16 de marzo de 2019
16.03.2019
análisis

El nacionalismo, una religión

16.03.2019 | 00:51
El nacionalismo, una religión

Considerando a la religión en un sentido amplio se admite que en general los humanos somos religiosos. No todas las religiones, incluidas las sobrenaturales, están unidas a un dios, algunas como el budismo o el jainismo no tienen dios y otras como el hinduismo tienen miles de dioses. Todas las religiones tienen un núcleo de creencias sobre agentes no físicos, es decir, sus creencias no tienen base real contrastada ni verificable científicamente. Las religiones tratan de hacer frente a la incertidumbre de la vida y se basan en la capacidad de pensar de las personas que hace que estas se planteen qué ocurrirá cuando mueran y si tiene sentido que todo acabe con la muerte.

Las creencias subconscientes de las personas religiosas de cualquier credo son muy parecidas. Se cree que las religiones han sido útiles en la evolución de la humanidad por sus efectos positivos sobre los grupos favoreciendo su evolución, pese a que normalmente se considera que la evolución es aplicable a los individuos y no a los grupos. La religiosidad también ha tenido efectos negativos. Bobb Willer, de la Universidad de Stranfor (EE UU), ha observado que las personas no creyentes están más motivadas por la compasión a la hora de ser generosas, lo que favorece la formación del grupo más que en las no religiosas. La religión ha azuzado la desconfianza entre personas de fuera del grupo para que se enfrenten unas con otras y se separen. Actualmente hay un porcentaje significativo de la población mundial, sobre todo en occidente, que se considera no religiosa. Las naciones son construcciones históricas basadas en sistemas de creencias y adhesiones emocionales que tienen efectos políticos. Las religiones igual que las naciones surgen alrededor de profetas iluminados y generosos, capaces de satisfacer necesidades de sus seguidores dignas de respeto (José Álvarez Junco, Dioses útiles, Galaxia Gutemberg, 2016).

Para los nacionalistas los intereses de la nación generalmente son anteriores y superiores a cualquier otro. El nacionalismo es un fenómeno social y político surgido a finales del siglo XIX de la mano del romanticismo el cual unificó las fronteras políticas con las unidades étnico-culturales. Anteriormente la inmensa mayoría de las personas vivían en diversas organizaciones políticas cuyas fronteras no coincidían con naciones tal como las consideramos ahora. Las identidades nacionales no son objetivas ni estables ni eternas. Se basan en ideales a los que se puede ser más o menos fiel, pero que siempre están ahí ofreciéndose como un campo de posibilidades. En todo el proceso de identidad nacional la conciencia religiosa suele desempeñar una función importante.

El nacionalismo es una exaltación exacerbada de nación hasta el punto de tender a considerar que nosotros somos los buenos y todo lo malo que nos pasa es por culpa de los de fuera. El nacionalismo alimenta percepciones placenteras en el cerebro tiñendo de positivo la realidad percibida en el momento, adormeciendo así las áreas cerebrales de crítica social. Parte de información que sesga el procesamiento cognitivo sin que el ciudadano pueda apenas evitarlo. Utiliza consignas y soflamas con gran poder de manipulación para lograr la adhesión al grupo. Después del libro clásico Nacionalismo: una religión del historiador Carlton Hayes, el nacionalismo es considerado por muchos una religión.

Considerar los nacionalismos, sobre todo si son extremos, como religiones tiene un gran fundamento lógico porque las ideas nacionalistas no están basadas en algo objetivo ni racional sino en emociones y beben de los fundamentos religiosos al basarse en creencias supremas no contrastadas ni contrastables al considerar la superioridad real de la nación a la que se pertenece sobre todas las demás y al creer que los valores, características e idiosincrasia de la propia nación la hacen diferente y superior a las de su entorno. La soberbia y el egoísmo son dos características típicas del nacionalismo.

Partiendo de todo esto se entiende que las ideologías nacionalistas cuando se radicalizan terminen siendo peligrosas y destructivas cayendo con facilidad en violencia, pudiendo llegar a ser terrorista o de estado, de las cuales hay múltiples ejemplos históricos. Los nacionalistas suelen hablar de la propia nación a partir de un pasado histórico común, lo cual es muy discutible y manipulable pues basta con cambiar el momento de inicio de ese pasado para que la supuesta nación sea una u otra. Según el historiador y politólogo Elie Kedourine, ningún factor objetivo es suficiente para fundamentar el hecho nacionalista, constatando de nuevo la falta de objetividad de sus principios de partida.

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