenerse activa y salir adelante. En definitiva, olvidar que una dura enfermedad le impide llevar una vida normal a sus 31 años.
El primer adorno que creó fue una diadema: tras el proceso de quimioterapia, al volver a crecer su pelo, se percató de que "era incontrolable, salía para donde quería y necesitaba algo con lo que dominarlo". Sus adquisiciones no dieron el resultado esperado ya que, a juicio de la joven, estaban mal hechas. Y se decidió a probar. "Siempre fui muy apañada, me hacía mis cosas para los disfraces de Carnaval, así que pensé que no sería tan difícil", argumenta Cris.
No es tan fácil, desde luego. Cualquiera es capaz de fabricarse sus propios complementos, más o menos decentes, para el disfraz, pero lo que sale de la cabecita de la joven icodense y de sus avispadas manos es más bien complicado. Desde el momento en que Cris recibe un pedido se pone en marcha un mecanismo de ilusión que comienza con la tarea de diseñar el abalorio correspondiente y luego ya toca elegir materiales (que por cierto vienen de Canadá, Estados Unidos y hasta Tailandia), combinarlos y hasta envolverlos.
Tanta actividad consigue que se mantenga ocupada, o lo que es lo mismo, la mantiene viva. Esa fuerza vital que entrega a cada pendiente, cada pulsera, cada diadema es lo que hace de la historia de Cris un ejemplo a seguir. El cáncer no la frenó en 2007 pero tampoco lo hizo dos años más tarde, cuando el sarcoma obligó a la amputación de su pierna. Ahora se desenvuelve más o menos con su prótesis, que aprende a controlar en rehabilitación y que, por cierto, sale un ojo de la cara.
"La Seguridad Social pone un máximo, pero mi pierna necesita mucho más y cada aplique es un dineral", explica la joven mientras da las últimas puntadas a un broche de fieltro. Casi sin darse cuenta, ha ocupado la mitad del despacho de su padre, en su propia casa, y lo emplea como taller. Todo perfectamente recogido para evitar un posible desaguisado por parte de sus mascotas, que también le regalan cada día algo de vida. Ahora, dos años después de tener que limitar sus movimientos, se confiesa "prácticamente independiente": conduce sola y va de compras, pero tiene algunos inconvenientes: en noviembre permanece encerrada en casa para evitar resbalones en las aceras engrasadas por la tradicional fiesta de las tablas en honor a San Andrés y solucionar una necesidad urinaria al salir de fiesta es más bien una misión imposible. "No puedo ir a los servicios públicos porque no puedo hacerlo de pie, así que opto por ir a la calle y que me sujeten mis amigas", explica la joven.
Cris Rodríguez confiesa que algunos momentos de su enfermedad sentía que el suelo a sus pies se derrumbaba, pero pensó en alguien que la necesita más que ella misma: su madre se ha convertido en su apéndice y depende más de ella que al revés. Y allí estará cuando todo esté como tiene que estar y cuando ya no haga falta preocuparse por eso. Mientras tanto, la joven icodense se entretiene entre revisiones médicas, pedidos de sus creaciones, actualizaciones de blogs,... y un sinfín de actividades normales de una persona de 31 años a la que le queda mucho más por enseñar.

Y encima, solidaria...
Un broche son cinco euros, una diadema, seis y un conjunto de colgante o camafeo y pendientes entre 10 y 20 euros. Se trata de precios económicos que apenas cubren los materiales, sobre todo si se tiene en cuenta que el 10% de las adquisiciones a CrisbyCris, se destinan a un fin solidario. La joven entrega esa proporción de los ingresos por abalorio a la Fundación María García Estrada, cuya acción se encamina a la investigación del sarcoma. Este tipo de cáncer, relacionado habitualmente a la población infantojuvenil, es lo que provoca la mayor parte de las amputaciones de extremidades y de hecho, "parece que es el único remedio que existe para él", según lamenta Cris Rodríguez. La Fundación nace para responder a la pregunta que se hacía la propia María Estrada: "¿Qué enfermedad tengo? ¿Cómo puedo curarme?". Estas cuestiones son similares a las que hace la joven creadora, quien insiste en reclamar su derecho "a saber por qué me salieron tres sarcomas". Por eso, porque quiere respuestas, se ha hecho socia de esta Fundación y colabora con ellos también a través de CrisbyCris, además de en acciones puntuales. "Recientemente han estado en Haití con personas amputadas y les he enviado algunos detalles", señala Cris, quien dice que lo que más le atormenta en este mundo, "lo que impide que duerma" es pensar que a una niña o un niño de seis, siete, ocho o nueve años tengan que amputarle una pierna porque es la única manera de curarle. "Tiene que haber otra forma", insiste la joven, quien admite que ahora lo que causa sus pesadillas no es el ruido de la quimioterapia ni los recuerdos de su tratamiento. "Con lo que sufro cada noche es con la planta de oncología infantil, tiene que existir algo que evite ese sufrimiento a los niños".

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