12 de febrero de 2019
12.02.2019
La Ciprea

El relator

12.02.2019 | 01:02
El relator

Es la verdadera razón de que el domingo se manifestara una de las dos Españas que "ha de helarte el corazón" que no toda, como se esperaba. Es el término de moda usado en diferentes ámbitos de los diferentes partidos que en nuestra patria han sido. Ya nadie lo recuerda, pero así fue. Mientras unos se inventaban la figura de un tal "relator" para intervenir en unas extrañas conversaciones sobre el futuro de un país que no existe; otros se enfadaban y ponían el grito en el cielo porque, entre otras cosas, a ellos no se les había ocurrido semejante idea. La figura clave de esta historia de brujas y curanderos, llegaba como por arte de magia a nuestras tertulias y debates con la misma energía que irrumpía en Sálvame, el noticiero cumbre de nuestro mundo de charanga y pandereta, para mediar o contarnos lo que sucedió realmente entre Jesulín de Ubrique y Belén Esteban el día que ella le arrojó una plancha y él la echó o no la echó que fue ella la que se fue o dejó de irse de Ambiciones.

A estas alturas, yo me pregunto qué demonios pensarán algunos, bandera en ristre, sobre el término que ha iniciado tal tumulto y del que ya casi nadie habla. No lo sé. Lo que sí sé es que este icono políticamente imprescindible será negociable a partir de hoy y no habrá partido que se precie que no lo lleve en sus filas. Cualquier acto público o privado necesitará uno que llevarse a la boca y los estudiantes querrán emprender una carrera con semejante título. Cursillos, Masters, convalidaciones y diplomaturas para extranjeros afincados en Puerto Banús para llegar a ser la caricatura de lo que un día fue en Roma el reportero (relator, relatoris) de conflictos entre galos y bretones y que, según la Real Academia Española de la Lengua, es la "persona que en un congreso o asamblea hace relación de los asuntos tratados, así como de las deliberaciones y acuerdos correspondientes".

Leído a grosso modo, yo diría que es alguien que se sienta y escribe lo que pasa a su alrededor. Y no se entiende que los altos mandos de las altas esferas se estén lanzando a la calle para manifestar su repulsa ante la figura de tan pobre elemento que podría, incluso, ser sustituido por una grabadora lo que resultaría mucho más barato, más fácil de transportar y más discreto. Pero, ¿quién les quita esa ilusión? Ellos allí, unidos en la desgracia de querer gobernarnos utilizando términos tales como unidad y patria y cantando el Viva España como si la letra fuera un invento suyo, y nosotros aquí, aguardando el día que podamos ser los verdaderos relatores de tantas miserias.

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