21 de marzo de 2010
21.03.2010
misiones secretas en canarias

EE UU instaló en La Palma una base para espiar a Rusia

Estados Unidos abrió a lo largo del Atlántico y Pacífico una serie de estaciones de escucha submarina para espiar a los soviéticos en la Guerra Fría

22.03.2010 | 12:53

Uno de estos centros se instaló en la costa de Puerto Naos

En plena Guerra Fría los rusos van adquiriendo la suficiente capacidad para poner en el mar a sus submarinos nucleares casi a la misma velocidad que los americanos. Los Estados Unidos preocupados por el alcance del potencial de su tradicional enemigo optan por contrarrestar tal medida mediante la creación de una serie de bases que permitan tener localizados de manera permante la ubicación de los sumergibles rusos.

El proyecto que afecta a España se denomina Mils, bajo los auspicios del Instituto Geofísico INS, de la Universidad de Columbia, en Nueva York. Los americanos creen que el mejor sitio para ubicar dicha base es la Isla de El Hierro, pero la idea pronto es desechada puesto que carece de aeropuerto. El motivo de necesitar un aeródromo no era otro que los registros que captaban los sonares submarinos tenían que ser remitidos diariamente a la base de Torrejón de Ardoz, en Madrid, y de ahí a la sede central en Bermudas, de donde pasaba al centro de evaluación de Guerra Antisubmarina, en Nueva York.

Por ello se eligió la Isla de La Palma. Contaba con el aeropuerto de Buenavista en Breña Alta, pequeño pero para la misión encomendada servía.
Los primero que hace la Armada Española es adquirir los terrenos donde se han de instalar los americanos, a Daniel García Sosa, 5.766,20 metros cuadrados, por un precio de 2.883.100 pesetas. A Gregorio Gómez González, 1.580 metros cuadrados por un precio de 790.000 pesetas y a Olayo-Eladio Fernández González, 583,80 metros cuadrados con un precio de 291.000 pesetas. El protocolo notarial se firma en la notaría de Eugenio Álvaro Carballo Fernández de Santa Cruz de la Palma, el 30 de mayo de 1964.

Los primeros materiales comienzan a llegar a la Base Naval de Las Palmas en 1963 y una barcaza de desembarco, la Unisev-I, es la encargada de transportar el 8 de junio de ese año el material hasta la playa de Puerto Naos.

El día 13 de junio comienza el tendido de los cables de hidrofonía. Supervisa el trabajo Carl Hartdegen adscrito al Palisades Geophysical Institute. Los cables con sus respectivos micrófonos son fondeados a unos cien metros de la costa y a partir del 14 de junio comienzan a realizarse una serie de muestreos con el fin de comprobar su efectividad.

El personal americano llega a la Isla y se reparten entre unos apartamentos en la zona de Tajuya, en Los Llanos de Aridane y en la pensión Monterrey, en el cercano municipio de El Paso. Con ellos llegan las primeras botellas de coca-cola a la Isla Bonita.
Es a partir de este momento cuando se contrata a personal palmero. A lo largo de su existencia tan solo dos personas trabajaron de manera continuada, ya que los americanos eran muy exigentes con el cumplimiento de los horarios. Uno de ellos es Hugo Castro Bethencourt.

Los aparatos cada vez más sofisticados son instalados en las dependencias de la estación de hidrofonía. A los trabajadores canarios y peninsulares se les pide total discreción puesto que oficialmente las tareas que allí se desarrollan consisten en el estudio y seguimiento de las ballenas. La realidad es que se trata de una estación secreta donde los americanos tratan de adelantarse a los soviéticos y de esta manera poder controlada la navegación de sus sumergibles en el Océano Atlántico.

Crisis de los misiles
En junio de 1962, la estación de Barbados detecta el paso de un sumergible nuclear soviético que fondea en aguas del Golfo de Maine. Hay que tener en cuenta que estamos en plena crisis de los misiles en Cuba y que los americanos tratan por todos los medios de evitar un conflicto nuclear. Pero para ello, han de tener ubicados a todos los sumergibles rusos que abandonan sus bases en Leningrado y los que salen de Sebastopol, cruzan el Estrecho de Gibraltar bajo el casco de otro navío para no ser detectados y se posan en el lecho marino frente a las costas de los EE UU.

En 1965 se sustituyen los primitivos hidrófonos submarinos por otros de mejor calidad y más alcance. La base llegó a contar con seis de ellos.

Tal vez el mejor servicio desarrollado por la estación de Puerto Naos ocurrió tras la desaparición del submarino nuclear americano USS Scorpion (SSN-589), el 22 de mayo de 1968, con 99 hombres a bordo. Su localización fue posible gracias al personal de La Palma, ya que durante 15 días, los trabajadores estuvieron con los cascos de escucha puestos las 24 horas del día tratando de localizar algún rastro del sumergible.

Para ello, aviones norteamericanos sobrevolaban el océano Atlántico y arrojaban una carga de profundidad. El artefacto al explotar en el mar producía un eco que era recibido en la base y dependiendo con el objeto que chocase la onda se podía determinar o incluso descartar de lo que no se trataba. Finalmente, los trabajadores de la estación palmera creyeron escuchar un eco que venía con una longitud de onda diferente, por lo que se acotó la zona. Barcos y aviones de la Navy y de la Usaf rastrearon el lugar. Un submarino para grandes superficies realizó una inmersión en el lugar y localizó, antes que los rusos, el sumergible.

El segundo gran hito de esta estación fue la elaboración en 1971 de un mapa sismográfico de la erupción del volcán Teneguía.
Ese año comienzan a escucharse unos ruidos anormales y los sismógrafos disparan las agujas. Los americanos remiten los resultados a su base central en Bermudas y estos no pueden ser más concluyentes. Un volcán está a punto de erupcionar. El 31 de octubre de 1971 reventaba el Teneguía. Como muestra de agradecimiento los americanos regalaron a Hugo Castro el registro sismográfico del mismo.
Las tareas que desarrollaban los nueve trabajadores que estuvieron a lo largo de los 14 años en que operó la estación consistía en asegurar que todos los aparatos funcionaban en "on". Comprobaban las lecturas de las fuentes de energía, así como los grabadores al tiempo que medían y anotaban las resistencias de los cables hidrofónicos. Para ello, debían comprobar el nivel de ruido del mar (océano ambiente), con un ajuste de los disminuidores (attenuators), todo ello según un manual que los americanos entregaban a los españoles una vez eran contratados.

La base comienza a languidecer a principios de los años 70 con la aparición de nuevos sistemas de escucha y vigilancia submarina como los satélites que acaban quitando protagonismo a las estaciones terrestres. Así en 1974, la estación de hidrofonía y escucha submarina de Puerto Naos en la que quedan trabajando tres españoles y un americano cerraba sus puertas tras 14 años de existencia.

La Armada española decide que en un primer momento sea ocupada por un celador de Puerto y Pesca, pero las condiciones de habitabilidad no son las mejores, por lo que en 1988 el Ministerio de Defensa procede a desafectar y declarar la alienabilidad de los terrenos que pasan a ser propiedad del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane. Las estancias que antaño ocuparon mesas, consolas y los aparatos más sofisticados de escucha son hoy albergue de okupas.

En la memoria de los trabajadores de la base queda las estrictas normas dictadas por lo dos jefes que tuvieron, Carl Hartdegen, primero y Peter Green, años después. La jornada de trabajo comenzaba a las nueve de la mañana y finalizaba a las cinco de la tarde. Durante todo este tiempo, había que jugar una hora al ping-pong, ya que según decían ellos esto mantenía la rapidez de reflejos. También era costumbre que todos los años había que sacarse una fotografía en el mismo lugar y posición que años anteriores para comprobar el envejecimiento.

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