13 de octubre de 2018
13.10.2018
Cine 'First Man (El primer hombre)'

El espacio intimista

12.10.2018 | 22:50
tres momentos de la película.

Hace cuatro años, el director Damien Chazelle nos sorprendió a todos con la sobresaliente Whiplash, una obra de minúsculo presupuesto (apenas tres millones de dólares) para lo que es habitual en la todopoderosa industria norteamericana. La cinta comenzó a pasearse por diversos festivales arrancando aplausos, hasta recalar en la mismísima ceremonia de los Oscar como candidata a la Mejor película del año para, finalmente, lograr tres estatuillas. Sin embargo, la realización plena del sueño americano, como si de un cuento de hadas se tratara, se produjo dos años después gracias a La, La, Land, maravillosa obra de arte que arrasó en 2016 con seis premios de la Academia de Hollywood, siete Globos de Oro, cuatro Bafta y un sinfín de reconocimientos. Pocas veces un número musical me ha emocionado tanto como esa pieza denominada Epilogue que cierra la película. Por lo tanto, el listón se situaba a una altura muy elevada, de tal manera que cualquier proyecto posterior de Chazelle sería inevitablemente comparado con sus espectaculares inicios. Tarea muy complicada, pues, la de mantener el mismo nivel de emoción, originalidad, magia e interpretación.

First Man ( El primer hombre) no alcanza, ni de lejos, la categoría de los anteriores trabajos del joven realizador, aunque ello no la convierta en una mala película. A mi juicio, muchas de sus críticas negativas la tratan injustamente, ya que contiene notables aciertos y ofrece algunas secuencias meritorias. Me temo que la explicación a estas opiniones adversas se halla más en esa desilusión por el descenso de pasión, intensidad y fuerza con respecto a Whiplash o La, La, Land que en un análisis objetivo y justo de la cinta.

En este caso, la variación resulta muy significativa, tanto en el tono como en el estilo narrativo. La alegría desenfadada del musical, la explosión emocional y la contundencia de las interpretaciones viscerales de antaño dan paso ahora a un título de planos más sobrios, estética más anodina y ritmo más pausado. En ese sentido, el cambio es brutal y puede coger al espectador en fuera de juego. El toque documental de determinadas partes del metraje, la actuación contenida y el enfoque intimista terminan por provocar cierta sensación de tedio. Sin embargo, presenta una interesante reflexión sobre la heroicidad y, a su modo, traslada un tipo de emociones muy reconocibles.

Cuenta la vida del astronauta Neil Armstrong y aquel legendario viaje que le convirtió en el primer hombre que pisó la Luna. Se centra en el programa espacial que llevó a cabo la NASA entre los años 1961 y 1969, desde las primeras investigaciones hasta el momento en el que el protagonista finalmente viaja al espacio y aterriza en el satélite lunar con la nave Apolo 11, en una de las misiones espaciales más peligrosas jamás realizadas.

Rodar esta película también ha supuesto para Chazelle una compleja travesía para la que ha escogido un camino poco convencional y eso me gusta. No transita por las cómodas autopistas de la acción ni por el patriotismo más exacerbado, sino que opta por la senda personal y arriesgada de la introspección y la contemplación. Es verdad que la proyección no funciona en todos los momentos, pero se constata que el cineasta continúa creciendo profesionalmente, si quiera porque demuestra que no se encasilla y que crea de forma libre sus pensamientos e ideas.

El actor Ryan Gosling lleva a cabo una actuación correcta, más cercana a la de Drive que a otras interpretaciones menos sombrías, y su sobresaliente currículum le garantiza un excelente futuro artístico. Tras su éxito en la serie televisiva The Crown, su compañera de reparto Claire Foy también brilla. Les acompaña un efectivo Jason Clarke. Pese a su contención, todos ellos destacan.

www.cineenpantallagrande.blogspot.com.

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