10 de enero de 2019
10.01.2019
desde garachico

Mi situación telefónica en La Laguna

09.01.2019 | 23:29
Mi situación telefónica en La Laguna

Mi afición a leer periódicos de otras etapas lejanas me trae, para regocijo o tristeza, según los casos, noticias de otras personas y anécdotas propias. La que hoy pretendo contarles tiene relación con mi etapa de estudiante en La Laguna, en la década de los cuarenta del pasado siglo, y la instalación de un nuevo servicio para la comunicación entre quienes vivíamos a cierta distancia de nuestros familiares o amigos más próximos. No recuerdo qué día de 1946 estaba yo en la calle de la Carrera cuando tuve necesidad de hablar por teléfono con mi familia, radicada, como ahora, en Garachico. Como no existía entonces el más que socorrido móvil, decidí entrar en un bar y pedí permiso para que me dejaran utilizar su teléfono, que tenían allí a disposición de los clientes. Me acerqué al aparato que había colgado en la pared y, antes de marcar el número que correspondía, me dirigí al señor del bar y le pregunté si debía darle a la manivela antes de colocar en la ranura la moneda correspondiente o había que hacer las cosas al revés.

El empleado del bar, con risa burlona, me preguntó si yo nunca había utilizado un teléfono en mi vida. Le dije que sí, que muchas, muchísimas veces, pero utilizando un teléfono automático.

Como la entonación de mi voz y mi modo de pronunciación eran, y son, totalmente canarios, me dijo: ¿Pero vive usted en la Península? Y mi respuesta fue la siguiente:

-No, señor; soy de Garachico.

-¿Y cómo me habla usted de teléfono automático?

-Porque tengo uno en casa desde que yo tenía pocos años de vida.

El hombre se quedó asombrado. Le parecía imposible que contara Garachico con tal adelanto mientras La Laguna y toda la zona capitalina carecían de él. En vista de lo cual decidí contarle al buen hombre algunas cosas que desconocía, aunque a mí me resultaran familiares.

El 19 de mayo de 1932, cuando yo tenía ya tres años de vida, a las 11 de la mañana, se habían reunido en la Villa y Puerto diversas autoridades insulares y técnicos de Telefónica para instalar en el lugar las máquinas necesarias para que, no solo Garachico, sino Icod y Los Silos, pudieran contar con el gran adelanto que supuso para todos la instalación del teléfono automático. (Si no he citado a Buenavista es porque en las notas que he venido leyendo en los viejos periódicos no se hace mención del pueblo más occidental del norte tinerfeño). Se instalaron las máquinas en Garachico, aunque las personas que requirieron el mayor número de conexiones con la red residían en Icod, donde se encuentra hoy la Central Telefónica, después de muchos años de su funcionamiento en la Villa del Roque. Recuerdo con sumo agrado la presencia de las telefonistas Carmela Arocha y Julieta García (esta última fue mi madrina de bautismo), quienes atendían con un estilo y un respeto enormes a quienes requerían sus servicios. Y recuerdo también a las últimas señoritas que nos atendían desde su cuadro: Ana Arocha de la Fe y Carmen Pont Risueño, también excelentes telefonistas y mejores personas. Hoy, con los móviles, todo o casi todo ha dado un enorme vuelco. Unos dicen que para bien. Otros opinan lo contrario. ¿Y ustedes?

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