14 de octubre de 2018
14.10.2018
EDITORIAL

La carrera imparable del Instituto de Astrofísica de Canarias

13.10.2018 | 23:02

Una iniciativa científica de éxito pasa inexcusablemente por unas redes de colaboración supranacional, una renta de situación, una ficha financiera creíble, una estabilidad política, unos descubrimientos competitivos y un programa de divulgación que socialice la experimentación interna. No son las únicas condiciones, pero sí las suficientes para que el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) sea hoy un referente mundial en la investigación del Universo.

El ministro de Ciencia, Innovación y Universidades, Pedro Duque, rompía el pasado miércoles el ciclo de pesimismo que se adueñó de la ciencia española, sobre cuyos laboratorios se agolparon los recortes de la crisis económica. Sin que todavía se puedan echar las campanas al vuelo, la inauguración en el Roque de los Muchachos del telescopio LST-1, prototipo de los cuatro instrumentos de este tipo que formarán parte de la red Cherenkov, viene a ser un punto de inflexión tras años en los que la ciencia quedó desplazada por otras urgencias presupuestarias.

La moderna infraestructura, realizada en colaboración con la Universidad de Tokio, ofrece la oportunidad para alabar una iniciativa como la del IAC, nacida como Instituto en 1975, pero que tiene sus antecedentes más lejanos en la década de los 50 en torno a la altitud exclusiva del Teide. La evolución al alza de la iniciativa amparada por el Gobierno canario, el Consejo

Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y un conglomerado de 19 países desvela, como ninguna otra en las Islas, el aprovechamiento sostenible de la naturaleza.

El cielo transparente del Archipiélago ha sido el motor para estar en la vanguardia de la astrofísica, un posicionamiento que nos ha proveído de una Ley del Cielo que cumple 30 años de vida y que frena las intromisiones lumínicas que puedan afectar a la bóveda celeste de Tenerife y La Palma. Sin un activo tan preciado como el cielo difícilmente hubiese sido posible el Gran Telescopio de Canarias (GTC), la misma red Cherenkov o competir con Hawái como sede para el Telescopio de Treinta Metros (TMT), por señalar algunos hitos. A nadie se le esconde que alcanzar una meta en el ámbito astrofísico conlleva superar líneas milimétricas en las que se entremezclan los intereses políticos, la diplomacia de última hora, las repercusiones financieras o, como hemos subrayado, la naturaleza del lugar.

El IAC, sin ir más lejos, perdió la carrera por el Telescopio Europeo Extremadamente Grande (E-ELT) frente a la propuesta del desierto de Atacama (Chile), pero su satisfactoria experiencia tecnológica con el GTC -por ahora el telescopio más grande del mundo en funcionamiento- ha sido fundamental para exportar conocimientos para otras infraestructuras en construcción. El esfuerzo presupuestario realizado con el IAC -sólo el Gobierno canario aporta 4,5 millones de euros- repercute en la sociedad canaria. La astrofísica no es equiparable al sector turístico, donde los resultados son inmediatos, ni tampoco se le pueden exigir beneficios similares a un segmento industrial convencional. Otra cuestión es provocar sinergias sin que perturben el prestigioso liderazgo adquirido.

Es necesario fomentar la interrelación con las universidades canarias; mantener en el tiempo la capacidad tecnológica adquirida; procurar una mayor conexión con la FP para el aprendizaje de los trabajos técnicos vinculados con la astrofísica, y establecer la mejor estrategia de divulgación educativa de los descubrimientos.

El IAC es la prueba fehaciente de que el Archipiélago puede ir más allá de su dependencia del sector turístico, con lo que ello supone de cara a la sostenibilidad de su frágil territorio. La astrofísica ha sido una apuesta pionera y arriesgada que empieza a dar sus frutos, de una envergadura que nunca imaginó su fundador, el catedrático Francisco Sánchez. Canarias "descubrirá cosas que aún ni imaginamos", afirmó el pasado miércoles el astronauta y ministro Duque en la inauguración del prototipo Cherenkov.

El IAC sitúa a los canarios en una posición privilegiada, puesto que disponemos de los instrumentos más eficaces para conocer qué Universo está por venir, qué hemos dañado bajo el eco del imparable progreso y cuáles son las consecuencias que nos esperan.

Pero nada de ello es comparable con el conocimiento del principio de la vida, o

con la ilusión de que algún día podamos viajar en una nave hacia otros planetas. ¿Cómo va a ser el siglo XXII? Muchas respuestas están en la observación de cielo de las Islas.

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