13 de marzo de 2019
13.03.2019
EL LÁPIZ DE LA LUNA

La (des)humanización

12.03.2019 | 23:59
La (des)humanización

Cuando lean esto ya habrán pasado algunas semanas de lo sucedido y, ojalá, ni siquiera se acuerden. Decidí tomarme un tiempo para reflexionar y evitar así el artículo escrito en caliente, que sabrán de sobra que es mi especialidad, aunque a veces meta la pata por mi temperamento. Pero esta vez quise masticar bien lo acontecido, escuchar varias versiones y ya luego, digerirlo, asimilarlo y superarlo a través de esto que leen. ¡Bendita medicina lo de escribir! Manny Manuel, con este nombre seguro que ponen los ojos en blanco. Manny Manuel, el hombre que estuvo en boca de todos durante, como mínimo, dos semanas. Manny Manuel, el borracho. Manny Manuel, el que acabó ingresado por una depresión después de su preocupante actuación en el carnaval de Las Palmas. Manny Manuel, el ser humano. Y recalco lo de ser humano porque parece que se les olvidó a todos aquellos que decidieron lincharlo por subir ebrio a cantar. Sí, lo sé, cantar es su trabajo y nadie va -o debe ir- con un cubatita de más al curro, ¿no? Pero resulta que somos humanos, no perfectos, y en algún momento de nuestra vida metemos la pata. ¡Y qué miedo da! Ya no solo por el bochorno que se pasa sino por todos esos jueces vestidos de paisano que van por la calle al acecho de que uno un día tome una decisión equivocada para criticarlo, juzgarlo y encargarse de que no haya espacio real ni virtual que no se haga eco de la noticia. ¡Cuánto resentido anda suelto! ¡Cuánta gente deseosa de verter su ira y su rabia sobre los demás! ¡Cuánta hipocresía! Mi abuela, buena lectora de la Biblia, siempre decía que quien estuviera libre de pecado tirara la primera piedra. Y debe ser que vivimos en una sociedad de píos y bondadosos, pues no hacemos más que lapidar a aquellos que nos suponen una afrenta. Netflix ha hecho mucho daño, tanto que nos creemos que la vida real es una serie donde solo hay buenos y malos. Porque así vamos etiquetándolo todo: Manny Manuel, borracho, igual, malo. Inmaculada Medina vence al malo, heroína, igual, buena. Y ya está. No damos para más. Deberíamos recordar que ni los buenos son tan buenos ni los malos tan malos. A ver, siendo prácticos, ¿me van a decir que la concejala no entró al backstage a saludar al artista antes de su actuación? Porque digo yo que si estaba allí, lo propio era hacerlo. De ser así tal vez le habría llamado la atención que el muchacho no supiese muy bien dónde estaba parado. Venga, excusemos a la concejala. ¿Me van a decir que, si no el representante, nadie de la banda se dio cuenta de que a Manny Manuel le cantaba el aliento? Digo yo, si ustedes ven que un compañero de trabajo está "contento" ¿no se lo dicen a él o a quien sea para evitar una tragedia? Sin embargo allí todo el mundo guardó silencio, permitiendo así que el hombre diera el espectáculo, nunca mejor dicho. Bueno, para no aburrirlos, al final no llegó la sangre al río, la concejala de cultura salió al escenario cual leona enfurecida a defender a su manada (los ciudadanos) del cantante borracho que se estaba riendo del dinero público. Porque ella sabía de lo que se estaba hablando, anda que no entienden los políticos de eso de reírse del dinero del pueblo. Y el capítulo mil quinientos noventa y tres de La des(humanización) concluyó así: el malo vencido por la buena. Pero no sufran, habrá más temporadas. Solo hay que esperar a que tú, yo o alguien a quien queramos se equivoque un día, que alguien lo vea y nos enteremos todos. ¡Líbrese quien pueda!

P.D. Al final, esta vez, también se me calentó la boca, lo siento.

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