12 de enero de 2019
12.01.2019
Cine 'Como la vida misma'

Historias sin conexión

12.01.2019 | 00:42
Historias sin conexión

El elenco de intérpretes de Como la vida misma ya es, de por sí, lo suficientemente llamativo como para atraer a los aficionados al Séptimo Arte. Abarca sin duda mucho talento acumulado y numerosos rostros populares. No obstante, sustentar un largometraje tan sólo sobre los hombros de sus actores y actrices puede resultar efectivo como anzuelo para los espectadores pero, si carece de una correcta dirección y un guion solvente, su resultado final siempre será decepcionante. Aunque aspire a ser una historia coral bien hilvanada y emotiva, lo cierto es que fallan las conexiones entre sus diferentes tramas, por lo que naufraga en cuanto al estilo narrativo -no terminan de encajar las piezas- y a una visión interesante de los personajes. Genera demasiadas expectativas que en gran medida quedan sin responder, limitándose a dejarse arrastrar por el efecto deslumbrante de su casting de lujo.

El desarrollo se muestra demasiado obvio. La filmación, muy convencional. El estilo, excesivamente simplista. En consecuencia, se apodera de la pantalla un aura de incredulidad. Se adentra en exceso donde no debiera a través de mensajes subliminales de presunta profundidad filosófica y, por el contrario, no se involucra en cuestiones artísticas ni cinematográficas. No basta, pues, con tener una buena idea. Cómo llevarla a cabo y cómo contarla en el fondo y en la forma resultan indispensables para que cobre cuerpo. Pero aquí, a buen seguro sin mala fe, se difunde un planteamiento próximo a la trascendencia que peca de falsas ínfulas y adolece de consistencia real.

Una pareja se conoce en el transcurso de una fiesta universitaria y termina enamorándose. Partiendo de dicho comienzo se van ramificando una serie de argumentos paralelos en el tiempo y el espacio. Varios continentes y diferentes épocas se entrecruzan, vinculando a las personas de forma sorprendente. Los diálogos desprenden artificialidad y las escenas, inconsistencia, de modo que prolongar este metraje durante casi dos horas termina por convertirse en una agonía innecesaria.

El director, guionista y principal responsable de Como la vida misma es Dan Fogelman, cuyo anterior trabajo detrás de la cámara ( Nunca es tarde, cinta protagonizada por Al Pacino, Annette Bening y Jennifer Garner) le concedía cierto crédito para proyectos futuros. Lamentablemente, ese crédito se le ha agotado de golpe. Algunos de sus anteriores guiones ( Un desmadre de viaje, Plan en Las Vegas) ya mostraban su notable incapacidad para armar relatos con enjundia y esta apuesta de los estudios Amazon tampoco le ha salido bien.

En todo caso, es justo reconocer que los intérpretes se salvan del desastre, eximidos del desaguisado a base de hacer lo que buenamente pueden. Oscar Isaac es uno de los actores más interesantes del panorama actual y sus actuaciones en El año más violento y A propósito de Llewyn Davis le sitúan a la altura de muy pocos profesionales de la interpretación. Por su parte, Olivia Wilde comienza a abrirse camino gracias a títulos como Her y El ladrón de palabras. Acompaña a ambos un ramillete de estrellas que incluye a Annette Bening (con cuatro nominaciones al Oscar y una envidiable filmografía donde destacan American Beauty, Los timadores, Los chicos están bien o Bugsy), Mandy Patinkin (mundialmente famoso por su papel en La princesa prometida y su intervención en la serie televisiva Homeland), Olivia Cooke ( Ouija, Ready Player One), Antonio Banderas (candidato al Globo de Oro en cuatro ocasiones) o Samuel L. Jackson, que hace de Samuel L. Jackson porque él lo vale. Podría mencionar a otros muchos, pero sólo dan cumplida cuenta de un exceso de talento desaprovechado.

www.cineenpantallagrande.blogspot.com

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