20 de septiembre de 2009
20.09.2009
La emigración canaria y Los ´años de plomo´ de América Latina

El genocidio argentino se llevó sangre canaria

20.09.2009 | 01:05
Regino Adolgo González Sandaña.

Treinta mil personas desaparecidas son parte de la herencia que dejó la última dictadura militar argentina (1976-1983). Regino Adolfo González Sandaña, nieto de la lagunera María Saturnina Padrón Rafael, integra esa lista de víctimas de un accionar represivo que organismos internacionales y las Justicias de Francia, España, Italia y Alemania, entre otras, han calificado de genocidio y crímenes de lesa humanidad. Un 13 de septiembre de 1979, treinta años atrás, este nieto de una canaria pagaría con su desaparición y el sufrimiento de su familia, el precio de no coincidir con el pensamiento de los genocidas.

El 24 de marzo de 1976, un grupo de militares pone fin al Gobierno constitucional de Argentina, encabezado por María Estela Martínez de Perón (Isabelita) e inaugura lo que pomposamente bautiza como Proceso de Reorganización Nacional, cuyo máximo éxito será el hacer desaparecer a 30.000 personas, no solo argentinos sino de otras nacionalidades, entre ellos 57 españoles nativos, aunque la cantidad puede superar los 1.000 si se tiene en cuenta a hijos y nietos.
Uno de ellos será de raíz canaria: Regino Adolfo González Sandaña, nieto de Juan Manuel Sandaña y María Saturnina Padrón Rafael, oriunda ésta de La Laguna, donde naciera el 11 de febrero de 1911, para emigrar en 1924 hacia Argentina soñando con una paz que en ese momento no existía en España y cinco décadas después descubriría que tampoco en el país sudamericano.
Juan y María vieron crecer su familia: de su matrimonio nacería Delia Tomasa que, tras casarse con Adolfo González, les daría entre otros nietos a Regino, que vió la luz el 11 de enero de 1948 en Buenos Aires.

Treinta años después, el 13 de septiembre de 1979, Regino pasará a integrar esa lista de desaparecidos demostrativa del genocidio perpetrado entre 1976 y 1983 en Argentina.
Ese día Regino Adolfo González Sandaña, tras besar a su mujer María Consuelo y sus hijas Delia (5 años), Judith (4) y Mariana (3), salió en busca de trabajo.
Esos besos serían el último recuerdo que sus cuatro amores tendrían de él pues no volverían a verlo con vida, ya que minutos después un ´grupo de tareas´ -como llamaban los responsables de la dictadura militar a sus equipos de secuestradores-, le cogió en una esquina cercana a su domicilio en Munro para trasladarlo al centro de detención ilegal de Campo de Mayo, el más importante cuartel del Ejército Argentino en la provincia de Buenos Aires. Testigos consultados por su familia y organismos defensores de los derechos humanos afirman que no llegó vivo.

En el mismo momento miembros del Ejército, en busca de "peligrosos terroristas" allanan su vivienda y se llevan a su mujer y sus tres hijas también a Campo de Mayo, saqueando el lugar, de donde se llevan electrodomésticos, muebles, ropa y, como un modo de borrar el pasado de Regino y su familia, destruyen hasta los recuerdos fotográficos, motivo por el cual solo queda de Regino la fotografía que ilustra esta página.

María Consuelo, tras ser secuestrada, permanece un mes y medio en Campo de Mayo hasta que luego de ser sometida a un "tribunal militar" sin la mas mínima garantía legal, es condenada a 20 años de prisión lo que, a pesar de lo aberrante de la situación, fue lo mejor que podía en ese momento ocurrirle. Que la "legalizaran". Que la ingresaran en una celda con una sentencia en su contra. Lo contrario hubiera sido terminar como su esposo: integrando la lista de 30.000 detenidos desaparecidos, y sus hijas -una vez usurpadas sus identidades-, entregadas a familias de represores, situación ésta en la que aún están cientos de hijos de desaparecidos y a los que buscan las Abuelas de Plaza de Mayo.

Diez días después del secuestro, sus tres hijas son entregadas a los padres de María Consuelo sin dar ninguna explicación.
Este destino de la familia de Regino se debe a que Naciones Unidas, gobiernos europeos, y la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos ya estaban atiborrados de denuncias que daban cuenta del genocidio en Argentina, por lo que las presiones, en especial de este último organismo continental y de la Embajada de España en Buenos Aires -pues Regino era ciudadano español- logran salvar la vida de su mujer y sus hijas pero nada pueden hacer por él.

María Consuelo, aún así, pasa cuatro años en prisión, hasta que poco antes del retorno de la democracia en Argentina, y esta vez por la gestión del entonces presidente del Gobierno español, Felipe González, es liberada.

En esos cuatro años, María Consuelo conocerá la dureza y el coraje de los canarios. Su abuela política, la lagunera María Saturnina Padrón, le visitará semana tras semana dándole su respaldo, y a la vez enfrentando a los carceleros de la prisión de mujeres de Caseros, impidiendo que le apliquen las humillaciones y vejaciones que imponen a familiares de otras reclusas.

el ´terrorista´ canario
Pero... ¿Quién era Regino?, ¿qué hacía en Argentina este descendiente de canarios, como para que la dictadura le consideraran un ´peligroso terrorista´?
Para comprenderlo debe tenerse en cuenta una concepción del poder que 25 años después ´globalizaría´ George W. Bush hijo tras los atentados del 11-S. "Se está con nosotros o con los terroristas". Todo aquel que no coincide con el pensamiento dominante es un terrorista. Un enemigo a destruir, desaparecer y asesinar, no sin antes haber obtenido de él, a través de la tortura, toda información posible para arrestar, desaparecer y asesinar, a otros ´terroristas´. Y el pensamiento de Regino no coincidía con el de los genocidas de Argentina.
Huérfano de madre desde los doce años, su primer paso por la educación media es la Congregación de los Salesianos, donde ingresa con el objetivo de ser sacerdote aunque a los 20 años descubre que no es su vocación e ingresa en la Facultad de Filosofía y Letras donde conocerá a María Consuelo, su esposa y madre de sus tres hijas, hoy herederas de su raíz canaria.

Impulsado por sus preocupaciones sociales y los Sacerdotes del Tercer Mundo, que seguían la Teoría de la Liberación, ingresa en la política siendo, desde el ala juvenil del Partido Justicialista, uno de los promotores, en 1973, del regreso a la Argentina de Juan Domingo Perón, dos veces presidente constitucional de Argentina y desterrado en España durante 18 años, tras ser destituido por un golpe militar en 1955.
Regino -pese a postularse para diputado- no abandona su labor social, tarea durante la cual le sorprende el golpe de Estado de 1976.
De manera contemporánea una oferta de trabajo le lleva a Italia, en tanto que su familia se establece en España, lo que le permite no tener tan lejos sus afectos.

Pero la distancia no minimiza su preocupación por lo que acontece en Argentina, y junto a miembros del Justicialismo como Rodolfo Puigros; el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires Oscar Bidegain; y el ex de la provincia de Córdoba, Ricardo Obregón Cano, denuncian en Europa las aberraciones que está cometiendo la dictadura, obteniendo el apoyo de líderes de la socialdemocracia europea, entre ellos el del entonces presidente de Francia Francois Mitterrand y su esposa.
En esa etapa hístórica Europa tiene una particular admiración por los movimientos de liberación con una concepción de la lucha armada como modo de resistencia, por lo que Regino y otros exiliados crean en 1977 el Movimiento Peronista Montonero, más como movimiento insurgente que como partido político.

En respuesta, la Armada Argentina (Marina) instala en la Embajada argentina en París un Centro Piloto que no es otra cosa que una ´central de inteligencia contrainsurgente´, cuyo objetivo es vigilar las actividades de los exiliados argentinos.
No escapa a estos espías las actividades de Regino y el resto de los integrantes del movimiento, y aunque éste no adhiere a la violencia como modo de recuperar la democracia en su país, -algo que es evidente que los espías conocían-, ello no impide que sea incluido entre los enemigos de la dictadura. Este descendiente de canarios pasará, por tanto, a integrar la lista de "...los que están con los terroristas".
A principios de 1979, Regino vuelve a Argentina junto a su familia, y mientras busca trabajo ayuda a compañeros de pensamiento que están siendo perseguidos, logrando salvar a varios de ellos al colaborar con su salida al exterior.

Su desaparición, el 13 de septiembre de 1979, le impedirá ver una Argentina mejor y, como siempre se propuso, la tierra natal de su abuela. Un San Cristóbal de La Laguna de la que María Saturnina siempre le hablaba con amor y nostalgia de sus paisajes, sus costumbres y su gente.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook