04 de mayo de 2008
04.05.2008

Un paseo por el tiempo

Los tesoros de San Francisco se pierden

04.05.2008 | 01:30
Como se puede ver, las pinturas del techo están bastante deterioradas.

"Las pinturas del baptisterio y algunos retablos se nos van a caer. Hay retablos en los que prácticamente sólo queda el pan de oro y la pintura de fuera. Las termitas se han comido la madera". Así describe el padre Jacinto Barrios la situación de los bienes artísticos que posee la iglesia de San Francisco, una parroquia que está declarada Bien de Interés Cultural, en la categoría de Monumento.

El párroco de la iglesia de San Francisco, Jacinto Barrios cree que "es urgente" restaurar los bienes que alberga la parroquia, ya que tienen un gran valor artístico y si no se actúa pronto se perderán para siempre. El sacerdote destaca el deterioro de las pinturas del presbiterio, las del baptisterio y algunos cuadros y retablos.
"La parroquia no puede afrontar sola una restauración a fondo, bastante hace con mantenerla" señala el padre Barrios, que considera que la iglesia de San Francisco "ha estado siempre un poquito olvidada" y solicita un acuerdo entre las distintas instituciones para "entre todos ver como damos con la solución y empezamos a restaurar lo más urgente".
Sin embargo, desde el Episcopado, el vicario de asuntos económicos, Julián de Armas, recuerda que en los últimos años se han acometido obras importantes, como la reparación de las cubiertas y la electrificación, reconoce que los acuerdos de este año con el Cabildo Insular no incluyen ninguna actuación en este templo, pero asegura "San Francisco no está olvidada, sabemos que aún faltan cosas por hacer".

el templo
La iglesia de San Francisco se levantó sobre la antigua ermita de la Soledad, cedida por su fundador, Tomás de Castro Ayala, a los franciscanos en el siglo XVII. Éstos no contaban con demasiados medios económicos, por lo que construyeron primero su convento y luego la iglesia. El templo fue diseñado por Fray José Pérez.
El inmueble tiene una planta rectangular, dividida en tres naves por arcos rebajados apeados sobre robustas columnas. Las naves están cubiertas por artesonados en estilo portugués y tienen ventanales rectangulares en los costados, amplia gradería para subir al presbiterio y pinturas en la techumbre.
La fachada traduce la división en naves y se compone de un cuerpo central, definido por un arco de medio punto enmarcado por columnas salomónicas que soportan el arranque de un frontrón truncado y coronado por una hornacina con la imagen del patrono .En cada uno de los laterales de la fachada se ubican sendas portadas de medio punto en cantería y un hueco de iluminación. La fachada está rematada por una cornisa pétrea que recorre los tres cuerpos.
En su interior destaca el Retablo Mayor. Data del siglo XVIII y está considerado como uno de los más interesantes del Archipiélago. Ha sido restaurado recientemente, aunque se olvidó la parte de atrás. Destaca la decoración botánica e iconográfica. Lo preside la imagen de la Inmaculada Concepción, obra del orotavense Nicolás Perdigón Oramas. A la izquierda, hay una imagen de San Francisco de Asís, obra americana del siglo XVIII, y a la derecha otra de Santo Domingo de Guzmán, obra anónima del siglo XVII, procedente del desaparecido convento de la orden de predicadores. En esta capilla mayor se pueden contemplar las pinturas murales alusivas a la Eucaristía.
También destaca en este templo el retablo de Nuestra Señora del Retiro. Tiene tres nichos: uno grande central, en el que está colocada una talla del siglo XVIII de Nuestra Señora de la Soledad o del Retiro; y otros dos laterales más pequeños que contienen imágenes de San Juan bautista (a la izquierda) y de Santa Lucía (a la derecha).En la parte superior de este retablo existen tres pinturas, una, en el centro, que es copia del santísimo Cristo de la Laguna. Otra a la derecha, que representa a San José, y una tercera a la izquierda, que tiene como motivo las lágrimas de San Pedro. En el muro lateral destaca un cuadro de Ánimas del pintor tinerfeño del siglo XVIII , Rafael Enríquez.
El retablo del señor de Las Tribulaciones, antes de San Luis, Rey de Francia, tiene cinco nichos con otras tantas imágenes.En el nicho grande está colocada la imagen del Señor de las Tribulaciones. A su izquierda, Santo Domingo de la Calzada y a la derecho San Expedito. Rematando el retablo San Alfonso María Ligorio. En un pequeño nicho central, a nivel de altar, hay una talla antigua de un Niño Jesús en actitud de bendecir. En la parte superior del retablo existen dos pinturas al óleo, una de las cuales representa a una santa franciscana y la otra un motivo mariano.
Cubriendo la puerta que comunicaba la iglesia con el antiguo claustro hay un retablo neorrenacentista con el el Cristo de la Buena Muerte.
Anexa a la iglesia de San Francisco se encuentra la capilla de la Venerable Orden Tercera franciscana, bajo la advocación del Señor del Huerto. Fue realizada en el siglo XVIII.

CURIOSIDADES
Entre los datos curiosos que de este templo, el padre Barrios destaca el hecho de que la torre y el reloj de la iglesia pertenecen al Ayuntamiento, mientras que las campanas son de la parroquia. Hasta no hace muchos años, había que pedir permiso para subir a tocar las campanas. En la actualidad, éstas se manejan desde la sacristía, ya que el sistema se ha automatizado.
San Francisco está considerada como la iglesia del Puerto, por lo que el padre Barrios no descarta que una de las muchas personalidades que han pasado por allí a orar antes de embarcarse haya sido el santo Hermano Pedro. De los que si tiene la certeza este párroco es de que Los Reyes de España han estado en el templo. El sacerdote recuerda que la última vez que estuvieron en la Isla asistieron a la Santa Misa.

Disputas por la torre

La torre de la iglesia de San Francisco se construyó en el siglo XVIII y fue objeto de numerosas disputas con la de la Concepción, ya que ésta última era de menores dimensiones.
La Concepción no podía oponerse a que la torre del convento fuese más alta que la suya, y como los frailes colocaron cuatro campanas en lo alto del nuevo campanario, se acogieron a una bula de principios del siglo XV que prohibía a los conventos el uso de más de una. Los frailes se defendieron presentando otra bula de Inocencio XI, que derogaba la del siglo XV, si bien sólo a favor de la orden dominica. El obispo, a pesar de que era franciscano, mandó que se bajara por lo menos una campana. El convento luchó hasta llegar a Roma, donde consiguieron de Pío VI autorización para poner las campanas que quisieran.
La Concepción se vengó mandando fabricar una torre mayor para su iglesia, aunque nunca se terminó.
Los franciscanos colocaron hasta cinco campanas y decoraron la cúpula de la torre con unos azulejos muy vistosos, especialmente cuando se reflejaba en ellos el sol. Los azulejos fueron desmontados en 1892 y depositados en el Museo de Bellas Artes. En la actualidad la torre y el reloj es propiedad del Ayuntamiento y las campanas pertenecen a la parroquia.

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