10 de noviembre de 2018
10.11.2018
RETIRO LO ESCRITO

Diálogo, polarización y legitimidad democrática

10.11.2018 | 01:55
Diálogo, polarización y legitimidad democrática

Todos los discursos pronunciados en el homenaje a Juan Carlos Alemán en el Parlamento de Canarias insistían en una misma virtud del que fuera secretario general del PSC-PSOE: la capacidad de diálogo, la actitud negociadora, la búsqueda de consenso sobre asuntos estratégicos como valor positivo en una democracia deliberativa. Y en algún instante pareció que no solamente se trataba de la reverberación del recuerdo de un político honesto y responsable, sino de verdadera nostalgia. Algunos, por supuesto, podrían considerarlo un cinismo senil: los dirigentes de los partidos tradicionales añoran una época en el que la política era más descansada porque sus apaños se desarrollaban en la procelosa oscuridad entre pecaminosas cortesanías. No creo que sea eso. Ese desdén forma parte, más bien, del desprecio militante que se ha instalado hacia la democracia representativa y el orden constitucional y que es marca de fábrica de Podemos y sus aliados, ante el cual el socialismo sanchista afecta una indiferencia sorprendente.

No es que nadie se ponga de acuerdo en los datos de cualquier problema conflicto o propuesta. Es que el mismo concepto de dato lo discutido, y no precisamente por razones epistemológicas. Hace poco lo expresaba inmejorablemente el humorista Bill Maher: no es que ahora exista un meteorólogo de derechas y otro de izquierdas para pronosticar el tiempo que hará mañana. Es peor: no se ponen de acuerdo sobre si ayer llovió o no. Cualquier debate queda falsificado de inmediato y se asemeja más a una trifulca babeante en los pasillos de un manicomio. No, no es estrategia política del poder en cualquiera de sus diabólicas encarnaciones: el antipoder, cualquier antipoder, la comparte, la emula, la exalta. El diálogo, en estas condiciones, se convierte en una utopía inconquistable. Con más exactitud: en una reliquia política, en una antigualla que ya no tiene ni interés decorativo. Dialogar, ahora, se traduce como una expresión de debilidad. Especialmente cuando se quiere conservar o conquistar el poder. Lo cierto es que las reglas de relación entre las fuerzas políticas -dentro y fuera de las instituciones públicas- se parecen cada vez más a las reglas de las redes sociales: te atizo una hostia y cógeme o bloquéame si puedes. Los medios de comunicación no colaboran en corregir la situación, sino que a menudo la agravan. Desde luego la crisis económica y publicitaria los ha debilitado y han perdido independencia editorial. Con una advertencia: la agonía financiera te puede llevar a convertirte en la criada mayeútica del Gobierno, pero también en su enemigo feroz, incluso en un asesino (simbólico) a sueldo. Los medios han caído en la tentación de la polarización porque vende, aunque sea como vender tu propia mortaja. Desde los años noventa en España la prensa es un ejemplo bastante grimoso de polarización ideológica.

El Informe sobre la Democracia de la Fundación Alternativas de 2017 establece que el interés de los españoles por la política ha aumentado mientras la confianza en los medios de comunicación y los partidos políticos ha disminuido. Otro dato espeluznante: este es el segundo país, después de Brasil, que más utiliza las redes sociales para informarse. Otro más: en el ámbito europeo, solo en España y en el Reino Unido se sigue masivamente a los políticos en twitter. Twitter merece la respetabilidad intelectual y dialógica de una barra de bareto, pero es el medio de divulgación de sus chorradas preferidos por los políticos españoles menores de cuarenta años.

Estamos metidos en una mutación cultural que no estimula la crítica, sino la indignación, que no enriquece los argumentos, sino que multiplica y santifica las denuncias, que no respeta a la discrepancia razonada, sino que apela a las emociones. No eres de los nuestros por compartir un ideario, un análisis o unas propuestas -como lo entendía Juan Carlos Aleman y su generación en la praxis política- sino, sobre todo, porque detestas, odias y rechazas a los otros. No creo que salgamos ganando demasiado. Las referencias al debate y al consenso no son nostalgia, sino la convicción intuitiva que se están perdiendo aspiraciones, valores y retóricas con un daño evidente a la legitimidad del sistema democrático.

www.alfonsogonzalezjerez.com

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook